lunes, 5 de enero de 2009

“Petulia”, de Richard Lester. El encanto envenenado.

La edición de esta película de los años sesenta en DVD me llamó la atención por lo que prometía en su carátula y en algunas reseñas que estuve hojeando antes de comprarla: una obra propia de su época, con el guión inteligente pero desestructurado, un universo colorista y musical y una historia amable. Ello, ya de por sí, habría resultado suficiente, y sin embargo contiene mucho más. Se trata de un sorprendente acercamiento al tema de la violencia de género, cuando aún no se calificaba como tal (y sus cifras, por tanto, perdían entidad al verse subsumidas en ese término grosero y justificativo: “crímenes pasionales”), y contada de una manera experimental en cuanto a la forma pero extraordinariamente realista y certera en cuanto al fondo. Poco a poco el montaje un tanto alocado acaba teniendo sentido, y consiguen emocionarnos esos planos de los ojos bellos y tristes de Petulia, la impotencia de Archie, su amor imposible, y la última invocación, en la escena final, que expresa lo alejados que a veces están los sueños de sus verdaderas posibilidades. Magistral es el discurso del padre del agresor y suegro de Petulia en el que no sólo justifica lo ocurrido, sino que define cuál ha de ser la condición de la mujer en la sociedad moderna. Lo que produce escalofríos es que, cuarenta años después, para muchas personas las cosas no hayan cambiado. Película extraordinariamente efectiva por su apariencia de caramelo, y el gusto profundo y nada dulce que escondía dentro.

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