viernes, 19 de septiembre de 2008

Glorias de España (6): el mozo.



Ustedes conocerán a alguno. Tal vez una mañana, cuando se despertaron tras un sueño turbio, encontraron la ciudad convertida en una espantosa fiesta. Las calles por las que transitaban apenas unas horas antes estaban cortadas, y habían sido ocupadas por casetas, mesas y sillas, tendidos de papel de colores y bombillas. Estupefactos, se han acercado a ver qué era lo que pasaba, sorteando los muchos coches que ya se agrupaban en atascos tan perfectos e irresolubles que tenían algo de performance artística, y han visto un cartelito en el que se anunciaba lo siguiente:

Fiestas del Santo Patrono 2.008.
Programa


10.00 horas: Salida de los mozos a la calle para tirar petardos. Ingesta de cerveza.
11.00 horas: Salida del Santo Patrono desde la Sagrada Ermita del Pagano. Almuerzo popular. Ingesta de cerveza.
12.00 horas: Fiesta del choto viejo: emasculación del choto, evisceración del choto. Juegos de ultraviolencia popular. Ingesta de cerveza.
13.00 horas: Llegada del Santo Patrono. Banda municipal. Fin de la tortura popular del choto. Ingesta de cerveza.
14.00 horas: Comida popular e ingesta de cerveza.
17.00 horas: Concurso de exabruptos y defecaciones populares. Ingesta de cerveza.
18.00 horas: Apalizamiento colectivo del discrepante. Ingesta de cerveza
19.00 horas: Actuación de la orquesta “Paradiso”. Ingesta de Cerveza.
22.00 horas: Actuación de la orquesta “Nuevo Paradiso”. Ingesta de cerveza.
00.00 horas: Recepción de los equipos de reanimación del Servicio de Emergencias (se ruega presencia de familiares de mozos en coma etílico). Ingesta de cerveza.


Perturbados ante la imposibilidad de acceder con normalidad a su trabajo, han solicitado ustedes alguna explicación adicional de un señor que parecía estar organizándolo todo. Llevaba una camiseta blanca con un dibujo de un toro embravecido y la inscripción: “Peña Los Putos Amos”, y les responde con suma campechanía: “hombre, esto va a durar todo el día, o qué se creen... Pero primero aclaremos una cosa: ¿no serán ustedes discrepantes, por casualidad? Es que nosotros ya tenemos el nuestro, pero hay otras peñas que no, fíjese, a estas horas, con la fiesta a punto de comenzar. El apalizamiento colectivo del discrepante fue una innovación que se introdujo hace cinco años, y actualmente estamos tramitando su declaración de Interés Cultural. Consiste en que los mozos agarran a uno de esos que protesta contra las fiestas patronales y presenta escritos ante el Ayuntamiento o en la prensa y lo pasean por todo el pueblo para darle una somanta de hostias. Los primeros años la gente se ensañaba un poco, pero el Alcalde nos dijo que hay que humanizar la cosa, así que ahora está prohibido golpear con objetos o con el puño y nos limitamos a la mano vuelta autóctona.... Ah bueno, si no son discrepantes, entonces espero que disfruten de la jornada... ¿Saben en qué consiste la fiesta del choto? Esa sí que tiene ya la declaración de Interés Cultural y Raigambre Tradicional Acompasada. Se coge a media ocena de chotos viejos y se les reparte entre las peñas. Los atamos a una mesa y comienza la emasculación, que consiste en arrancarle los huevos con los dientes. Luego se escupen, y el mozo que llegue más lejos, gana el medio jamón y la litrona de cerveza de la abadía. Después se abre al choto en canal con las navajas populares y los vecinos les extraen las entrañas mientras cantan ‘Santo Patrono/sazóname lo que como’. La peña que lo hace antes tiene derecho a ingerir gratis doscientos cincuenta y dos litros de cerveza, y la que queda segunda, doscientos cincuenta y uno. Además, ahora, con estas cosas modernas de los móviles, lo grabamos todo y luego nos meamos de la risa.”

Entretanto, han aparecido decenas de mozos con la misma camiseta y han comenzado lanzar pequeños explosivos contra el suelo, lo que les causa, al parecer, infinitas carcajadas y una euforia intensa que tratan de compensar abriendo la boca bajo el grifo de un barril de cerveza. Aterrados, le han preguntado ustedes al organizador si de todos modos pueden pasar con el coche, puesto que necesitan acceder al trabajo.

“Vaya, vaya”, les contesta frunciendo el ceño, “parece que no están ustedes muy por la labor de respetar las tradiciones, no les interesa a ustedes la cultura de su ciudad, verdad, son los típicos desapegados a los que les da igual ocho que ochenta... Pues sepan que estas tradiciones son milenarias, tan milenarias que ni siquiera se sabe de dónde vienen, y deberían estar agradecidos de que este puñado de ciudadanos se esfuerce en conservarlas y mantenernos a todos unidos, porque ustedes no congenian, no congenian...”.

A su alrededor comienzan a agruparse los mozos, y se percatan de un fenómeno sumamente extraño: y es que, pese a hablar todos el mismo idioma, no pueden entenderlos. El tono es mucho más alto, casi desesperado, y vocales y consonantes han perdido su identidad para confundirse en una especie de grito cavernoso: “ehhhh o lu vando uelo vará la sevesa”, o, “oaaaá traí la cusca la barrila lo valotó, oé”.

Entonces aceptan que no habrá otro remedio que ponerse en caravana y esperar. A medida que pasan las horas, no cesan los gritos y los petardos, y el hedor a cerveza y orina se vuelve insoportable. Quizá hayan salido del coche, y por curiosidad, se hayan puesto a calcular cuánta gente intenta seguir su vida normal. El método es muy simple: basta con contar cuántos asisten a la fiesta y restarlos de los que no lo hacen. Entretenidos con esas operaciones, finaliza la jornada sin que hayan podido acceder al trabajo, aunque regresan a casa con los números hechos: once mil trescientas doce personas participan en las fiestas. Cuatrocientas noventa y siete mil seiscientas treinta y dos no lo hacen.

Justo al irse, un coche frena apresuradamente junto a uno de los recintos de la Peña “Los putos amos”. “¡¡¡¡Déjenme pasar, por favor, tengo que ir al hospital, llevo a mi hijo enfermo!!!!”. Una ocena de mozos le contestan “¡e onono cohone la busha hora la sevesa oé!”.


Meses después recordarán lo sucedido al leer en la prensa: “Condenado el injuriador de las Fiestas. El ciudadano que denunció a los peñistas y al Ayuntamiento por interrumpir el tráfico y dificultar su acceso al hospital por una urgencia (lo que habría causado, según su torticera versión, el fallecimiento de su hijo), no sólo ha visto fracasado su propósito, sino que ha resultado condenado el juicio posterior por injurias al pago de trescientos mil euros a las Peñas”.


Entonces se darán cuenta de que, lo más importante, pase lo que pase, es no discrepar.

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