jueves, 8 de octubre de 2009

Un vistazo al e-book. Que viene el lobo (¿derribará el cercado que contiene al rebaño?).

El dispositivo sobre el que voy a escribir es el SONY PRS-505. Existe un modelo de la misma marca más actualizado, así como unos cuantos de otros fabricantes que se diferencian de éste en algunos detalles más o menos relevantes dependiendo de lo que desee el consumidor. Pero como primera toma de contacto resulta lo suficientemente expresivo del estado de la cuestión y del impacto que pueda causar en el mercado editorial tal como lo conocemos.


Comencemos por las conclusiones que he sacado tras haberlo tenido entre las manos unos cuantos días.



1.- El lector electrónico supondrá, en efecto, una revolución en nuestra manera de leer similar a la que ha supuesto el formato MP3 en nuestra manera de escuchar la música. La tinta electrónica funciona mucho mejor de lo que pensaba, si bien, en el aspecto estético y emocional o perspectivo, nunca podrá igualarse al libro de papel para los verdaderos amantes de la lectura. Imagino que ambas opciones convivirán sin problema, y que habrá textos, sobre todo académicos, que preferiremos tener en e-book, mientras que una buena edición de alguno de nuestros autores favoritos siempre merecerá el dinero que cueste en papel.


2.- Se encuentra, sin embargo, en una primera fase de su evolución en los aspectos puramente técnológicos, fase que se verá superada mes a mes no sólo por las actualizaciones y nuevos modelos que proponga la industria, sino por la previsible intervención de los propios usuarios especialmente capacitados en el aspecto técnico, que con sus soluciones informáticas ad hoc irán adaptando tanto el hardware como el software a las necesidades del lector.


3.- Esta revolución supondrá un cambio en el sector editorial de alcance inimaginable, lo que constituye sin duda el aspecto más interesante de la transformación que se avecina. Y adelanto que, en mi humilde opinión, todo irá a mejor, a mucho mejor. Y por supuesto, no terminará con el libro de papel.


4.- Al igual que ocurre con la música, el sector se puede enfrentar a un gravísimo problema de piratería. Pero, a diferencia de ese primer caso, el mercado editorial parece haberse dado cuenta de que hay que responder antes de que todo se venga abajo por su inacción.

Dos advertencias: la primera, que no incluyo las características técnicas de peso y medidas, que pueden consultarse fácilmente en la web de Sony; y la segunda, pediros disculpas por la escasa calidad de las fotos, que he tomado con el móvil. Os contaré, en cualquier caso, mis impresiones al entrar en contacto con el producto.


Tanto su tamaño como la funda con que se nos presenta recuerdan a las típicas agendas de mano que se regala a los hombres excesivamente serios y aburridos, mal empezamos. El aspecto meramente estético del aparato -éste es plateado, aunque hay en otros colores- tampoco resulta demasiado atractivo, parece una PDA sometida a adelgazamiento y con la pantalla algo más amplia. El menú es bastante aparatoso, se recorre pulsando los botones situados a la derecha, o bien los de dirección que aparecen en la parte de abajo. El cursor, sin embargo, avanza a saltitos, por lo que fácilmente te pasas de opción y debes volver a subir, para en realidad pasarte otra vez. Como veis, han organizado los ficheros por autor, título, fecha y colecciones. Para acceder a los textos con rapidez se exige, por tanto, un cierto esfuerzo previo de etiquetado.








Pero todo esto es cuestión de software, y por lo tanto materia cabiante mes a mes, se irán sucediendo las versiones e imaginamos que Añadir imagenfinalmente la interface se asemejará a la de un móvil o un pc. Pasemos ahora al tema de que en realidad se trata, la lectura, y he aquí la gran sorpresa para quienes desconfiábamos de estos aparatos:






Se lee perfectamente, sin brillos ni reflejos. La llamada "tinta electrónica" consigue un efecto visual semejante al papel en cuanto a comodidad. Aunque pueda resultar extraño al principio, pronto te centras en el texto y se te olvida que los estás leyendo en un artefacto electrónico. Ésa era la principal de mis dudas. Te permite, asimismo, aumentar o disminuir el tamaño de la letra. Ahora bien, un libro en papel en edición rústica -no esos incómodos tomos con tapa dura y sobrecubierta- resulta mucho más manejable y cercano, por lo que desde el punto de vista práctico continuará llevando las de ganar.



