jueves, 26 de marzo de 2009

'Virginia o el interior del mundo', de Álvaro Pombo. El 'fraseo instantáneo' como herramienta divina.

En la charla digital que Álvaro Pombo tuvo con sus lectores, a través de El País, tuve ocasión de preguntarle si el hecho de dictar sus novelas había modificado de alguna manera su estilo. En la respuesta utilizó la expresión 'fraseo instantáneo' para referirse a su escritura, y a buena fe que no existe mejor manera de definir su peculiarísimo estilo, complicada mixtura entre un orador nervioso y vehemente y un narrador reflexivo con la que construye un universo lingüístico que engulle al lector y maneja a los personajes con un respeto mayor del que pudiera preverse. El narrador de esta novela resulta sumamente incierto, sin dejar de ser eficaz. Debería acuñarse un nuevo concepto en la preceptiva literaria de nombre 'omnisciencia pombiana' para describir el modo en que la voz narradora entra y sale de la historia con personalidad propia, incorporándose a ella con desparpajo pero sin que ese tono oral, como de cuento narrado por un amigo lúcido y extravagante, le reste credibilidad. Así, la lectura avanza por el interés de que la dota ese lenguaje fascinador hasta que de repente, en la página 173, nos encontramos con esto: "las mejores familias esperábamos...", e inevitablemente nos preguntamos quién demonio nos está contando el relato y si juega en él algún papel que desconozcamos, en la página 226 se vuelve a quedar con nosotros: "no hay por qué saber este detalle", dice como reprochando nuestra curiosidad... Claro que cualquier duda pierde sentido cuando casi al final, cercana la escena cumbre de la novela, nos suelta -nada menos-:"¿Cómo crees tú, lector hipócrita, semejante mío, hermano mío, que se aparecen los aparecidos?". Entonces terminas por convencerte de que la obra de este escritor posee eso tan valioso que tópica pero acertadamente se denomina "mundo propio", un mundo formal y de fondo, que aceptas o rechazas, siendo desaconsejable esta última opción por lo mucho que puedes perderte. Pocas prosas alcanzan el nivel de densidad de la de Pombo sin dejar de ser amena, sorprendente, poética a ratos, coloquial a otros, filosófica cuando le da la gana y estrictamente narrativa cuando se precisa. En general podemos decir que es un modelo de libertad que debería servir de aliento inspirador para todo el que escribe. Veamos un par de ejemplos: un párrafo analítico, en primer lugar: "Las familias son estructuras secretas hacia fuera y especulares, turbiamente especulares hacia dentro. Todos los que están dentro saben o sospechan lo que hacen o piensan o sospechan todos los demás, los que están fuera. Y los emparejamientos matrimoniales, los precedentes noviazgos, los tintineantes flirteos, son estructuras de confidencia especular. Cada familia define un estado excitado de la información vigente en cada momento. Ser novia o novio de algún miembro de la familia es entrar en el secreto." Y otro poético-monologal-delirante atribuido a esa abuela irónica y cascarrabias, innegablemente "pómbica": "Yo recuerdo que tu abuelo me decía: tienes malas vetas tú, Everilda, más ganga que otra cosa en lo que es la propia veta del metal precioso. Entreverada mucha ganga, mucho filamento de gangas inservibles, irresponsables, que no se van por mucho que la laves y la laves a base de cedazos, chorros de agua, no se van. Se quedan cascarilladas a lo largo del oro, como un polvo del color mismo del metal que engaña, igual que tú, Everilda, igual engañas tú. Como las hormigas arrastran una avispa muerta, que cuando quieres recordar ya no está donde estaba y la han llevado troceada al comedero".
Las mismas libertades se toma en lo que se refiere al tiempo, como corresponde a ese concepto de relato oral con formato escrito, de cuento novelado con prolijidad de tesis doctoral: a veces los hechos se nos narran en presente, otras en pasado, y es que, al igual que hacía Henry James, apenas son ocasionales puntos de avance en un discurso divagatorio que precisa de pocas justificaciones. Las hay, no obstante, en esta historia tan jamesiana, de mujer inteligente y rebelde en el punto de bifurcación de su destino, rodeada de fuerzas atrayentes y predecibles, la más poderosa de las cuales pertenece irremediablemente a otro tiempo, en la figura del enamorado muerto al que se reclama con un ardid sobrenatural. Virginia rechaza el mundo fácil y acomodaticio de su pretendiente, y encuentra en los Bárcena la vía de escape hacia una libertad que tan sólo intuye, y para la que precisa de una señal que tal vez ellos le pudiesen proporcionar; el hecho de que al final esa vía se revele como muerta será la causa de un desenlace a un tiempo efectista y simbólico, que seguramente nos habla de muchas mujeres de la época.
Es llamativo, a este respecto, el interés editorial por esa "nueva mujer" que en el cambio del siglo diecinueve al veinte comenzaba a asomarse a la literatura, al menos tres volúmenes de relatos han aparecido recientemente sobre el asunto. A ellos debe sumarse esta novela importante en la trayectoria del escritor y en la narrativa española reciente, que por encima de los interesantes temas que trata tiene algo de reivindicación del lenguaje como creador del mundo en el arte literario. Ese 'fraseo instantáneo', imponente y liberador, frente al mediocre fraseo televisivo de la prosa novelesca contemporánea. Pombo for president.

3 comentarios:

  1. Un análisis exigente. A guardar lo de 'omnisciencia pombiana', perfectamente explicado. Leí hace un tiempo 'Los delitos insignificantes' y veo reflejado lo que explicas. El libro, con un esquema argumental sencillísimo, me atrapo desde la prosa, al alcance de pocos.

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  2. Pues esta novela supone, a mi entender, el techo de su prosa narrativa. El tono es más íntimo y amable que en el caso de "Los delitos insignificantes", donde funcionaba muy bien la tensión cruda de algunas situaciones. En todo caso coincidirás conmigo en que el final de "Los delitos... " es memorable , con esa frase aparentemente desvinculada del resto del libro, sorprendente y rotunda: "Ilegible es el sol desvinculador del mundo".
    Ahora me doy cuenta de algunos puntos en común que tienen ambas novelas, pero que no te comentaré por si te apetece leer 'Virginia', que por cierto te llevo este fin de semana...

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  3. Aunque no sintonizara mucho con la historia paralela de la madre, 'Los delitos insignificantes' es una lectura recomendable. Sí, frase final cortante.

    "Sólo lo desolado, lo apartado, lo perdido, lo inútil, lo monstruoso, lo enfermo, se deja describir ávidamente. El bien es invisible". O tal vez no.

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