domingo, 5 de octubre de 2008

Damien Hirst, eficaz pieza del engranaje y luchador de la causa.

Nuria me habla sobre un excelente artículo de Vargas Llosa (por cierto, no estaría de más que se pronunciase ahora sobre el alcance del libre mercado, con la que está cayendo) en el PAÍS acerca del asunto de las subastas en Sotheby's de las obras de Damien Hirst (la caradura de platino, creo que era una de ellas) , el chico de moda de los Young British Artists. Coincidimos en que poco tiene que ver esto con el arte, ciertamente, pero presenta al menos el valor de ser un ejemplo depurado de capitalismo especulativo: se encumbra un objeto, se comercia con él en ese punto, a varios pies del suelo, caen beneficios por aquí y por allá para compradores e intermediarios, y a otra cosa. Da igual que se trate de una supuesta obra de arte (en este caso, más supuesta que nunca), del petróleo, de los bonos de deuda o de los limones. El negocio consiste en generar beneficios mediante la inflación, el control de las opiniones y la creación de mitologías. En realidad esta noticia debería formar parte de la sección de economía. O de la de sucesos.

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