viernes, 7 de agosto de 2009

Grandes momentos en la historia del pop (capítulo primero).

1.- Jarvis Cocker boicotea una actuación televisiva de Michael Jackson. Un toque de angostura en un cóctel excesivamente empalagoso:


Ocurrió en la entrega de los Brit Awards en 1996. Michael Jackson participaba en la ceremonia interpretando su single 'Planet earth'. Una aclaración previa: los o las siempre amables y nunca suspicaces lectores/as sabrán por entradas previas de este blog acerca de mi adoración por Jacko, así que no soy sospechoso de haberle tenido especial manía, sino todo lo contrario. Precisamente el considerarme un seguidor antiguo y leal me habilita para criticar sus excesos. Y aquella actuación, perdónenme los fans, era de los más graves. La canción ya es durilla de soportar, uno de esos himnos infantiloides que acaba en una catarsis de gritos roncos, coros gospel, etc. Pero es que la puesta en escena resultaba completamente inenarrable, aunque intentaré relatarla (como en el vídeo que incluyo en este post sólo aparece el momento divertido, os invito a buscarlo completo en youtube). La cosa duraba nada menos que nueve minutos. El escenario estaba a oscuras, y aparecía una enorme luna llena al fondo. Jacko surgía entre humos y ventiladores, con melena al viento como era habitual, e iniciaba su canción entre forzadísimas expresiones de lástima y dolor por el planeta tierra, que era de lo que iba la letra. Hasta ahí el asunto iba más o menos bien, pero entonces empiezan a salir niños, adultos y abuelillos de la misma luna, cada uno de una raza poco más o menos, y todos vienen llorando, al tiempo que hacen los coros de la canción. En el momento de máxima intensidad dramática, Jacko se sube a una plataforma móvil y empieza a bailotear con sus típicos gestos. Al final desciende de los cielos, se quita toda la ropa negra que lleva y se mezcla entre la gente como un ángel, vestido de blanco y luminoso, y todos los niños, adultos y abuelillos acuden a abrazarlo uno a uno y posan para la cámara sonriendo: una nena india, un negrillo, un rabino, un matrimonio con hijos que haría las delicias de la COPE, etc.


Por allí andaba Jarvis Cocker, por entonces líder del grupo Pulp. Y debió de quedarse atónito y avergonzado ante el espectáculo, como nos ocurre ahora, a años vista. Así que pensó que aquello no había hijomadre que lo aguantase, y salió al escenario: se mezcló entre los figurantes, hizo gestos de todo tipo, mientras un par de guardaespaldas trataban de sacarlo afuera, correteó por la escena, dibujó su silueta en la luna de las narices braceando como un loco, y al parecer, aunque por desgracia eso no lo recoge el vídeo, ¡¡le tocó el culo al propio Michael Jackson!!.


Qué queréis que os diga. La irreverente invasión de Cocker se agradece. Quizá gracias a ella la trayectoria de Jacko continúa siendo admirable, porque esa actuación habría hecho muy dura la revisión de su carrera.


De los niños, los matrimonios y los abuelillos participantes en el número musical hemos tenido alguna noticia posterior: los primeros se han dedicado al terrorismo y el trapicheo, las parejas se han divorciado y han cambiado de sexo, y los abuelillos han terminado sus días en la cárcel por pirómanos, además de que se sospecha que son los autores de los famosos círculos marcianos de los campos ingleses. Es duro sobrevivir a algo así.






2.- 'Wake me up before you go-go', de Wham. Sobran las palabras (o quizá el nudo que se nos pone en la garganta nos priva de ellas):


Este vídeo es responsable de que uno -en contadas ocasiones, eso sí-, se comporte como en la leyenda bíblica, y reniegue por tres veces del pop de los ochenta. Si le comento a alguien que me encanta aquella música y de repente sale a la luz este videoclip, el sudor empieza a bajar a chorros por mi cara, me desanudo la corbata, me tiembla el labio inferior y necesito subirme las gafas con un empujoncillo del dedo en la zona de la nariz. Podemos soportar los primeros minutos de George Michael de saltimbanqui en pijama, su pelo cardado y sus aretes, o esa sonrisa de vendedor de biblias, incluso los guitarrazos estentóreos de Andrew Ridgeley -que nada tienen que ver con la melodía-. Pero todo cambia cuando aparecen con la segunda vestimenta de este vídeo. En el año 1996 los países integrantes de Naciones Unidas presentaron a la Asamblea General una propuesta de modificación del articulado de la Declaración Universal de Derechos Humanos que añadía uno nuevo con el siguiente tenor:


"Todo ser humano tiene el derecho de no sufrir agresiones estéticas insoportables. Para que una manifestación o conducta visualmente apreciable pueda calificarse como agresión estética insoportable se tomará como referencia base el vídeo Wake me up before you go-go, del grupo pop Wham"


Al final no llegó a aprobarse por la oposición de Rusia, pero ahí está como criterio comparativo.


