domingo, 5 de octubre de 2008

Rufus Wainwright en la Ciudad de la Luz (primero, un gruñido).

Concierto de Rufus Wainwright en uno de los estudios de la Ciudad de la Luz. Unas seiscientas personas, en el mismo día en que asistían, al parecer, cuarenta mil para contemplar los barquitos de la Volvo Ocean Race, que según las previsiones políticas va a suponer setenta millones de euros para la ciudad de Alicante -yo ya estoy haciendo planes y no sé en qué demonios voy a gastar mi parte-. Esto de 'la Vorvo' es uno más de los escándalos financiero-epeculativo-ladrillero-populistas que ofenden a la inteligencia, el buen gusto y la sensibilidad. Han asistido cuarenta mil, sí, a la llamada de la riqueza, el polo náutico, el bocadillo y la cerveza. Pero doscientas sesenta mil, aproximadamente, no han asistido. Así que uno agradecería a los responsables políticos que no hablen de 'mayorías' o de 'lo que quiere el pueblo', que no nos tomen por idiotas, que se forren, que prevariquen, que despilfarren nuestros impuestos, que escupan en las caritas de los niños que acuden a clase en barracones, en los enfermos con cama en los pasillos o en los que simplemente esperan en casa llenos de angustia, que hagan todo eso, sí, pero que no pretendan que les aplaudamos la gracia de esas cifras de beneficios que de ser ciertas convertirían la Comunidad Valenciana en un oasis de prosperidad en tiempos de crisis. Tras el fin de semana de orgía automovilística de hace poco se habló de nuevo de millones y trillones de beneficios para Valencia. A los pocos días, sin embargo, se conoció que en el ámbito del comercio el impacto había sido poco menos que nulo. Qué mayor indicador se necesita. Lo que verdaderamente genera riqueza en una ciudad es el hecho de que esa afluencia de visitas repercuta y se extienda por todo su entramado económico. Y está claro que si los comercios no ven un duro, es que la cosa se ha reducido a cuatro hoteles, cuatro restaurantes y determinadas instalaciones ad hoc. La teoría de que gracias a ello miles de turistas potenciales se planteen viajar a esa ciudad donde se organiza la Formula 1 es una broma. Todos sabemos muy bien qué tipo de turista se acerca por estos pagos y qué es lo que busca. Con sólo una parte del dinero que se ha gastado en estas dos exhibiciones burdas de gomina, gafas de sol y politos con el ribete rojigualda, se podría haber puesto en marcha algún proyecto cultural que generase un turismo de calidad, persistente a lo largo del año, y del que tenemos buenos ejemplos en otros lugares de España con bastantes peores condiciones que la Comunidad Valenciana.
Y todo ello, en tiempos de crisis, y mientras el Gobierno valenciano, día sí y día no, acusa al central de despilfarro, y de 'no tomar medidas'. Medidas, imagino, como las del sainete de impartir Educación de la Ciudadanía en inglés, para que los chavales no sean 'adoctrinados' en la igualdad de género, el respeto a las diferencias, el entendimiento de la sociedad como algo necesariamente plural, etc. Un profesor de filosofía hablando de Derechos Humanos y otro, como el muñeco de un ventrílocuo, traduciendo al inglés sin que los alumnos puedan enterarse de nada -pues de practicar cómo se dice 'hola, quiero dos billetes a Londres' pasan de repente a cuestiones jurídicas de inevitable profundidad-, que al final es de lo que se trata. La historia habrá de juzgarlos algún día, y lo digo con toda solemnidad.
Pues vaya, que se me ha ido la mano, yo quería hablar de un músico talentoso, sofisticado, que nos regaló ayer sensibilidad y belleza, pero a veces es imposible no atender a lo que ocurre al otro lado de los muros que, cada vez más, nos cobijan frente a la marea de vulgaridad que no deja de crecer a nuestro alrededor. En fin, que estuvimos unos seiscientos inadaptados, amargados y raros a los que nos les apeteció compartir el jolgorio popular. Y mereció la pena. Ahora sigo.

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