domingo, 11 de enero de 2009

“Years of refusal”, canción a canción.


Gracias a la web Morrissey-solo -auténtica mozzpedia con un afán de actualización ciertamente obsesivo que les lleva a registrar no sólo lo que hace el artista, sino cualquier cosa que se diga sobre él en cualquier lugar del mundo- podemos escuchar el nuevo disco antes de que salga, aunque por descontado acudiremos a las tiendas a comprar el CD cuando aparezca el mes que viene, y si sale en caja especial de luxe con libreto, trozo de camisa y firma con rotulador edding rojo o plastidecor azul, mejor que mejor.

“Years of refusal” se asoma al mundo musical completamente condicionado por una decisión errónea que Morrissey tomó el año pasado: en el lanzamiento del recopilatorio “Greatest Hits” se incluían como reclamo dos temas nuevos que ahora aparecen aquí de nuevo, con la fuerza perdida ya en su larga difusión precedente (como single, en el álbum y en los conciertos). Es una lástima porque encajan bastante bien en este disco, y aun con los peros que merecen, hay que reconocer que son de lo más pegadizo del mismo, y que junto con otros temas conforman una obra más sólida de lo esperado y siempre inferior a lo hecho en viejos y mejores tiempos.

Como reproche podemos decir que, una vez más, el estilo que inició en You are the quarry se prolonga y consolida: una producción de escasos matices, una voz en exceso gritona, que subraya las melodías y pone la instrumentación a su servicio, una misma estructura musical que ya suena a demasiado escuchada (aunque más diversa en este caso), con esos arranques de batería y guitarra poderosas, en definitiva, una sobreabundancia del aburrido “rock adulto” especialmente apto para los conciertos -parece que los temas se produjesen con vistas a su reproducción en las largas giras-. Pero ése es el signo de los tiempos, y siempre he considerado absurdo comparar a un artista con lo que hizo en otros tiempos y esperar que repita antiguas fórmulas, dependientes de la edad mucho más de lo que nos gusta reconocer.

Pese a todo, y quizá porque se esperaba un verdadero desastre, a tenor del poco tirón que tenían los temas nuevos en los conciertos del año pasado, la verdad es que el disco no decepciona, e incluso puede calificarse como el mejor de la trilogía “post-quarry. Vamos a repasar tema por tema:

1.- “Something is squeezing my skull”: muy potente una vez producida, sin duda un futuro single, y un tema excelente para abrir los directos. Las guitarras marcan un ritmo un tanto previsible, pero la voz se quiebra en un estribillo más original de lo esperado -Moz es un especialista en romper así las melodías- y la convierte en una canción muy especial, de las mejores de los últimos tiempos, a pesar de que en los conciertos no me parecía gran cosa.

2.- “Mama, lay softly on the riverbed”: uno de los mayores logros de la carrera de Moz. La percusión militar, la voz contenida, el estribillo acompañado por unos arreglos de singular emotividad... Y una letra de compromiso social y afectivo que sólo se puede escribir cuando la vida te ha dejado el suficiente poso. “Life is nothing much to lose, it's just so lonely here without you”... qué bonito, ¡¡viva Moz!! Una canción compleja que te deja tocado cuando acaba, con esa batería que se calla de repente.

3.- “Black cloud”: el disco sigue bien, un tema muy bueno, con una melodía que sube, baja, se interrumpe -marca de la casa...-, pero que se te va quedado tras varias escuchas. Siempre ha tenido alguna canción así en todos los álbumes, que iba ganando a medida que la asimilabas. A mí me molesta un poco la batería, y la superposición guitarrera, es quizá el corte del disco en el que más se nota la mano del productor.

4.- “I'm throwing my arms around Paris”: el “Let me kiss you” o “I like you” de este álbum. A mí me encanta. Hacía tiempo que Moz no nos presentaba un medio tiempo tan accesible. Qué demonios, escribir una buena canción es lo más difícil del mundo, y ésta lo es. Además, el tópico parisino es inagotable, y por lo tanto nada inoportuno.

5.- “All you need is me”: bueno, ya la conocemos. Al principio sonaba a más de lo mismo, pero es justo reconocer que con el tiempo se ha ido volviendo irresistible. Quizá sea ese tono eufórico, medio macarrilla y rockabilly, o el par de buenos estribillos concentrados en apenas tres minutos. En este disco encaja muy bien, especialmente después de “Paris...”