El gran problema existente en estos momentos es el de los formatos. Una de las utilidades más directas del e-book consiste en que podamos almacenar y leer en él los numerosos artículos que encontramos en la web en formato word o pdf. Por el momento lo más aconsejable es pasarlos al formato EPUB, que es el más generalizado en esta clase de lectores electrónicos. La cuestión es que, al hacerlo, no siempre el texto transformado respeta la estructura y disposición del inicial. Y el resultado se convierte en algo ilegible, o al menos lo es en alguna de sus partes.



Bubok dispone en su librería virtual de la posibilidad de descargarse los libros directamente en EPUB. Escojamos una novela con el único criterio de que sea de calidad, por ejemplo, Los nuevos, de Francisco Casoledo.







Ha desaparecido el justificado y, aunque no se aprecia en la pantalla, los saltos entre páginas se han descolocado. Se puede leer y seguir el texto perfectamente, pero de cuando en cuando uno se encuentra a mitad de la página con un salto.



Todos estos inconvenientes, insisto, se irán superando gracias al software, por lo que de momento no debemos darles importancia. De hecho, el propio lector de SONY incorpora un programa instalable para manejarlo desde el ordenador que en seguida se revela insuficiente, y el que he utilizado al final procedía de Softonic, cómo no. Algo así ocurría y sigue ocurriendo con Ipod/Itunes. Las deficiencias de este último en cuanto a la organización de los archivos es suplida por otros programas más o menos amateur que las solventan.



Pero lo más importante de la aparición en el mercado del lector electrónico es el impacto que pueda conllevar en el mundo editorial hasta ahora conocido, disfrutado y, en ocasiones, sufrido. Partamos de la certeza de que en el plazo de meses la cuestión de los formatos quedará resuelta, al igual que ha sucedido con los archivos de vídeo que circulan por internet: antes no había manera de reproducirlos por las incompatibilidades entre nuestros lectores caseros y los archivos Divx, Avi, etc. En poco tiempo, sin embargo, eso dejó de ser un problema.



Pues bien, el primero al que deberán enfrentarse nuestras editoriales es el de la piratería. Ignoro cómo se hacen esas cosas, pero lo cierto es que por internet ya circulan las versiones PDF y, por lo tanto, EPUB, de muchos de los best sellers que podemos encontrar ahora en las librerías. Está claro que ese mercado de libros de usar y tirar será el más afectado. Aquellos lectores a las que las editoriales más importantes han dado la espalda, aquellos a los que han tomado por imbéciles, al tratar de venderles basurilla como grandes obras maestras que aunaban "pupularidad y calidad", serán los que permanezcan fieles a sus gustos y principios: no me imagino una gran crisis editorial en Alba, Libros del Asteroide o incluso Anagrama, siempre que siga siendo fiel a sí misma. En cambio, los blockbusters de portada chillona, tapa dura y campaña publicitaria, aparecerán a los pocos días en cualquiera de las redes o programas de intercambio, no lo dudéis. Las editoriales más comerciales no se han esforzado lo más mínimo por cuidar a su público, por transmitirles el amor hacia la literatura y los libros como algo bello, valioso, imprescindible. Siendo así a nadie deberá extrañar que se dispare el ansia acumuladora que ha llevado a preñar los Ipods con cinco mil canciones.



Pero se auguran otras transformaciones de más hondo calado cuyo análisis excede de esta breve entrada, aunque pueden apuntarse: el lector electrónico permite descargar numerosas webs vía RSS, incluidas las de los principales periódicos. Su actualización requiere, en principio, conexión al ordenador, mas no tardará en llegar el momento en que esto ocurra a través de internet, como en los teléfonos móviles. Podríamos estar hablando del inicio del fin de la prensa escrita. En estos días el diario El País nos anunciaba que estará disponible en el modelo de Kindle que Amazon comienza a vender en Europa. Y aquí se encuentra la mayor de las dificultades para los grupos de comunicación que dominaban el mercado hasta ahora: ¿seguiremos quieriendo pagar por leer determinados periódicos con nuestro lector electrónico? Hasta ahora el "efecto papel", comprar la prensa y hojearla mientras nos tomamos un café, era determinante para que tomásemos esa decisión. ¿Pero lo será en el futuro, cuando las fuentes de información ya múltiples se encuentren a nuestra disposición, la mayoría de forma gratuita, en formato de "tinta electrónica"?



