martes, 7 de octubre de 2008

‘Santuario’, de Edith Warthon.

Este libro ejemplifica las mejores virtudes de aquello que podríamos llamar ‘novela psicológica’, ‘initimista’ o, al modo de Luis Magrinyà, ‘de la vida privada’. En los últimos tiempos, como ocurre con todo, tales expresiones han perdido cualquier referencia a la notable tradición literaria de la que surgieron y se han convertido en un marchamo válido para toda clase de exudaciones sentimentales. Pero en ella encontramos profundidad, sutileza, trabajo de la voz narrativa y búsqueda de un lugar desde donde contar la historia con la mejor perspectiva para poder comprenderla en todo su alcance y sus matices. Es significativo el hecho de que muchas de las grandes autoras de la historia literaria empleaban un lenguaje analítico y elusivo en sus narraciones, propio tal vez de unas circunstancias sociales en las que escasamente podían permitir que asomase la complejidad de su pensamiento. Quizá en los libros era donde podía mostrarse con plena libertad, aun con la certeza de que simplemente iban a ser considerados como 'historias para mujeres'. El tiempo, sin embargo, las ha puesto en su sitio, y no dejan de tener vigencia en unos tiempos hostiles para la reflexión y el arte como los presentes.
La novela tiene dos partes de una sugerente simetría: en la primera es la protagonista o foco de la narración la que se ve convulsionada en primera persona por los hechos y ha de tomar una decisión que atañe a su conciencia moral. En la segunda, es su propio hijo el que debe hacerlo, pero la madre no se limita a ser en este caso una observadora preocupada por las consecuencias de lo que pueda ocurrir, sino que se ve asimismo implicada de un modo más intenso, puesto que la postura que ella tomó tiempo atrás entra en juego de nuevo y se ve sometida a juicio. En una visión apresurada podría parecer que la autora configura al personaje femenino principal como único poseedor de la virtud frente a la corrupción, o inclinación hacia ella, de los masculinos. Sin embargo no es así, puesto que no se muestra inmune frente a la posibilidad de obtener el éxito por caminos torcidos, lo que en realidad la caracteriza es su capacidad de cuestionar la bondad de sus decisiones, frente a la ligereza con que las adoptan los demás -incluida la prometida de su hijo-. Todo este proceso requiere un lenguaje preciso que refleje, ni más ni menos, lo complicada que es la vida para los que dudan.
El libro tiene también una lectura más específicamente histórica o sociológica, referida a la vieja historia de las mujeres y su 'clímax místico de anulación', irónica manera de decir lo bien conocido: que durante mucho tiempo, y tal vez ahora y seguramente mañana, encontramos en ellas ese 'santuario' simbólico al que acudir en tiempos convulsos en busca de sabiduría y ejemplo.

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