viernes, 31 de octubre de 2008

Los desastres de la guerra de Nancy Spero

Una de las mejores exposiciones que he visto en mucho tiempo. Cómo es que no conocíamos a esta artista, comentábamos (Nuri y yo). La verdad es que si me paro a pensar en mis lagunas y mi ignorancia sobre ciertos temas, seguramente iniciaría una vida de depravación: me haría peñista de algún equipo de fútbol, participaría en la organización de las fiestas patronales y me dedicaría a echar barriga, tomar carajillos y hacer quinielas (bueno, a lo de echar barriga ya me estoy dedicando, la verdad).

Está en el Reina Sofía, y aconsejo a todo el mundo acercarse a verla. De acuerdo con esa curiosa afición de la prensa cultural por la entomología, estaríamos ante una creadora feminista. La etiqueta, tan molesta como ésas de los libros que tanto cuesta quitar y que dejan un rastro gomoso en la contraportada, carece de sentido; salvo que se quiera entender como feminista cualquier expresión intelectual que deje constancia de que la violencia, desde el inicio de los tiempos, ha sido principalmente cosa de hombres, y que en cuanto se desata, escoge a las mujeres como primeras y a menudo principales víctimas. Quizá resulta incómodo que nos recuerden que el cuerpo femenino ha sido y sigue siendo objeto de expolio. Para reflexionar sobre todo ello la artista recurre a pinceladas simples y bruscas como una agresión, torbellinos de sangre en los que puede entreverse un vehículo de guerra o un cañón-falo y numerosas cabezas agonizantes —las ‘víctimas’ siempre aterradoras e indistinguibles— que salen disparadas por una explosión o una riada, o que simplemente se exponen a modo de trofeos de los vencedores.

Algunas salas estaban dedicadas a collages elaborados con noticias sobre las torturas de diversos regímenes dictatoriales —parece que en otros países sí que existe memoria histórica, en el nuestro todos hemos sido más o menos malos y es mejor olvidar—, entre los que resultaba impactante la serie realizada sobre una fotografía del asesinato de una mujer judía encontrada a un miembro de la Gestapo. Todo ello, sin embargo, es compatible con una técnica en la que también están presentes la armonía y la belleza –sobre todo en las obras realizadas mediante impresión en la pared-, lo que ayuda a la efectividad del efecto sobrecogedor de su contemplación. Algo con lo que me identifico de cara a un proyecto narrativo que tengo pensado para dentro de unos años (habrá otras cosas antes), gracias a ese margen de libertad y fantasía que te concede el anonimato y el cruel rechazo del mundo (oh!).

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