lunes, 1 de diciembre de 2008

El miedo (anexo a la entrada precedente).

Mañana de cuatro juicios. En uno de ellos testificaba un bombero por un asunto de tasas municipales. Antes estuvimos hablando un rato y me contó lo siguiente: hace poco recibieron una llamada a propósito de una mujer que se había caído por la ventana desde un décimo piso. Afortunadamente impactó en uno de los salientes de la fachada y fue a parar a la terraza del séptimo o el sexto. Gracias a eso salvó la vida. Pero tuvieron que presentarse para sacarla de allí porque no había nadie en la vivienda en cuestión y no podía moverse. Su marido estaba tratando de descender en su ayuda (?) con una cuerda. Los bomberos tiraron la puerta de la casa y llegaron hasta ella. El marido se mostró dicharachero, tratando de quitarle importancia al "susto", que había sido motivado por un tropezón mientras la accidentada buscaba a su gato. Pero algo no cuadraba. Durante todo el rato la mujer permanecía abrazada a un bombero, en estado de shock, y ni siquiera miraba a su pareja. Rodeada de personal del Cuerpo y de un par de Guardias Civiles, se limitó a asegurar que se había caído. "Tienes que tener cuidado, ya sabes lo que pasó la última vez", le dijo el marido. Una frase demasiado ambigua para la ocasión. Entonces el que me contó la historia se acercó a ella y le susurró que camino del hospital iría sola con un Guardia Civil en la ambulancia, por si tenía que explicarle algo más. Y finalmente lo hizo.
Una mujer amparada por media docena de miembros de la seguridad del Estado no se atreve a contar que su marido la arrojado por la ventana, en presencia de él. Eso es el miedo. Hay que sufrir algo así para alcanzar a entenderlo. Merece comprensión y respeto. Al mismo tiempo que se intenta por todos los medios que traten de superarlo. Me gustaría que todas esas cabezas pensantes -si la caspa les permite pensar- que imputan cierto masoquismo a las mujeres a las que les cuesta denunciar hiciesen todos los días unas horitas de ronda con quienes viven el problema en primera línea. Tal vez entonces nos pondríamos todos de acuerdo y las cosas empezarían a mejorar.
Descansen en paz las víctimas de hoy, uno de diciembre.

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