domingo, 31 de agosto de 2008

"Una lectora nada común", de Alan Bennet.

Una lectora nada común” (Anagrama), nouvelle que introduce con éxito al autor en nuestro idioma, nos habla, frente a lo que pudiera deducirse de la literalidad del título, de lo poco comunes que son todos los buenos lectores. El personaje escogido para su relato es lo de menos, aunque resulta eficaz como palpitante ejemplo de ser humano encorsetado por las convenciones. La lectura, precisamente, lo lleva a adquirir una visión propia, y la reacción hostil de su entorno resulta fácilmente reconocible. El hecho de que la Reina de Inglaterra comience a interesarse por los clásicos genera una alarma irracional en su entorno, y esa reacción de temor o desconfianza se manifiesta primeramente en el intento de acotar tan irreverente actividad en los márgenes de una ‘afición’ instructiva o ejemplarizante para la juventud. El nerviosismo de políticos y consejeros ante el desarrollo intelectual de la Reina, la modificación de sus bien atemperadas costumbres o la adopción de decisiones ‘propias’ resulta una opción narrativa inteligente para hablarnos sobre el poder transformador del arte. Es una novela que, por demás, se lee muy bien, a causa de su estilo ágil y la ironía con que retrata a los personajes y a los propios textos a los que la protagonista se enfrenta (por contraste, en ocasiones, con el recuerdo personal que tiene de sus autores en esas recepciones que con anterioridad poco significaban para ella).

1 comentario:

  1. Me encantó "Una lectora nada común". Me parece una gamberrada muy refrescante y me gustó la reflexión sobre por qué leemos, sobre esa cosa extraña (¿extraña?) que es la afición a leer, con sus manías, sus juicios categóricos, su magia...
    Saludos.
    JLP

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