domingo, 18 de enero de 2009

“Literatura y Derecho”, de Claudio Magris. El intelectual se pone la corbata.

Le ocurre a menudo al hombre de letras que se siente irracionalmente deslumbrado ante las ciencias o, más aún, ante aquellas parcelas del conocimiento que hacen referencia a las “cosas serias”, ya sabemos, las que mueven el dinero, el mireusté y los oscuros ceremoniales del poder. No de otro modo puede explicarse la edición de libros como este, pequeñas estafas intelectuales sin demasiada malicia ni peores propósitos que el de hacer currículum en las bellas letras a costa de las feas ignorancias. Deduzco por el prólogo de Fernando Savater que este curioso volumen reproduce alguna clase de discurso de recepción de parabienes académicos. Deduzco igualmente que el público destinatario del mismo no debe de estar demasiado versado en temas jurídicos, y se acerca al libro por el nombre de un narrador y ensayista fundamentalmente literario. Digo todo esto porque a cualquier persona que haya pasado por una Facultad de Derecho este opúsculo desconcertante le recordará sospechosamente al manual de Filosofía Jurídica de quinto curso.


Hablaba en una ocasión Camilo José Cela Conde acerca de una “enfermedad intelectual” que aquejaba a su padre: la erudipausia. Con ello se refería a la obsesión que el solemne escritor tenía por incluir en sus artículos numerosas citas de autoridades, que venían más o menos a cuento, y que procedían del esforzado trabajo de becarios, negros y otros difusos colaboradores. Así, para hablar del tráfico o del jamón ibérico, se colaba alguna sentencia enfática de Dante, Unamuno. Shakespeare u Ortega.


Pues bien, en este libro de Claudio Magris la vacua erudipausia es como un unto de mermelada que se escurre por los bordes y todo lo impregna. Valga un ejemplo:

“(…) el derecho natural –a través de Grocio, Pufendorf y otros- se une idealmente, aunque sin identificarse con ellos, con los derechos civiles de la modernidad liberal y democrática. Para Locke, el filósofo de la tolerancia y los derechos civiles, un Estado autoritario niega la naturaleza misma del hombre (…)

Si para el iusnaturalista (por ejemplo, para Santo Tomás, pero también para Locke o para Thoreau) las leyes injustas no son propiamente leyes… Hobbes escribe, por el contrario…”.


Y así podemos seguir. Lo dicho, un buen manual de Filosofía del Derecho, un buen traje y una corbata bonita, un público de similar respetabilidad, y venga, a recibir la medalla y atacar el vino español y los canapés. No hay en este libro pensamiento alguno, hilazón intelectual de ningún tipo, idea sobre literatura y derecho o cualquiera de ambos tomados por separado. Hay erudipausia, que en la era de google cada vez resulta más estentórea. Corren malos tiempos para la palabra auténtica, y crece al mismo tiempo la necesidad de encontrarla.

Textos como éste, enredados en la espiral de su vano deslumbramiento, no nos van ayudar en la tarea.

2 comentarios:

  1. Una critica u opinión justificada, como tal, sobre Magris - todos opinamos - si bien parece suspendida en el vacio.

    ¿A qué se dedica la bestia?
    ¿Sólo come desperdicios o es omnívora?

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  2. Sólo desperdicios. Resentido sin remedio. En todo el artículo no hay un solo argumento.

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