sábado, 16 de agosto de 2008

Asociación de Burgueses Suficientemente 'Epatados'





Nunca había visto a la Fura del Bauls, recuerdo cómo los definía Umbral -de las pocas cosas que me han hecho gracia de un autor tan sobrevalorado-: "unos brutos sin mensaje, y además, si te descuidas, te cae una hostia', así que tenía curiosidad por comprobar hasta qué punto resultaban interesantes como propuesta artística. Dejando de lado los tópicos sobre la mayor o menor interacción con el público y el carácter experimental y vanguardista de sus montajes -etiquetas, a fin de cuentas-, asistí a su obra Boris Godunov con una expectación que no se brinda a otros artistas más previsibles. Lo cierto es que me he llevado una sorpresa desagradable precisamente por lo simples y conservadores que son o han acabado siendo. Tal vez no era el montaje más adecuado para introducirse en su mundo, y por eso no me atrevo a enjuiciarlos totalmente, sino tan sólo por lo que he visto: La historia, partiendo de una oscura obra de Pushkin sobre los mecanismos de ascenso y permanencia en el poder, se interrumpe con la entrada en el teatro de unos terroristas que, tal como ocurrió en Moscú con el asalto al Dubrovka, amenazan con matar a todos los presentes si las fuerzas militares no se retiran de su país. El arranque es prometedor, el espectador se convierte de repente en rehén y los secuestradores se despliegan por el patio de butacas urdiendo cables de explosivos y procurando cubrir todas las entradas del edificio. Al tiempo, gracias a unas pantallas de vídeo, vemos cómo la policía o el ejército se acerca apresuradamente al teatro. Planteada así la situación podría crear un efecto inquietante en el público, que no obstante, libre de cualquier peligro físico, se vería incitado a reflexionar sobre lo que ocurre. Si embargo, al poco tiempo, todo se viene abajo por culpa del texto. Los terroristas responden a una serie de estereotipos dibujados con brocha gorda -el líder ilustrado, posibilista y no del todo mal tipo, una especie de Che de nuestro tiempo; el mero psicópata del que no puede salir nada bueno, ni hacia los rehenes ni hacia sus propios compañeros; la joven desorientada ideológicamente que se ha enrolado en el grupo por una suerte de altruismo mal entendido; la agraviada a la que sólo el rencor proporciona consuelo-, esto, que ha sido alabado por algunos medios, resulta torpemente ejecutado por un texto cargado de tópicos y sentimentalismos de película de sobremesa. Me atrevo a decir incluso que el libreto asfixia a los actores y los encierra en el callejón sin salida de una interpretaciones histriónicas, que queriendo ser realistas parecen del todo inverosímiles: esas miradas sostenidas y 'profundas', esos silencios y de repente esas salidas de tono vociferantes que buscan expresar una desesperación con resultado fatalmente teatral... El espectador adopta una distancia excesiva con respecto a la obra, en mi caso tuve la sensación de estar presenciando el típico teatro comercial repleto de parlamentos efectistas. Y es una lástima, porque en el aspecto escenográfico y visual tienen sobradas fuerzas, pero me temo que les ocurre lo que a buena parte del cine contemporáneo: directores que carecen de la suficiente experiencia lectora que les permita encarar un texto con una mínima pericia narrativa, y que en vez de echar mano de colaboradores se empeñan es escribir sus guiones -ay nuestro Pedro!!!-, cuando los resultados serían mucho mejores si se limitasen a dirigir, que es lo suyo. Esto se aprecia muy bien en el doble rasero con que juzgan a los clásicos: los del cine pertenecen sin duda al canon socialmente admitido, pero cuando hablan de referencias literarias se permiten incluir productos de moda sin ningún interés.


En definitiva, Boris Godunov se queda en una más de las obras facilonas destinadas a aquello que se llamaba 'epatar al burgués'. Pero dado que el intento se lleva repitiendo durante decenios, animo a la Asociación Mundial de Burgueses Suficientemente Epatados para que emita un comunicado en el que pida que cesen los hostigamientos a su conciencia: ya la tienen suficientemente inquieta, y prometen seguir acudiendo a este tipo de obras, o a películas similares, o leer libros de ese calibre, y exclamar al final: "qué dura, eh, decía verdades como puños, esto nos ha de llevar a reflexionar sobre qué mundo estamos construyendo...".

1 comentario:

  1. Yo también he visto el espectáculo de la Fura y me ha decepcionado terriblemente, estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices y únicamente añadiría que el montaje escénico del simulacro del secuestro pierde su gracia porque los espectadores no nos sentimos partícipes en ningún momento así que el planteamiento me parece desafortunado. Me aburrí como una ostra, tal vez si hubiera habido alguna ostia...

    ResponderEliminar