sábado, 25 de julio de 2009

'La lluvia antes de caer', de Jonathan Coe (Anagrama).

Me acerqué a este libro sin haber leído nada de la obra anterior del autor, lo que me liberó del prejuicio en su favor relativo al cambio de rumbo temático y estilístico que al parecer supone con respecto a su trayectoria previa de escritor satírico y político. Agradezco, pues, esa ausencia de opinión, que da más valor a la que me inspirado la novela, tan positiva como que puedo colocarla en el podio de las mejores que he leído en este año complicado de mucho tiempo robado y poco para robar.
Parece que el talento de la literatura inglesa va más allá del Dream Team de Anagrama (Ishiguro-Barnes-Kureishi-McEwan-Amis), nombres a los que podríamos añadir descubrimientos más recientes como Sarah Waters o David Lodge (que ya mayorcito ha tenido que escribir sobre el maestro James para ser considerado algo más que un novelista humorístico... Aun así, recomendable para todo el mundo la maravillosa El autor, el autor, un ensayo excepcional sobre la técnica narrativa, El arte de la ficción), junto con alguno en mi opinión bastante menor (Nick Hornby y sus treintañeros irredentos).
'La lluvia antes de caer' es una novela caracterizada, ante todo, por la técnica narrativa empleada: el recurso de la transcripción de una serie de cassetes grabadas por una anciana cercana a la muerte, cuya destinataria es una chica ciega con la que se encuentra unida por una relación que iremos descubriendo. Los monólogos interiores que conforman las grabaciones ocupan la práctica totalidad de la novela, y no están exentos de riesgo, pues podrían haberse hecho cansinos para el lector; todos ellos, además, se fundamentan en la minuciosa descripción -por cuanto se dirigen a una invidente- de una serie de fotografías del pasado. Sin embargo es tal la habilidad del autor que construye con tales cimientos una verdadera intriga sentimental que nos atrapa desde las primeras páginas; y es que las imágenes comentadas operan como disparadores de la memoria, y sirven para que la narradora dé cuenta de los episodios que, en torno a ellas en el tiempo, provocaron determinados efectos en las vidas de los implicados, nunca inocuos. El tono intimista y elegíaco de la voz transparenta su necesidad de transmitir el conocimiento a la vez que se justifica, o justifica a otros. Su posición es en todo momento el de una observadora, en ocasiones excesivamente pasiva y sometida a las inestables voluntades de sus seres queridos. Eso la acaba haciendo cercana al lector, que la percibe a fin de cuentas como una mujer sensible y bienintencionada sin excesiva dificultad: no se trata de un discurso engañoso que merezca desconfianza o interpretación, sino de una vida como cualquier otra, con sus dolores y anhelos. Algunas de las escenas que reconstruye en su memoria a partir de las fotos transmiten tal sensación de verdad, en su sencillez, que será difícil olvidarlas: dos niñas, recién escapadas de casa, durmiendo a la intemperie, en la hierba, mientras contemplan el cielo; un perro que huye en la primera ocasión en que se le deja suelto -qué aprensión me ha entrado al leerlo al pensar en mi pequeña Betty- y que marca de alguna manera el inicio de la edad adulta y sus malos tiempos; y uno de esos instantes de felicidad perfecta: dos mujeres que se aman, y una niña a la que cuidan, en la orilla de la playa. Recuerdos que regresarán en diversas ocasiones a la memoria de la narradora, con ese aroma de lo que fue cierto pero no lo parecía, de tan maravilloso como era, al igual que la lluvia antes de caer surgida de un pensamiento infantil, que existe aunque no sea verdad.
La dulzura con que se desarrolla este ejercicio de memoria permite, a su vez, que los temas en los que se adentra se vayan filtrando en la narración con una discreción que no esconde su relevancia: los malos tratos, la soledad, la vida ardua de los diferentes... Y uno de perfiles especialmente transgresores en esta sociedad en que vivimos: la maternidad no como algo de por sí benéfico, sino con frecuencia tan despiadado como el mayor de los odios de un extraño. Frente a ello -y volvemos a lo comentado en una entrada anterior-, la posibilidad de que existan otros lazos efectivos no necesariamente nacidos "de la sangre" que permitan a una persona desarrollarse en plenitud y llena de cariño. Jonathan Coe, sólo por eso, debería pedir disculpas al episcopado español y a un buen número de nuestras pacíficas y tolerantes "famiglias".
Son tantas las recompensas que esta obra ofrece al lector que no podemos por menos que lamentar el final un tanto forzado, pese a que no llegue a deslucirla del todo. Y es que la historia puede estimarse concluida con la última de las fotografías y su correspondiente descripción grabada, y no parecía necesario salir de ese universo para añadir algún episodio narrativo en el del personaje que había encontrado las cintas, y que al fin y al cabo únicamente participaba como excusa para poner en marcha mecanismo proustiano. Además, los pensamientos que concretamente se le atribuyen en las últimas páginas aparecen desligados con el resto, y su carácter incluso violento rompe el tono precedente sin obtener a cambio ningún rédito artístico. Ocurre, empero, que lo que ya habíamos leído era suficiente, y en seguida olvidamos esta pequeña caída de escritor inseguro, demasiado empeñado en "cerrar" todas las puertas, hasta aquellas que desconocíamos y por lo tanto no necesitábamos.
Pese a ello, recomiendo sinceramente esta novela, que se me figura adecuada para la época veraniega, en que supuestamente la vida adquiere calma y los impulsos se atemperan (acérquese el lector/a por el levante español y comprenderá cuánta ironía hay en esta reflexión).

