sábado, 11 de abril de 2009

Corín Tellado.

Esta asturiana encantadora ha fallecido hoy, después de haber escrito cuatro mil novelas con las que proporcionó innumerables horas de entretenimiento a mucha gente. Recuerdo a mi abuela completamente absorta leyendo sus historias, con la luz encendida a altas horas de la noche -ya quisiera uno enganchar así a sus hipotéticos lectores-; recuerdo también cómo iba a cambiar aquellos tomitos en rústica, metidos en una bolsa de plástico, a un quiosco donde por una pequeña cantidad salía tan contenta con otro puñado de novelas que previamente habrían pasado por las manos de decenas de personas, en una suerte de comunión silenciosa con la autora. Uno tiene la impresión de que, siendo tan vasta su obra y contando con millones de lectores en todo el ámbito iberoamericano, nunca fue lo suficientemente reconocida. Tal vez no haya un título suyo que pase a la historia, pero sí todos ellos, en conjunto: "las novelas de Corín". Una avanzada para su tiempo, que mostró a personajes femeninos dueños de su destino en tiempos en que el destino de todos estaba en manos de unos pocos. Vivió una vida sencilla, siempre trabajando y ajena a parabienes y alabanzas, con aquel carácter duro y socarrón que la hizo pasar de manera discreta por unos tiempos en que la celebridad se ha convertido en patología. Por eso hoy merece nuestro reconocimiento. Quizá la sociedad haya ido cambiando, pero siempre quedarán lectores de Corín. Descanse en la paz bien ganada de su innegable lugar en la historia.

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