domingo, 15 de noviembre de 2009

'Larensia' (Casoledo se compra el 'Hola').

Qué puede hacer un caballero cuando en apenas quince días fallece una persona muy importante para él, se frustran ciertos planes académicos para el año próximo, debe renunciar a presentar su novela a un premio por falta de tiempo cuando llevaba escritas tres cuartas partes, pilla un buen catarro, y el trabajo es más estresante, incisivo, injusto, frustrante y descorazonador que nunca. Pues está claro: comprarse el 'Hola'. La sesión de risoterapia que me proporciona esta revista hace que cada día me resulte más incomprensible que se encuentre en la sección de "corazón" en vez de la de "humor", como El Jueves.

Y es que a los españoles no os puedo dejar solos. Me largo siete días al extranjero ¡y casi se va a tomar por saco el museo Thyssen! Explico la historia, de indudable interés cultural: todo lector/a intelectual conoce perfectamente que a la baronesa le gusta más bien poco su nuera, Blanca Cuesta. A lo largo del pasado año ha expresado ese desagrado mediante toda clase de técnicas sutiles y adecuadas a su posición social, como insinuar que su nieto en realidad no es del bueno de Borja, o sea, que la tal Blanca es una pelandusca, lo que ha motivado nada menos que tres pruebas de paternidad y toda suerte de peleas públicas a través de las revistas. También los acusaba de no pegar un palo al agua, y de vestir y comportarse de forma poco adecuada a su clase (?). Vaya, finos, lo que se dice finos, no eran:






¿Pero no quería elegancia la señora baronesa? ¡¡Pues toma!! Borja se ha calzado un traje oscuro y ha posado con los tomos de legislación Aranzadi a sus espaldas. Ha decidido tomar las riendas de su vida:






¿A que acojona con ese pañuelillo respingón en la solapa? El caso es que el chaval ha descubierto un manuscrito carmesí en el que dice que la herencia (léase larensia) que le corresponde alcanza magnitudes estratosféricas -qué lástima de mi hijo... y mientras tanto él viviendo de baratillo-, y es más, que se la habría estado tangando su madre. Entre otras cosas, medio museo Thyssen, así por encima, sería de este chico y su agradable esposa. De forma que hace unos días se presentó con su abogado y un notario en el museo para exigir la entrega de dos cuadros; concretamente, uno de ellos, un Goya.


Ah, qué grandes momentos brinda la profesión de abogado. Cómo me hubiese gustado ser ese hombre justo que acompañase a Borja en el momento de entrar en el museo y decir: "disculpe usté, haga el favor de llamar al encargado". Esperar luego con ademán impasible y soltarle al gerente: "mire, este cuadro y este otro son de mi cliente, haga el favor de descolgarlos y me los envuelva en papel bueno, que son para llevar".


Al parecer, sorprendentemente, el gerente del Thyssen se negó a entregarle nada, por lo que la trifulca legal irá para largo. Esta es mi foto favorita del reportaje, que yo titularía:


"El joven heredero lee preocupado el codicilo que contiene el fideicomiso"






Claro que gracias a esta otra foto de frente deducimos que los tomos que le han puesto sobre la mesa deben de corresponderse más bien con el pleito "Desatascos Torregrosa contra Tornillería Tulipán", pero la verdad es que el efecto, unido a los volúmenes de amenazante legislación, es estremecedor.



Señora Baronesa, si en el pasado se encadenó usted a los árboles del Paseo del Prado, tal vez deba hacerlo ahora a los cuadros del Museo, aunque para no llegar a tales extremos este modesto letrado se ofrece a representarla frente a su retoño a cambio de una minuta de, pongamos, doce mil millones de euros. Vivan las caenas.

Por cierto... ¿y ahora qué etiqueta le pongo a esta entrada?.... ¿gestión cultural?

4 comentarios:

  1. ay señor, como está el país... puestos a frivolizar solo apuntar, que puede que a la baronesa su nuera no le guste nada ya que seguramente le recordará mucho a lo que ella fue de joven... que la señora baronesa, fue muy golfa...y todos sabemos con que arte hizo fortuna.

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  2. Estudié derecho yo también en la Autónoma, más en tercero para pasar a cuarto me di cuenta que no era mi destino. En clase había una chica cuyo padre que se dedicaba a negocios cárnicos, se colocaba en la boiserie rococó de su salón los libros de macroeconomía del fuentes quintana y demás tomazos encuadernados en símil piel como unica bibliografía de su elegante salonazo. Los Aranzadis quedan también la mar de bien en cualquier despacho y también los Cossío engalanan todo hogar que sepa destacar sobre la masa media social.
    Lo de los Tyssen no tiene nombre, o este chico es un cachondo o tiene madera de actors studio.
    Qué bien está en este nuevo papel sin sus tatuajes y camisetas de tirantas.La madre ahora quiere ir de finolis pero no cuela, sigue siendo caspa pura. El dinero no cambia a esta tipeja.

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  3. Tienes razón, la pobre Tita se ha visto como el retrato pachucho de una Dorian Gray neumática que pasea su juventud y su desparpajo ante ella, se sienta en la mesa familiar, come con los dedos y pide la chequera para comprarle al bebé un biberón de diamante. Demasiado duro de soportar. El caso es que tirando unos de un lado, y otros de otro, nos van a rasgar los lienzos.

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  4. Wodehouse: jaja, es cierto, aquí sólo faltaba el Cossío (por aquello de embestir a la madre, imagino). El caso es que se vistan como se vistan son lo mismo. Es algo que me pasa siempre con los personajes de este tipo de revistas, se mueren por salir en ellas, y de verdad no se imaginan lo ridículos, esperpénticos y graciosos que puden llegar a ser, sobre todo cuando no lo pretenden.

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