Y es que no ha habido nada, ni siquiera en las Marbellas o los Benidormes, que pueda superar a esa combinación de suéter rosa, short paquetero blanquiazul, calcetinillos y zapatillas de deporte, y a modo de traca final... ¡¡¡guantes amarillos!!! Cuando bailan mezclados con el coro nos ofrecen una espeluznante exhibición de patorras gordas, como una de esas viejas masculinidades que se reúnen los viernes pa' echar un partido de futbito y luego tomar unas birras y hablar de tías, y aparecen en la cancha con sus piernas peludas y la camiseta de Raúl. Para completar el estilismo de manera idónea, el bueno de Andrew Ridgeley se toca la cabeza con un gorro de Rommel, el zorro del desierto. George Michael no lleva gorra porque no había nada que encajase en aquel cardado cementoso.


Y mira tú que la canción es resultona, imposible resistirse a bailotear un poco, pero el vídeo ha quedado grabado a fuego en nuestro cortex cerebral. Todos los teintañeros casi cuarentones que hemos vivido esto deberíamos reunirnos al menos una vez al año para hablar de ello, y echarlo fuera.





3.- Bowie pretende hacerle sombra a Morrissey, fábula de los dos gallos, el corralillo y la espantá:


En 1995 David Bowie acababa de publicar uno de sus discos más experimentales, Outside, que por cierto envejece maravillosamente, por entonces mal recibido entre el público pero bastante mejor en la crítica. Morrissey andaba prácticamente en las mismas, con su Southpaw Grammar recién salido llevando todos los palos posibles (ya hemos visto en una entrada precedente cómo ha "resucitado" ahora). El caso es que alguien planteó la idea de que saliesen de gira juntos, a fin de cuentas Moz era un admirador de Bowie desde su juventud, y el segundo le correspondía, por ejemplo, con la versión (horrorosa, dicho sea de paso) de "I know it's gonna happen someday" en su álbum "Black tie white noise".

Así lo hicieron, ejerciendo Morrissey a modo de telonero. Imaginamos que para tomar esa decisión debía de ser muy consciente de su relativa presencia en el mundo musical por aquel entonces (lo cual dudamos, el ego de Mozzy resiste silencios, bajas ventas y aun invasiones bárbaras), o quizá se trataba simplemene del mucho respeto que guardaba hacia uno de sus mayores ídolos.

Fuese como fuese, todo iba más o menos bien. Hasta que Bowie tiene una idea "genial": en mitad de la interpretación de "Cosmic Dancer" a cargo de Morrissey, él aparecería de repente y lo acompañaría en la canción, lo que debería provocar su retirada gradual del escenario, así como la de sus músicos, para dejar el sitio al Duque Blanco.

A quién se le ocurre. Eso sonaba a "Pascual, haga el favor de recoger la mesa y dejarla lista para el señorito". Quien conozca la timidez de Morrissey, tan grande como el ego al que nos hemos referido, comprenderá que no llegó a provocar una discusión al respecto. Ocurrió así, como vemos en el vídeo (Moz sonríe cuando aparece Bowie y el público empieza a aplaudir cual si dijese: "ahora viene lo bueno"), y una noche debió de pensárselo y llegó a la siguiente conclusión: a tomar por saco. Cogió un coche y desapareció, dejando al parecer colgados a sus propios músicos. Desde entonces los dos gallos no han vuelto a hablarse.

Y Morrissey lo explica de manera natural y calmada en este vídeo, sin aparente rencor. Se trataba únicamente de que aquello no le permitía siquiera despedirse de su público.

Claro que no puede evitar apostillar que Bowie era un gran artista en los setenta... pero no ahora.

Te queremos, Moz.



1 comentario:

  1. Hola, gracias por tu comentario. Estoy fuera estos días y con acceso limitado a internet, pero he entrado en tu blog y me ha encantado. Será uno de mis favoritos a partir de ahora. Veo que tienes una etiqueta dedicada a Mozz, y si he entendido mal estuviste en el Saturday night fever, en Madrid. Nosotros también andábamos por allí. Aún sigue siendo un artista de referencia, aunque quizá ahora debería parar y abrir nuevos caminos musicales o retomar los antiguos ('Vauxhall' o incluso 'Kill uncle').
    Saludos

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