Un aviso para navegantes: la legitimidad habrá que ganársela simple y llanamente con los contenidos. Pongo unos ejemplos relacionados con el mundo cultural: a día de hoy, un aficionado medio al teatro sabe que cuando se estrena una obra podrá leer la crítica en los suplementos literario-culturales de dos o tres periódicos. Si hay suerte, el crítico de turno se abrá ocupado de ella, y su opinión resultará de hecho decisiva para su permanencia en cartel. Como cualquier otro monopolio, esto conlleva efectos perversos: dos o tres fulanos se convierten en las personas más poderosas del gremio, capaces de hundir productoras o carreras interpretativas; si a ello unimos que su comportamiento ético pueda presentar ligeras vacilaciones, nos imaginamos ya el servilismo, intercambio de favores, regalitos, etc., que girarán en torno a una aparantemente profesional reseña en un periódico. Segundo ejemplo: mi amigo S. lleva más de veinte años escribiendo una poesía arriesgada, rica, sorprendente y de extraordinaria calidad; al principio remitió alguno de sus libros a unas cuantas editoriales y ni siquera recibió respuesta, así que dejó de hacerlo. Mientras ocupa su tiempo libre en leer y escribir, otras personas, una vez pergeñado algún poema, se constituyen en grupo, asociación y componenda. Seguidamente acuden al concejal de turno, aun por vía indirecta, como fuerzas vivas de las letras y las artes de la ciudad. Y al final cae una subvención, una revista, una plaquette, una participación en un Congreso de poetas nostálgicos o lascivos, da igual, y ya está construida la carrera literaria, y el canon contemporáneo. El que no sale en esos medios, no existe. Al igual que esa gente maleducada y siempre hambrienta que ocupa las mesas de los canapés en un acto público, extienden bien los codos para que nadie se acerque al montadito de jamón serrano.



A la vista de estos ejemplos podemos preguntarnos: ¿seguirán así las cosas cuando las fuentes a las que podamos acudir se multipliquen y sean gratuitas?, ¿seguirán un puñado de personas teniendo el monopolio de decirnos lo que es bueno o malo, lo que se debe leer y lo que no existe?



Hace unos meses asistí a una charla en la que hablaba el director de un conocido sello perteneciente a un gran grupo. Como suele ocurrir, estas nobles gentes no se conforman con administrar los frutos de la finca literaria, sino que desean asimismo controlar el prestigio. En un momento dado tuvo el cuajo de afirmar que estaban convencidos de conocer todo lo que se estaba haciendo en literatura en este país, de modo que lo que no estaba publicado bajo su marca, no merecía realmente la pena. "De hecho, han aparecido iniciativas de autoedición como Bubok... y de ahí no ha salido nada bueno."



Evidentemente, no me sentí aludido porque esa guerra no es la mía. Lo fue a los veinte años, pero no a los treinta y nueve, cuando me gano las habas de muy digna manera y la literatura es mi ámbito insobornable de libertad. Pero sí que se me suscitó una reflexión: ¿puede un autor de Bubok o similar acceder a que su obra sea leída y reseñada en Babelia, ABCD, o cualesquiera otros medios de prensa? La duda ofende, claro que no. Entonces, ¿cómo afirmar que "no ha salido nada bueno" de lo que es imposible que se difunda y se conozca?



De ahí que veamos con esperanza la aparición del lector electrónico. En estos momentos, como aficionado a la música pop, mi guía para conocer las novedades no es ningún periódico, revista o medio escrito, sino la página web jenesaispop. Cada día más acudimos a webs y blogs de crítica de libros o películas a la hora de informarnos y orientarnos sobre los mercados culturales. Imagino que si alguien lee en este humilde "La bestia en la jungla" una reseña de "La lluvia antes de caer", de Jonathan Coe, será consciente de que no la he escrito porque nadie me pague por ello, y que mi opinión, más o menos fundada y acertada, en ningún caso responde a favores, imposiciones o prebendas. Este es el futuro, queridos amigos-enemigos administradores de la finca. A corto plazo, todo estará en nuestro lector de tinta electrónica. Podremos bajarnos obras que se difunden gratuitamente, porque la coartada del "papel" y su presencia en librerías habrá desaparecido. La legitimidad crítica, insisto, habrá que ganársela con rigor y decencia.



El futuro se presenta incierto, apasionante, diverso y, sobre todo, más respetuoso con la inteligencia de aquellos para quienes los libros, la música, el arte, el cine y el teatro constituyen parte fundamental de la vida. Bienvenido el lector de e-books y el mundo nuevo que ayudará a seguir construyendo. Su mera aparición ya ha provocado inquietud y notables simulaciones: es una nueva oportunidad de negocio, lo importante es saberse subir al carro, etc. Pero lo que en realidad les ocurre a los mercaderes del gremio no es que tengan miedo al lobo, sino que derribe el cercado y se les escapen las ovejas que, hasta ahora, proporcionaban su cómodo y bien controlado sustento.

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