miércoles, 10 de diciembre de 2008

'Los nuevos' y 'El lugar del enemigo'.

He estado retrasando la publicación de mis libros para que no coincidiesen con los lanzamientos de los discos de Britney Spears y Raphael... Bueno, la verdad es que, aunque he tenido eso muy en cuenta, también han influido las dificultades del 'hágaselo usted mismo'. Pero ya están ahí, y poco puedo añadir a lo ya dicho.
O quizás sí. Esta cita de Malcolm Lowry, que corresponde a la carta que envió el dos de enero de mil novecientos cuarenta y seis al editor Jonathan Cape. Se trata de un documento de extraordinario interés para todo aquel que, en una otra circunstancias, ha de defender su trabajo creativo. En esa ocasión lo hacía Lowry con su 'Bajo el volcán', y nada más lejos de mi intención que el buscar una equiparación desvergonzada entre tan indiscutible autor y los balbuceos del que suscribe. Pero el caso es que todo lo que dice resulta descarnadamente cierto. Se refiere a un informe negativo de uno de los lectores de la editorial (ah, qué tiempos aquellos, cuando existían lectores, y editores...):
"Es cierto que la novela se pone en marcha grave y lentamente, y creo, por varias razones, que lo que él considera un error (ya que en general esa lentitud resultaría un error en cualquier novela) debió de pesar más fuertemente sobre él de lo que lo haría sobre el lector ordinario, ya que para éste se ha previsto que la gravedad tenga sus compensaciones. Es decir, que si el libro estuviera ya impreso y sus páginas no contuvieran la muda súplica y el aspecto desesperado de un manuscrito no publicado, me parece que el interés del lector sería mucho más vivo al principio, exactamente igual que si setratara, digamos, de un clásico ya estabñecido, ante el cual los sentimientos del lector son diferentes; aunque tal vez se dijera: "Dios mío, qué duro es esto", se esforzaría por chapotear a lo largo de oscuros cenagales -en realidad se sentiría avergonzado si no lo hiciera-, porque tendría la certeza de que los pasajes posteriores van a compensarle." (Malcolm Lowry, "El viaje que nunca termina. Correspondencia (1926-1957)", Tusquets, 2000).
'Los nuevos', sobre todo, y 'El lugar del enemigo' se asoman al mundo con discreción y desde una posición orgullosamente marginal. No cabe mayor "muda súplica" y "aspecto desesperado" que el de la edición de autor. Así que uno está preparado para el silencio -la gran arma del mundo cultural, que todo el mundo utiliza con agresividad poco disimulada-, el escepticismo, la ayuda desinteresada de quienes vagamente te conocen y a pesar de no haber leído nunca no dudarán en hacerte un favor y decirte qué es lo que ha fallado, etc. No ya por temperamento, que siempre resulta discutible cuando uno opina de sí mismo, sino por mi dedicación presente a la abogacía, estoy habituado a que unos mismos hechos susciten diversas y aun irreconciliables interpretaciones. Se aprende a vivir junto a la discrepancia, y se defiende la postura propia con una vehemencia compatible con ese respeto. Y sin perder la media sonrisa a que ya me he referido en aquel post de agosto donde hablaba acerca de todo esto.
Por lo demás, en los aspectos puramente prácticos, he optado por una portada funcional y austera en la que únicamente me permito una especie de puerta o ventanita con una imagen a modo de sugerencia e invitación. Aun así, el precio de venta en papel de 'Los nuevos' se ha disparado, a causa de su tamaño, y por supuesto renunciando a cualquier beneficio. 'El lugar del enemigo', una nouvelle, en realidad, es más asequible. Con el paso del tiempo iré colgando alguna otra de similar tamaño, dentro del proyecto en marcha de mi libro de relatos y novelas cortas.
'Los nuevos' me ha ido acompañando a lo largo de bastantes años, en diversas ciudades, y muy distintas circunstancias de mi vida. Hay una suerte de paradójica tristeza en el hecho de que el proceso haya concluido. Conservo diversos borradores, una carta emocionante y alentadora de un editor, que me invitaba a recortar una parte (poco antes de que lo echaran sonoramente del sello que él mismo había fundado... imagino que no sería por lo mío, vaya), cuadernos de apuntes en los que las dudas se iban resolviendo o mudando en otras... Me acuerdo de muchos días y lugares donde mi historia de amor-odio con ella se materializó en concretas decisiones, como por ejemplo aquel hotel de Badajoz en que inicié la última revisión, a principios del año pasado, o aquella vez, en Asturias, cuando dije "se acabó" y destruí todas las copias que creía poseer -había que haberme visto meses después rebuscando en CD's y en un ordenador viejo por si aparecía un archivo olvidado, y menos mal que apareció-.
Pero todo ha concluido. La criatura se ha echado a la calle -aunque sea una calle solitaria y silenciosa- y no puedo evitar pensar si estará bien orientada o le soltarán un navajazo o se morirá de aburrimiento antes de encontrar su camino. Incluso si hay camino. Claro que todo esto se soluciona trabajando más en nuevos proyectos. Así que se acabó la tontería. Seguro que Britney y Raphael no están tan inseguros con sus discos.

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