lunes, 23 de febrero de 2009

Celia Amorós y Amelia Valcárcel, o la palabra en tiempos de onomatopeyas.

Vivimos afortunadamente ajenos al espectáculo televisivo que se ha montado con el asesinato de la adolescente sevillana, Marta. Leo en Público, no obstante, que el circo tiene las dimensiones del episodio de Alcàsser, un asunto que debería haber provocado la desaparición pública de unos cuantos/as respetadísimos profesionales del medio. Aunque este país nuestro es genial para olvidar, sólo así se explica que Ana Rosa Quintana (la formuladora de la teoría literaria de los “párrafos de transición” plagiables, mientras que los otros no lo serían, se entiende) esté donde esté, o que un fulano, cabeza de lista a las europeas por el principal partido de la oposición, tenga el cuajo de decir que el franquismo fue un período de “extraordinaria placidez”. El viernes, en el hotel, encendí el televisor y me encontré ¡al padre de la chica! haciendo declaraciones en tele cinco. Me costaba creerlo, y cambié inmediatamente al baloncesto. Más tarde leí que mientras se entrevistaba al pobre hombre solicitaban la opinión del público vía SMS sobre si sería bueno convocar un referendum para aprobar la cadena perpetua o la pena de muerte. Con un par.


Vamos a ver: no hace falta ser psicólogo para darse cuenta del estado de shock en que deben de vivir los familiares, de forma que concentrar su atención en un propósito reparador del sufrimiento puede ser un modo de sobrellevarlo, pero eso es algo que en todo caso deben decidir ellos -y nadie debería juzgarlo-. Lo que resulta obsceno es que las lumbreras hispánicas hayan decidido que es el momento de plantear cuestiones como la pena de muerte, la cadena perpetua, etc. Y se las ponen sobre la mesa nada menos que al padre de la víctima, con el cuerpo aún perdido con toda probabilidad en el fondo de un río. ¿Y quién se atreve a llevarle la contraria, planteados así los términos? ¿Quién le explica que la ciencia penal ya ha estudiado que lejos de generar un efecto disuasorio tales medidas pueden suponer todo lo contrario? Ya que me juego la vida, mejor acabar con la suya y esconder bien el cadáver que dejar el asunto a medias… cabe que piensen los causantes de violencia física o sexual.

Pero, por encima de todo, se está eludiendo una vez más el verdadero problema, que siempre suscita incomodidades significativamente elocuentes: la mayoría de este tipo de crímenes no responden a una maquinación de medios y resultados, sino a un golpe ira que sin embargo nada tiene que ver con la vieja “enajenación transitoria”. Lo que quiero destacar es que en la violencia de género no existe un verdadero cálculo de posibilidades, un “cuánto me puede caer si hago esto”, así que el debate no puede estar más desatinado. Al igual que ocurre con el terrorismo fanático y suicida, la represión penal poco tiene que hacer si no se atacan las causas. Y aquí volvemos a la ira. Hay algo que llama la atención en muchos de los agresores machistas, y es que no necesariamente poseen un historial previo de violencia referido su mismo sexo. Seguramente que en el trato social con sus congéneres sufren de vez en cuando sentimientos de fastidio, rabia, furia, etc., que sin embargo no se concretan en verdaderas peleas. Leo esta mañana en la prensa que, en efecto, así ocurría en el caso del agresor. ¿Por qué sin embargo la violencia física se ejerce con tanta facilidad sobre las mujeres? ¿Por qué incluso esa espantosa reacción que supone acabar con su vida y luego entregarse o tratar de suicidarse? ¿Qué fundamentos se sienten atacados cuando se trata de una mujer?


En mitad de tanto rebuzno, tanta onomatopeya y tanta algarabía, el jueves pasado se presentó un libro muy interesante en la Facultad de Derecho de la UNED: "Violencia de género. Una visión multidisciplinar". Intervinieron en la presentación, además de la coordinadora del texto y la Ministra de Igualdad, las profesoras Celia Amorós y Amelia Valcárcel, ambas sin duda de las mejores intelectuales con que contamos en este país. El acto, como todos los de este tipo, tiene carácter más o menos secreto, puesto que las palabras de estas científicas cuentan con poca acreditación frente a las de los tertulianos televisivos, pero invito a todo el mundo a escucharlas. Por suerte la UNED retransmite este tipo de eventos, que luego quedan colgados en su web, así que hemos podido ver las intervenciones con calma y cierta tristeza, por causa precisamente de su invisibilidad. Este es el enlace:


http://www.teleuned.com/teleuned2001/html/


Luego se va a "Teleactos"/"Derecho" y por allí tiene que estar.


