domingo, 9 de noviembre de 2008

'La educación de Oscar Fairfax', de Louis Auchincloss (Libros del Asteroide).



He empezado y dejado varias veces la lectura de esta novela o conjunto de relatos más o menos deslavazados, la pasada semana la he retomado y mi impresión continúa siendo la misma. Se trata de un libro cuya sobrevaloración nace, a mi entender, de una comprensión errada del propósito literario de autores como Henry James o Edith Warthon. Tal pareciera que todo autor que haya escrito una novela, desde finales del siglo diecinueve hasta mediados del veinte, cuya peripecia transcurra en el entorno social de las clases altas anglosajonas deba beneficiarse del padrinazgo artificiosamente asignado de tales autores relevantes. Nada que ver, sin embargo, con la notable revolución técnica, las aspiraciones estéticas e incluso la toma de posición moral que encarnaron James o Warthon. El contexto humano en que se ambientaban sus narraciones se convierte en anecdótico -a fin de cuentas era el que más y mejor conocían- frente a todo ello, de ahí su modernidad, que nos sigan hablando sobre el mundo con una voz amiga y sorprendentemente aplicable al presente. Por otro lado, tanto su prosa como el manejo de la narrativa -las decisiones sobre qué contar, cómo hacerlo y desde dónde- constituyen lecciones valiosas para el que encara la escritura y una música de fondo para el lector que, siendo apenas audible, lo conduce a nuevas formas ver y sentir.


Auchincloss es, por el contrario, un autor pegado al momento histórico, un fedatario de modos y costumbres. Autor más de comedy of manners que de estudios sobre el ser humano. Con una prosa carente de relieve nos va relatando la "educación", entendida como lenta incorporación a la viuda adulta -a la manera de la época-, de un personaje cuyo mayor valor consiste únicamente en haber estado allí, haber visto y oído. Los episodios van transcurriendo sin que nos proporcionen otra cosa que un leve entretenimiento de ésos que quizá uno agradece en verano o a lo largo de un viaje pesado -mal asunto cuando la elección de un libro determinado resulta más aconsejable en atención a circunstancias como la facilidad para transportarlo, el calor o la agresividad de los mosquitos que se ensañan con tus brazos-. Por los salones de esta novela se pasean o se mencionan el propio James, Sargent y unas cuantas figuras del poder desconocidas para el lector contemporáneo -aunque a fin de cuentas el poder siempre es desconocido en cualquier época-, algún leve enamoramiento y las tribulaciones no demasiado profundas del protagonista para encontrar acomodo en todo ese mundo. Pudiera ser uno de los episodios del ciclo novelístico de Anthony Powell, pero tomado en sí mismo dista de merecer un puesto, en mi opinión, entre lo más notable de la literatura americana del pasado siglo.

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