jueves, 20 de noviembre de 2008

El mundo en un panel (N. S. Harsha en La Casa Encendida).


Este es uno de los cuadros que con mayor placer y admiración he contemplado en los últimos tiempos. Se trata de la obra Come Give Us a Speech, de N. H. Harsha, y se puede ver en la exposición "Reflejos de la India", de La Casa Encendida. Está compuesta por varios paneles contiguos en los que se representa la diversidad del mundo a través de una multitud de figuras sentadas -o no- en sillas de similar aspecto. No así las personas que las ocupan, en las que encontramos todas las razas, caracteres, actitudes y apariencias imaginables. Cada una de ellas es distinta a la otra, a menudo interactúan entre sí, o juegan con la visión del espectador proponiéndole enigmas -un hilo sostenido entre varios que dibuja la silueta de un elefante-, contándole historias, apelando a su sentido de lo colectivo o a los recuerdos comunes a todos y que siendo distintos nos hacen en el fondo iguales. Recuerdo ahora el parto sobre dos sillas discretamente recogido por un velo, el astronauta, la silla vacía -vaya, como en el arranque de Los nuevos-, las deidades mezcladas entre los hombres, la violencia de algunos gestos o el simple divertimento que nos sorprende. De cuando en cuando una especie de quemadura interrumpe la secuencia humana y expande un inquietante humo negro, como si esa aparente convivencia en la diversidad estuviese amenazada o atacada por algo que permanece al otro lado. El lenguaje pictórico tan directo nos recuerda a los cómics, y la complejidad y ambición de la propuesta a esas obras que parecen haber nacido ya eternas.


Junto a ella, otros dos cuadros igualmente notables: "De la guarida de los creadores de la náusea a los estantes del supermercado", que parece una lectura de la crisis económica que vivimos, con montañas de miembros humanos amputados sobre los que se mueven convulsivamente hombres de maletín y traje negro que expulsan por la boca una especie de náusea convertida en nube gris que recorre la obra. Y un segundo, del que no recuerdo el nombre, en el que un torrente de sangre arrastra figuras arlequinescas, igualmente impactante con su crueldad de tebeo.



En la planta de arriba, 'Beatiful Losers", selección ecléctica y desigual de arte urbano que va de lo simple -y eso es lo que nunca se puede perdonar, la simpleza- a lo sugerente, como el trabajo de Mike Mills o esta Kyoto Street, de Evan Hecox:


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