Nos hablaron de las bases sobre las que siempre se ha asentado cualquier poder: el consenso y la fuerza. El poder machista ha contado desde siempre con un cierto, aunque abominable, consenso expresado a través del silencio y la incomprensión frente a las maltratadas, el disfraz de los tipos penales en expresiones estúpidas como "crimen pasional", el "algo habrá hecho" o "ellas también hacen daño, pero de otra manera", etc.; a lo que deberíamos añadir los eficaces resultados que ha obtenido el androcentrismo a lo largo de su andadura secular: el inacabable espíritu de 'sacrificio' de la mujer en aras de la unidad familiar, la condena social hacia la soltera, la culpabilización femenina en las crisis de pareja, el juicio dispar sobre el ejercicio de la sexualidad... La construcción de los géneros, en definitiva. ¿Y qué está ocurriendo ahora?, nos dicen estas notables pensadoras: que el poder masculino ha perdido el consenso. Ya no se disimula, ya no se está de acuerdo. ¿Y qué le queda al poder, para seguir siéndolo? La fuerza.


También llamaron la atención sobre el hecho de que esa ruptura consensual se produce exclusivamente con respecto a la violencia de mayor grado, pero no así cuando atañe a las pequeñas violencias cotidianas, que aún se toleran (por cierto, fue inevitable pensar que algo de eso he tratado en 'El lugar del enemigo').


En fin, poco puedo decir, salvo reiterar mi invitación al amable lector@ para que las escuche. Quizá luego le parezca, como a mí, tan perturbadora esa multitud que esperaba la entrada o salida de los asesinos de la comisaría y clamaba por una supuesta justicia que en sus manos resultaría aterradora. Cuántos de todos esos chicos que aullaban pasarían el test de una cámara oculta en el comportamiento con sus parejas. Pero no, el tema de la educación en igualdad no toca. Lo que toca es ver si encerramos de por vida o matamos a los culpables. Y a esperar el siguiente caso.


Termino con una cita de un interesante libro que estoy leyendo ('Fruta prohibida: una aproximación histórico-teorética al estudio del Derecho y el Estado', Juan Ramón Capella, Trotta):


"Hoy se percibe que la estructura patriarcal ha tenido gravísimas consecuencias. Su antigüedad la ha insertado incluso en el lenguaje, y también en las culturas populares -a través de giros lingüísticos, cosejas, frases, etc,-, dotándola de sólidas inercias reproductivas. Ha desarrollado socialmente lógicas públicas de violencia y de enfrentamiento en vez de dialogías de apaciguamiento, así como sólidas expectativas comunes acerca del comportamiento ajeno en función de ella. Ha hecho de los bienes de cultura de la especie más preciados en cada etapa un coto vedado tradicionalmente a las mujeres. Ha difundido una cocnepción bipolar de los seres humanos a tenor de la cual la estimación social de las mujeres se ha basado en sus cualidades animales (de atracción sexual y de fecundidad) y la de los varones en sus capacitaciones culturales (como guerrero-explorador y como intelectual). No sólo ha situado a la mitad de la especie humana en condiciones de explotación y opresión, sino que también ha cercenado el desarrollo multilateral de toda la especie, ya que los papeles sociales de vivir como hombre y vivir como mujer se han construido en la forma de conjuntos de cualidades diferenciados e incomunicados (por el procedimiento de estigmatizar a los comunicantes)".

3 comentarios:

  1. eres un crack, te nombro mi nuevo hombre feminista preferido :)... gracias por escribir lo que tenemos en mente, especialmente el párrafo bajo la foto... (y no veas lo fan que soy yo de ambas, sobre todo de Amelia...http://electricbluejean.wordpress.com/2008/05/16/women-and-tics/)

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  2. Es muy interesante el texto de Amelia que incluyes en tu blog, me gusta mucho eso que dice de "iluminar la ginofobia del mercado y desactivarla". Ella sí que es una crack. Hay algo que la hace muy cercana, porque es curioso que a la otra profesora la llamemos "Celia Amorós", con nombre y apellido, y a ella simplemente "Amelia", como si fuese esa tía rebelde y moderna que visita a la familia en navidades y a la que siempre hemos mirado con curiosidad y admiración.

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  3. la tía moderna... sí, sí, con esa manicura no francesa sino roja... :)

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