miércoles, 22 de julio de 2009

'Zazie en el metro.' El mundo es un lugar loco, colorista y divertido.

Aunque había tenido noticia de esta película por referencias azuleléctricas, y con posterioridad la vaga noción de que se trataba de un título representativo del cine pop, ninguna expectativa podía prever tal estallido de imaginación y humor, que abruma a un espectador descolocado al principio pero en seguida atrapado por su propuesta y cómodo dentro de ella. Bien es cierto que la acumulación de situaciones surrealistas y desternillantes puede fatigar en el último tramo, pero también que muchas de sus escenas serán imposibles de olvidar: entre mis favoritas están el monólogo del tío de Zazie enredado en los hierros de la torre Eiffel, la persecución en la que se alternan refinados ejemplos de slapstick con la encantadora sonrisa mellada de la niña, el grupo de transeúntes que se susurran al oído lo indecible, o la aparición del policía transformado en figurilla filofascista con una proyección de matones a sus espaldas... Las recuerdo ahora y vuelvo a reírme, como haré con muchas otras que seguramente me pasaron desapercibidas cuando la vea por segunda, tercera o vigésimo quinta vez.
Con independencia de su estética pop, tal vez propia de la época, los aciertos de su lenguaje cinematográfico, aun como crisol de modos y maneras preexistentes, perduran con tal viveza que los reconocemos en no pocos ejemplos de cine más comercial: desde las comedias alocadas de un Ben Stiller al surrealismo ibérico de la saga Mortadelo; pero también en ese filón de títulos que siguieron a "Aterriza como puedas", en los que determinados gags, como el de saltarse la coherencia espacio-temporal presentado a los personajes en situaciones iverosímiles, o el de llenar la pantalla de eventos risibles anexos a la escena principal, provocan incontables sorpresas y constantes golpes de humor. Humor irreverente hasta el extremo de que bajo sus bromas se asoma la crítica social, un puñado de temas escabrosos y hasta Sacha Distel, que surge del mobiliario urbano tras un cartel que lo anuncia a él, precisamente.
Por cierto, un inciso para recordar que Morrissey comenzó uno de sus conciertos de la gira de "Ringleader of the tormentors" saliendo al escenario con una careta de ese cantante, y a continuación cogió el micrófono y dijo: "My name is Sacha Distel... Welcome to a evening of french drama". Qué bueno.
Continuando con Zazie, por mucha técnica cinematográfica que desarrollase, o buena cimentación tuviese en la novela de Raymond Queneau, nada habría sido posible sin el carisma y el encanto de los actores: desde esa niña inteligente, mordaz e infinitamente tierna, a su tío, Oscar Wilde redivivo, o a la mujer de éste, paródica representación de una belleza canónica y gélida cuyos primeros planos bastan para dibujarte la sonrisa.
Podéis encontrarla en esa colección de cine de autor editada por la FNAC. Resulta especialmente indicada para este verano español, tan caluroso, pegajoso, borrachuzo y chanclero, es como tomarse uno de aquellos polos que ilusionaban nuestra infancia: el drácula, quizá, o mejor el cola jet. Deliciosos e inolvidables.

1 comentario:

  1. vaya, ¡me alegro de que la hayas visto! como siempre, da gusto lo bien que (d)escribes. feliz verano a lxs tres, bissous

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