jueves, 30 de octubre de 2008

Meetings with Morrissey, de Len Brown (Omnibus Press)

Nada nuevo ofrece este libro de encuentros y desencuentros con Moz a lo largo de la carrera periodística del autor. Tampoco es un mal trabajo, pues lejos de tratarse del típico rastreo vital de sensacionalismos se centra en la evolución de Morrissey desde los Smiths, a través de esas entrevistas o pequeños diálogos que pudo mantener con él, y del análisis de sus discos y las noticias que iban apareciendo entretanto. Len Brown trabajó durante unos cuantos años en el NME, persistente antagonista del entrevistado, lo que complicó su relación en bastantes ocasiones –aunque el periodista no es demasiado explícito en este punto, imagino que por no arrojar piedras contra la mano que le dio de comer-, pero la imagen del artista que nos presenta parece bastante ecuánime y verosímil. Uno de los capítulos más interesantes del libro es aquel en el que se dedica a analizar la influencia de Wilde en Morrissey, especialmente en su etapa en solitario, la que, quizá por pereza, solemos considerar menos abundante en referencias literarias. A través de este pequeño ensayo vemos que no es así, y que ese mundo iconográfico de variados orígenes que tanta fascinación producía en los ochenta continúa presente. También llega a comparar, aunque con cierto pudor, el ‘exilio‘ americano de Moz –y posteriormente italiano... y ahora no se sabe- con la reclusión en Reading de Wilde, lo que sólo puede admitirse a efectos metafóricos, claro, pero no deja de ser brillante.

También incide en algo que todos los que lo seguimos podemos imaginarnos bastante bien: el trauma que le supuso el juicio contra Joyce y Rourke, baterista y bajista respectivamente de The Smiths, lo que el autor hace coincidir con un declive artístico que no todos los mozmaníacos reconocemos. Hace poco vi un documental no autorizado en el que varios periodistas y músicos que habían tenido contacto con él analizaban su carrera, y me llamó la atención el hecho de que uno de ellos afirmase que “Southpaw Grammar” –tradicionalmente su peor álbum- iba a ser comprendido quince años después. Pues bien, tan sólo han sido necesarios diez, porque ya se ha anunciado su reedición -con tres temas nuevos-, que dará la oportunidad a muchos de los que lo han conocido a través de You are the quarry y Ringleader of the tormentors de apreciar lo realmente bueno que era antes y lo mucho desmerecen estos dos últimos discos en comparación con los anteriores. Y es que los distingue, en mi opinión, el hecho de que tres o cuatro temas mantienen el nivel de escritura y composición de otros tiempos, mientras que el resto, sencillamente, se desploman. Así sucedía en el último álbum, canciones como “The father who must be killed” o “On the street I ran” serían caras B de viejos singles, pero lo peor es que reunidas en un mismo CD suenan repetitivas y vulgares, algo a lo que no nos tenía acostumbrados Morrissey. Nada que ver, por ejemplo, con los temas “de relleno”, si podían denominarse así, de “Viva Hate” o incluso del incomprendido “Kill Uncle”. De vez en cuando aparecen momentos que pueden situarse entre lo mejor de su trayectoria –“Dear God please help me”, “Iris Blood, English heart”, “Let me kiss you”- pero por lo general se limita a machacar una misma fórmula: esa producción sobrecargada, esa voz a la que sobran volumen y engolamiento... Los últimos singles, “That’s how people grow up” y “All you need is me” serían excepcionales sino los hubiésemos escuchado ya en “Ringleader...”. En directo, sin embargo, cada día se muestra con más fuerza y carisma, superando su timidez a base de chulería y boutades divertidísimas. Y es que ésa es la lástima, que continúa siendo un artista admirable al que acompaña cada vez menos el ángel de las buenas canciones. Una de las cosas más apreciables de esta etapa suya es el sentido del humor, que ha copado las portadas de los discos cuando antes lo hacía el fetichismo fotográfico atormentado. Al parecer, la de "Years of refusal" podría ser ésta:




Los temas del 'Refusal' que se van adelantando van desde más de lo mismo ('Something is squeezing my skull") a lo prometedor (sobre todo "Mama, lay softly on the river bed", pero también "I'm throwing my arms around Paris"). En cualquier caso, aquí estaremos esperando.

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