viernes, 15 de agosto de 2008

Ivy Comptom-Burnett

El segundo descubrimiento del año. 'Una herencia y su historia' (Lumen) es uno de esos libros que te descolocan por completo, y ante los que tienes la sensación de vivir una experiencia inédita. Hace años había empezado a leer una novela suya que había publicado Anagrama, y ya había apreciado sus mejores virtudes: la tensión casi insoportable de su escritura dialogística, llena de sugerencias y oscuros trasfondos, el uso de la elipsis, que provoca que la historia vaya avanzado en capítulos adustos que carecen de otras referencias que las esparcidas en el discurrir de las conversaciones, y que van marcando la historia como hachazos... Hay tanta violencia y sordidez enterradas en esas charlas de salón de té que uno a veces llega a dudar de que esté pasando lo que cree que está pasando. Así ocurre en el final, que -de nuevo una autora de segundas lecturas obligatorias- te obliga a retroceder y verificar que estás en lo cierto. Resulta fascinante cómo una arquetípica señora inglesa, según dicen sus biógrafos, a la que uno imagina escribiendo envuelta en un chal junto a su taza de té y sus scones, con gesto seco que de inmediato se tornará en la predisposición socialmente exigible -maravilloso, por cierto, el prólogo de Natalia Ginzburg que la retrata con la misma curiosidad y el mismo afecto que a mí me ha suscitado- pueda tener semejante visión despiadada de la condición humana. Pero además de ello es una escritora extraordinariamente dotada desde el punto de vista técnico, y un verdadero regalo para cualquiera que pretenda aprender este arte.

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