6.- “When I last spoke to Carol”: vaya, la polémica del disco. Los fans anglosajones se han vuelto locos con ella, les suena demasiado latina, incluso hablan de mariachis (?)... Sí, es cierto que tiene un cierto sabor mexicano o de spaghetti western engolado... Pero crucemos todo ello con Madness y una voz más canalla que nunca, y se convierte en un temazo que, en mi opinión, aporta la ruptura necesaria en este momento del disco para impedir su desfallecimiento. Cuando había caras A y caras B, éste habría sido un cierre excelente de la primera.

7.- “That's how people grow up”: el otro single ya conocido. A la gente no le gusta la voz de Kristeen Young al comienzo, pero yo creo que le añade originalidad. De no haberse publicado ya, llamaría más la atención; ahora únicamente logra mantener el buen nivel del disco, lo que no es poco.

8.- “One day goodbye will be farewell”: en este punto es donde comenzaba a despeñarse el “Ringleader of the tormentors”, y la verdad es que parecía que volvería a suceder lo mismo cuando escuché el tema por vez primera. Pero poco a poco he ido entendiéndolo, la melodía no está nada mal, además los instrumentos de viento y esos coros locos, de nuevo con aromas mexicanos, le dan un punto diferente. Jerry Finn ha hecho un buen trabajo con una melodía-puzzle de las habituales en Moz.

9.- “It's not your birthday anymore”: aquí está una de las claves del álbum. A la altura de la canción novena los anteriores ya no tenían nada que decir. Pero este corte es de lo mejor que ha hecho en los últimos años, e incluso el comienzo recuerda a aquellos tiempos en que la voz era más un medio que un fin. El falsete hacia la mitad y, como siempre, esa especie de nueva canción dentro de la canción que lo sigue, son estupendos. Un gran tema, de letra emocionante, de esas que uno canta a voces en casa cuando nadie te oye (yo pienso hacerlo, aunque seguro que Nuri, al leer esto, me estará espiando para echarse unas risas).

10.- “You were good in your time”: estaba claro que tarde o temprano Moz se nos iba a ir por la senda del crooner crepuscular. Éste es un primer paso. La voz es excelente, la melodía un pelín vulgar, quizá, pero mantiene el buen tono, y se ve beneficiada por la producción, de nuevo: esas voces como de película antigua que suenan al fondo -al igual que en “Spring-heeled Jim”-, los arreglos de cuerda, y la súbita desaparición de la melodía en un abismo de experimentación sonora y oscuridad -a la que se augura un efecto actoral dramático en directo, Sacha Distel al poder-, como en “Black-eyed Susan”... Resulta que es el décimo corte, y de momento no podemos decir que haya algo realmente malo.

11.- “Sorry doesn't help”: como sale de esa especie de interludio “new age” con que se cierra el tema precedente, y además comienza con unas guitarras de rock sinfónico, suena bastante mejor de lo que merece. El ritmo recuerda algo a “Tomorrow”, y el estribillo no está nada mal. ¡Vaya, ya van once!

12.- “I'm ok by myself”: pero no doce. ¡No no no no! ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué había que concluir el disco con más batería y guitarrazos? Bien es verdad que la canción en sí no es mala, tiene una de esas melodías imposibles de seguir a la primera con que Moz compone sus mejores canciones, pero el efecto se acaba perdiendo. Aquí sí que habría hecho falta una labor más creativa de Jerry Finn. El final está muy bien, con la voz distorsionada, uno se imagina que terminará así los conciertos (con Esteban Patricio tirándose por el suelo y Boz Boorer poniendo caras), antes de algún bis generoso.


Y ya está. No tan bueno como lo más notable de él, ni tan malo como parecía. Y mejor, en cualquier caso, que buena parte de lo que se publica. Enlaza con “Southpaw grammar”, aun sin el sabor auténtico que tenía éste -y que podremos disfrutar ahora con su reedición, por cierto-, y se aleja de la paleta gris de “Ringleader...”. Añade unos cuantos clásicos a su trayectoria -”Mama”, “Birthday”, quizá “Paris” y “Skull”...-, y no nos hace perder la confianza en él, y van ya muchos años. Morrissey continúa siendo uno de los pocos artistas de referencia en la música pop, un mito popular y un amigo lejano en el espacio y cercano en el afecto que continúa haciéndonos la vida más agradable. Si el disco ha perdido la entidad artística que tenía en otros tiempos en favor de su conversión en sofisticada excusa para salir de gira, debemos decir que ésta es una buena excusa. Nos vemos en los conciertos, mozmaníac@s, peleando a muerte por las primeras filas.

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