jueves, 9 de abril de 2009

Siri Hustvedt y Henry James.

Oh, milagro, parece que después de "Elegía por un americano" Siri Hustvedt va a empezar a ser conocida por su nombre, y no simplemente como la mujer de Paul Auster. Nuria ha empezado a leerlo y me dice que es excelente, así que lo cogeré en cuanto ella lo acabe.
Por el momento reproduzco estas interesantes declaraciones suyas en el último número de la revista Quimera, en las que habla de la influencia que el maestro ha ejercido sobre ella:
"(...) bajo la piel nos laten influencias muy distintas. Paul no lleva, por ejemplo, un Henry James dentro de él, mientras que para mí James es muy importante.
-¿Tan influenciada se siente por James?
(...) James me influye de una manera muy consciente, porque escribe constantemente sobre ese desorden emocional que a mí también me interesa, y aborda la ambigüedad en las relaciones con las personas, y tiene esa manera tan especial de complicarse la vida, de dilatar la acción, con un secreto que nunca llega".
Me ha resultado muy agradable esta reivindicación de James en una novelista que está viviendo un momento dulce a raíz de su último libro. Ciertamente, la influencia del maestro es algo fácilmente apreciable en la escritura de determinados autores, pero quizá debería incidirse más en el hecho de que es una influencia postrera, que aparece más como reconocimiento de una afinidad en la manera de abordar la escritura que en cuanto proceso de aprendizaje. La prosa de James y su arte narrativo son, en efecto, la culminación de unos determinados modos de hacer. Pero un narrador o narradora auténticos saben desde qué lugar contemplan el mundo y de qué manera desean contarlo antes de haber leído "La copa dorada", por ejemplo. Eso sí, una vez que la has leído, comprendes adónde querías llegar y donde nunca llegarás; lo grande que es su literatura y lo pequeña que es la tuya; y que, de cualquier modo, es en esa "casa de la novela" (como él mismo decía) donde te sientes bien acogido.

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