sábado, 27 de septiembre de 2008

Woody Allen pone el piloto automático. Hal Hartley y el misterio de la creación.

Uno tiende a ser comprensivo y amable con quien tantos buenos ratos le ha proporcionado. Así que la próxima vez que vea la estatua de Woody Allen en Oviedo le daré un codazo, le guiñaré el ojo y le diré "qué bien te lo has pasado en Barcelona, puñetero...". Porque si uno se pone serio con su última película, es para hacer astillas. La única crítica realmente honesta que he leído es la de Cahiers Du Cinema, que pone el acento en algo que como un aromilla pestilente no deja de incomodarnos a lo largo de toda la proyección: "Con motivo del rodaje de Mogambo, John ford reconoció que había aceptado el encargo para poder pasar un tranquilo mes de vacaciones en Africa. Woody Allen podría suscribir la proclama fordiana y convertir Vicky Cristina Barcelona en su Mogambo particular". Seguramente este título será uno de los que peor acomodo tengan en la filmografía del cineasta. Normalmente incluso sus películas más flojas te daban algo, aunque fuese un chispazo de ironía por la consciencia de estar navengando entre tópicos, o una muestra de artesanía ejemplar cuando se acercaba a un género muy concreto ('El sueño de Cassandra', la encantadora 'Todos dicen I love you'...). Lo más bondadoso que podemos decir de su peripecia española es que se ha quitado de encima la tarea. Y que de momento seguiremos esperando su próximo proyecto.
Para compensar, vemos 'Henry Fool', quizá el canto de cisne de Hal Hartley, uno de esos autores que parecen eternizarse en su condición de promesas. En esta película divertida y, como todas las suyas, incoherente y extraña, trata el asunto de la creación literaria, fácilmente extrapolable a cualquier otra rama del arte. Tiene una de las escenas con las que mas me reído en un cine, cuando Henry recibe una carta de respuesta de una editorial en los siguientes términos más o menos (recuerdo de memoria): 'Sr. Fool, esta respuesta es violenta porque violenta ha sido nuestra reacción al leer su poemario. Muérase, o deje de escribir". A pesar del tono de comedia -comedia indie, eso sí-, la película se acerca a cuanto de incomprensible tiene la creación artística, con su a menudo sorprendente y tal vez injusta distribución del talento. Presenta asimismo a dos arquetipos bastante próximos a la realidad: el supuesto escritor charlatán que parece muy leído y que conoce todas las claves del arte, y el callado y en apariencia medio idiota que resulta ser un creador brillante. Todos hemos tenido que soportar alguna vez a uno de los primeros, y todos soñamos quizá con ser uno de los segundos. Por lo demás, Parkey Posey está divertidísima, haciendo de hermana vulgar y desquiciada del protagonista -es fascinante, por cierto, la capacidad de esta actriz para enrolarse en los proyectos más extravagantes, recuerdo ahora 'The misadventures of Margaret', donde hacía de escritora neoyorquina neurótica, un clásico, y cuya banda sonora es un maravilloso disco de culto de mis adorados Saint Etienne-. La película, en fin, también deja irresuelto el misterio del propio director, de su carrera siempre irregular, a salvo precisamente de este título, su obra más acabada. Aún no he visto esa especie de secuela, 'Fay Grim', estrenada hace un año más o menos, pero me parece una idea estupenda el hecho de que parta del famoso manuscrito de Henry Fool, en el que debía contenerse toda la sabiduría del ser humano, y un cofre del tesoro para su director.

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