sábado, 18 de octubre de 2008

Bacon en la Tate (algo más que desasosiego) y algunos otros.

La otra gran exposición de la temporada en Londres es sin duda la dedicada a Francis Bacon en la Tate, de mayor calado que la de Rothko, y que nos permitió profundizar en un artista que va más allá de su habitual presentación como un eficaz estudioso de la angustia contemporánea. Lo cierto es que la contemplación de una parte extensa de su obra nos muestra a un pintor de variados registros, siempre riguroso en la técnica e incansablemente experimental. Y uno de esos artistas que, por encima de las virtudes de su medio de expresión, nos ofrece una visión personal, conmovedora y demasiado verosímil de nuestro mundo. Valga como ejemplo este de la izquierda, Head VI, que bien podría haberse titulado "Conferencia Episcopal Española". Impresionantes resultaron sus trípticos dedicados a George Dyer, y de especial interés algunos cuadros con los que intentaba explorar nuevos territorios, alejándose de las figuras humanas de personalidad torturada, para profundizar en el uso del color y en el acercamiento a la naturaleza.



Por cierto, en una sala de la Tate Modern dedicada a adquisiciones más recientes encontramos algunos cuadros que por una u otra razón nos causaron bastante impacto, éste, de Chris Ofili, No woman no cry, ganador en su día del Turner y relacionado con un crimen racial -en cada una de las lágrimas aparece la imagen de la víctima-, este otro, de Ellen Gallagher, o Overnight, de Michael Raedecker, inquietante en su aparente sencillez. Y a mí particularmente me impresionaron los retratos de Meredith Framptom, una especie de Sargent contemporánea en lo que al manejo de la sugerencia se refiere.


Pero, ya que he mencionado el Turner, también visitamos la exposición de los aspirantes de este año, y la que escogeríamos sin duda es una instalación visual de Runa Islam deliciosamente subversiva, en la que una mujer va contemplando con detenimiento pero sin mostrar emoción alguna las piezas de la típica vajilla de boda y una a una las va dejando caer al suelo con movimientos que en ocasiones te ponen al límite de la tensión mientras esperas el definitivo que provoque el crash.


Y ahora -redoble de tambores-, la última de Martin Creed. Cuando entramos en el museo nos llamó la atención el hecho de que se cruzase con nosotros una chica en ropa de deporte, con una de ellas mallas tobilleras Nike, top aerodinámico y zapatillas galácticas. Hombre, no es que hoy en día haya que acudir a los museos en corbata ni mucho menos, pero aquello parecía excesivo, máxime cuando estaba tomando resuello y bebiendo una botella de agua. Lo que ocurría es que no era una visitante, sino una obra de arte. Martin Creed ha puesto a correr a una serie de personas a paso de follao cada treinta segundos en una de las galerías más imponentes del museo, de forma que es fácil e incluso peligroso tropezarte con ellas y provocan en el espectador estupefacción y un sano cachondeo, que es de lo que se trata. No voy a entrar en la vieja discusión sobre lo que es y no es arte, en modo alguno considero que deban acotarse las formas de expresión -si se trata de eso-, lo que sí necesito que me suscite la obra artística es una impresión estética o emocional diferente a la de los objetos cotidianos que a menudo son su fundamento. Me temo que del sempiterno error a que conduce plantear ese debate se nutren ejemplares humanos como el tal Creed, así que mejor evitarlo. Quizá baste con distinguir entre arte y especulación monetaria, entre artistas e instrumentos de aquélla. El estímulo intelectual del que nació esta Work nº 850 fue, según las propias manifestaciones de su creador, una ocasión en que, acompañado por unos amigos, tuvo que salir pitando de un museo que estaba a punto de cerrar. Y remata: "creo que es buena idea contemplar los museos muy deprisa, eso me deja tiempo para otras cosas". Así que uno no ha perdido la esperanza de que el señor Creed aproveche ese tiempo libre para pensar. Aquí dejo una imagen de esta obra llamada a abrir nuevos caminos en el mundo del arte, el deporte y la economía.





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