miércoles, 17 de diciembre de 2008

"El caso Winslow." Honor, amor y ego.


Pasan los años y hay pocas películas que nos hayan causado el suficiente impacto como para desear volver a verlas en cualquier momento. Esta es, en mi caso, una de ellas. Está dirigida por David Mamet y se basa en una obra del dramaturgo Terence Rattigan. De este último ya se realizó una excelente adaptación de otra obra, titulada en España "La versión Browning", con una interpretación sobrecogedora de Albert Finney. En ella un viejo profesor de lenguas clásicas calificado por sus alumnos como "El Hitler del quinto curso" veía trastocarse todo su mundo a raíz de un regalo inesperado que le realizaba uno de sus pupilos (una traducción de Robert Browning), que atraviesa la coraza que lo protegía de las inclemencias de la vida y lo expone como un bebé desnudo ante su propio derrumbe: el fracaso de sus métodos pedagógicos, el fracaso de su matrimonio... su fracaso, en fin, como ser humano en relación con otros semejantes.

"El caso Winslow" ('The Winslow Boy', en el original) obedece a un guión más contenido y una realización en la que la distancia emocional actúa en coherencia con la forma en que los propios personajes sobrellevan la historia. Ésta se origina por la expulsión del colegio que sufre el pequeño de la familia Winslow a causa de un supuesto robo sin mayor importancia que la que afecta a su educación. El padre, sin embargo, inicia una cruzada en pos de la justicia y, sobre todo, del honor, que es el gran tema de la obra. La lucha por el derecho, al fin y al cabo, de la que hablaba Von Ihering y que se presenta aquí como un empeño de la inteligencia, ajeno a arrebatos y visceralidades. Dado el cariz que toma la batalla, con la previsible rigidez de los sistemas judiciales del siglo diecinueve, la familia opta por contratar a un abogado que se convierte en una de las figuras más carismáticas de la película, y que nos enseña cómo el ego de un buen profesional puede convertirse en el motor de las mejores causas. A ello ayuda la notable e irónica interpretación de Jeremy Northam, uno de esos actores a los que ya no imaginamos sin traje de caballero victoriano, y un guión sin grandes subrayados pero con sutiles momentos de buena literatura. Recuerdo con mucho agrado el momento en que acuden al despacho del abogado y éste realiza un apresurado examen de la cuestión, mientras se viste para salir a otro compromiso, por ver si finalmente acepta o no el caso. Entonces le echa un vistazo a los papeles y comienza a interrogar al chico, mientras su ayudante indica a la familia que no lo interrumpa en ningún momento. Los diálogos, brillantemente tensos, concluyen con una interpelación a voz en grito para que el joven Winslow confiese y deje de causar disgustos a su familia. El chico rompe a llorar y tenor de lo que hemos oído todos deducimos que le ha conseguido sonsacar su culpabilidad. Pero de repente el abogado se dirige a su padre y le dice algo así como "llevaré su caso. Es claramente inocente", golpe de efecto que te hace revolver en el asiento y que, explicado más tarde con lógica detectivesca -a lo Holmes ilustrando a Watson-, resulta completamente lógico.

A medida que avanza la historia toda esa lucha por el honorabilidad se expresa con un lema enardecedor: "let right be done!!", "¡que se haga lo justo!". "Hacer justicia es fácil, hacer lo justo, no", se nos dice, con lo que la cuestión de fondo adquiere mayor profundidad filosófica y nos conduce a la vieja y quizá irresoluble discusión sobre el derecho positivo y el derecho natural, o los diversos conceptos de justicia que han de sustentar las leyes y podrían, en su caso, justificar su inaplicación.

¿Algún otro incentivo para ver esta maravillosa película? Pues sí señor, una sutil historia de amor entre dos opuestos: la hermana mayor del chico Winslow y el abogado. En un principio representan el uno para el otro tal vez algo que rechazan o temen (la revolucionaria y el hombre de orden), pero pronto, aunque de una manera ejemplarmente tratada que lo hace sonar como una agradable música de fondo, el conocimiento más profundo que provoca su cercanía en la batalla supera los prejuicios. Lamento mucho si le puedo chafar al amable lector o lectora el final de la peli, pero no me resisto a reproducir los últimos diálogos, cuando ella y él se despiden sin que hasta entonces se hubiese concretado ninguna insinuación sentimental:

“Él:¿Sigue con sus actividades feministas?
Ella: Oh, sí.
Él: Lástima, es una causa perdida.
Ella: ¿De verdad lo cree así Sir Robert? Qué poco conoce a las mujeres. Adiós, dudo que volvamos a vernos.
Él: ¿De verdad lo cree así Srta. Winslow? Qué poco conoce a los hombres."

Os recomiendo de veras esta película deliciosa, de cuyo recuerdo siempre echo mano cuando vienen malas sentencias y uno necesita seguir confiando en el sentido de la batalla. Porque en el del amor, Nuria mediante, nunca he perdido la confianza.

3 comentarios:

  1. Hola Francisco,
    este año estoy apuntando una serie de películas para ver, y ésta, por como te lo has currado debe ser muy interesante. Me la apunto.

    Felices Fiestas y gracias por pasarte por mi blog.

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  2. Para abogado invencible y 'clarkentiano' el de 'The changelling', la nueva joya de Clint Eastwood. Cine de época, investigación, policial, suspense y judicial, todo en uno. Que no deje de hacer cine nunca el viejo pistolero.

    Felices fiestas!

    Rafa

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  3. Tomo nota, Rafa, nos haremos una sesión de cine en Asturias. Es estupendo tener un crítico de cabecera.


    Felices fiestas

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