lunes, 6 de abril de 2009

"El amor de una mujer generosa", Alice Munro.

De momento puedo hablar sólo del primer relato de este libro, que lleva su mismo título. Se trata en realidad de una nouvelle de ochenta páginas, estructurada en una suerte de capítulos sin aparente conexión cuando empiezas a leerlos, pero que se revelan sopresivamente complementarios. La historia tiene ese aire sureño tan querido por los narradores canadienses. En muchos aspectos me recuerda a 'Resurgir', de Margaret Atwood, sobre todo por el uso de la naturaleza como entorno en apariencia inane pero secretamente hostil. Una paisaje que explica y quizá justifica la deshumanización de buena parte de los personajes, como si su naturaleza racional se hubiese ido desecando al igual que esos árboles arrugados, repletos de nudos y oquedades, que perviven en los bosques sin declinación ni esperanza.
Comienza la historia con el descubrimiento de un cadáver por parte de un grupo de chiquillos, y las decisiones que toman o dejan de tomar a raíz del mismo. Este arranque poderoso nos sitúa en un entorno social de miedos y silencios, de hombres duros y familias acobardadas donde la palabra se pierde en favor de gestos escrupulosamente descritos por una voz narradora distanciada. Pasamos luego a conocer a la 'mujer generosa' del título, una suerte de enfermera vocacional que destaca de inmediato por su posición extraña dentro de ese universo de jaulas de madera, olores antiguos y mezquindades. Precisamente es su diferencia la que le hace contemplar los acontecimientos desde fuera, por muy comprometida que pueda encontrarse emocionalmente -en verdad lo está-, y de ese modo nos implica desde la posición activa que el arte literario exige del lector: nada hay del todo evidente en la narración de Munro, ni el lenguaje ni lo que con él se cuenta. A medida que transcurren las páginas uno va percibiendo tensión, sin que deduzca de dónde procede o adónde se dirige, dada la aparente desconexión de los capítulos, que podrían quedarse en un retrato de costumbres. Y de repente, aparece el giro magistral: pero no al modo de los thrillers de suspense con sus golpes de efecto, sino como consecuencia lógica de algo que estaba ahí, quieto pero vivo, al igual que esos nidos huraños que ocupan las hendeduras del árbol viejo.
El final no es demasiado optimista, la mujer generosa necesita la verdad, aun a costa de su posible inmolación. Y el lector concluye que en el mundo que le retrata Alice Munro poco lugar queda para personas como ella. Así nos habla a veces de la vida la gran literatura.

2 comentarios:

  1. Lo mejor que se puede decir tras leer lo que has escrito es las inmensas ganas que entran de acceder al cuento de Munro. Te sigo recomendando la sutilísima 'Lejos de ella' (Sarah Polley, 2008), basada en otro de sus cuentos.

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  2. Bueno, sobre lo que dices acerca del libro, creo que debería empezar a incluir una cláusula de estilo que se utiliza mucho en mi trabajo: "salvo opinión mejor fundada en Derecho". Y cuando de opinión lectora se trata, no cabe duda de que es la tuya. Gracias y saludos.

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