7 comentarios:

  1. Vaya ritmo de escritura, no hay manera de seguirte! Buenísimas noticias, en todo caso. Análisis técnico impecable, de manual. Y a la vez, una opinión cercana al lector y que no discrimina (ni a los perros, tenías que citar a Betty...).

    Apunto el libro. Sí, siempre queda un regusto amargo cuando una obra con la que has disfutado te deja un epílogo insatisfactorio. Hoy he vuelto a ver 'La lista de Schindler' y me reafirmo en que la película sería redonda si Spielberg la hubiera concluido cuando el rabino apaga la vela y el humo toca el techo de la fábrica.

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  2. Sí, Rafa, te recomiendo esta novela sin duda alguna. Sobre la lista de Schindler, coincido contigo y además he leído en alguna ocasión que se le hacía ese mismo reproche. Era claramente una cuestión política, necesitaba explicar la historia del éxodo israelita en los últimos minutos. En el caso de Jonathan Coe parece una decisión estrictamente narrativa, como de temor a no cerrar bien el libro. Aun así es una maravilla.

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  3. Ya me lo terminé, me ha gustado mucho, lo que más que la protagonista, que sea una ancianita. A mi tampoco me ha gustado el final, pero no creo que desluzca la novela para nada. De todos modos a mi todos estos autores ingleses que nombras de ahora tampoco me emocionan demasiado, de hecho soy incapaz de recordar que libros y de quien he leído. No se si es porque soy mujer :p. Bueno Lodge si que me gusta un montón pero es más mayor.
    Besos.

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  4. Viola, será que no te han gustado, no porque seas mujer, puesto que en otro caso ¿cómo se explica esa especie de enciclopedia musical que tienes en la cabeza?

    Lodge es muy bueno, y también Ishiguro y Barnes, en mi opinión.
    "Nunca me abandones", "Los inconsolables" o "Los restos del día", de Ishiguro, están entre mis favoritos de todos los tiempos.

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  5. que va Francisco si soy muy desmemoriada, no veas, pero no entiendo tu razonamiento, te extraña lo de ser mujer y la música ??.
    Me apunto tus recomendaciones... a que me he leído los malos :p
    besos, buen final de semana

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  6. Viooola con lo de la memoria me refería a que si recuerdas tantos discos lo mismo te pasará con los libros, así que si no recuerdas algunos es que no te habrán llamado la atención!! Antes muerto o escuchando a Juanes que meterme yo con las mujeres...

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  7. jaja si nunca pensé que te metieras conmigo, no creia necesario especificarlo jaja, pero que va, que no que soy un desastre, de verdad, y cada vez peor :p
    buenas noches

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