domingo, 30 de agosto de 2009

"Sólo un beso". Ken Loach nos habla de amor con el cuchillo afilado.



Veréis, hay una coña que tenemos en casa, y es que que al abogado y escritorcillo que suscribe le encantan las buenas historias románticas, lo de "buenas" es muy discutible, así que para entendernos diremos que son las que uno no encuentra precisamente en las secciones de "literatura romántica" o "cine romántico"; pues el caso es que cuando veo una de las que me gusta, al final, en la escena culminante, suelo comportarme como un hooligan con su equipo favorito, pero en vez de gritar "gol", aúllo diciendo "¡¡triunfó el amor, triunfó el amor!!". A veces Nuria me sigue en la celebración, con lo que si un juez de familia nos estuviese mirando, inmediatamente nos retiraría la custodia de nuestra perrilla Betty y nos encerraría por enajenación mental definitiva y definitoria.
"Sólo un beso", de Ken Loach, es una de esas películas en las que puedo permitirme festejar los buenos sentimientos a voz en grito. Y me ha entusiasmado en especial porque es obra de un autor caracterizado por el inequívoco contenido político y social de su cinematografía.
Hace poco nos acercamos a ver otra película, "Cinco días en Saigón" cuyo mayor hándicap según la crítica era que no nos hablaba lo suficiente de la miseria de esa ciudad y se limitaba a contar una historia supuestamente "sentimental" sobre unas personas a las que el azar une de manera hermosa e intensa. Se ve que para la intelectualidad europea el amor no es posible en el "tercer mundo", sino sólo las hambrunas y la muerte.
Lo mismo ocurre con el cine de Ken Loach, hubo quien vio en este título una suerte de deserción de sus ideales. ¿El viejo izquierdista contando una historia de amor? Pues sí, pero mucho más que una bonita y nada sensiblera relación entre dos personas provenientes de mundos muy distintos. Loach no podía guardar el cuchillo en su funda y quedarse en la superficie de las cosas. Aquí hay otro gran tema, y un gran tabú contemporáneo, contra el que embiste con objetividad y energía: la religión. Musulmanes y católicos reciben por igual, obviando la corrección política y con la mira puesta en los derechos humanos. Otras de las "instituciones" que derriba con desparpajo es la familia en cuanto guardiana de innobles tradiciones y supuestamente entregada a los amores filiales: aquí se nos muestra a las claras cómo puede ser un nicho de intolerancia, violencia psicológica y el más efectivo instrumento de implantación universal del patriarcado.
Menudo panorama, ¿verdad? Pero no es preocupéis, al final triunfa el amor. Y no sólo eso, sino la libertad individual, la defensa de la dignidad personal, etc. Esta película tiene ya unos años, yo la he conseguido con el periódico "Público". Hacéos con ella y planead una sesión de cine con vuestra pareja o alguien que tenga posibilidades de convertirse en tal. Podeis pedir una pizza y tomaros una(s) cerveza(s). El resto lo ponéis vosotros, que no me tengo yo que ocupar de todo.

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