sábado, 21 de noviembre de 2009

De tapas literarias y cinematográficas.

Mavis Gallant invita a leer los libros de relatos a saltos, escogiendo uno de ellos, pasando quizá al de otro autor y regresando finalmente a los que llevamos a medias. Este tapeo literario permite que nos paseemos por mundos y estilos diferentes multiplicando el placer de la lectura. Aunque uno prefiera las buenas novelas -tengo la idea de que no todos los autores brillantes aplican el mismo rigor a sus textos cortos que a las obras narrativas que entrarían dentro del concepto "novela"-la verdad es que el mercado editorial español nos ofrece últimamente interesantes posibilidades para irse de tapas. Así lo he hecho en fechas recientes con los siguientes libros:


-"Cuentos europeos", de Doris Lessing, en Lumen: este es uno de esos bocados que prefiero ir aplazando para acudir a él cuando necesite leer sobre seguro. Qué maravillosa escritora, de las que no cabe en las teorizaciones y entomologías literarias al uso, al igual que los grandes narradores antiguos, como Dostoievski, Tolstoi o Balzac. Es tan sensible, humana y directa, sin obviar la seriedad de su compromiso social y político, que trasciende cualquier apreciación técnica. En "La costumbre de amar", un hombre que ama, como anuncia el título, por costumbre, encuentra en su última consquista una representación cabal e insoportable de sí mismo; el resumen de su historia. En "La mujer" la autora nos muestra la rivalidad patética entre dos hombres por una jovencita ante la que alardean de sus biografías, quizá no del todo veraces. "A través del túnel" relata de forma emocionante el reto que un niño se pone por atravesar a nado un túnel entre las rocas de un acantilado, como metáfora del tránsito a la adolescencia y el alejamiento de la madre. Aún me queda mucho libro por leer, y lo estoy conservando como esas cajitas de galletas surtidas que uno devoraba de pequeño, y que tanto duraban (ahora sólo con referirme a ellas ya he engordado doscientos gramos).



-"Con tal de no morir", de Vicente Molina-Foix: el relato que da título al libro es una buena historia de corte fantástico a la manera jamesiana, con humor sutil y pequeño golpe de efecto al final. Sin embargo he leído algún otro con bastante poco vuelo y aires costumbristas, lo que me ha hecho saltar de nuevo sobre seguro y acudir a Alice Munro. Su último libro publicado en España, "El progreso del amor", data de mediados de los ochenta, y presenta las virtudes características de la casa. Sus relatos resultan en apariencia deslavazados, apuntan hacia caminos que se pierden pero al final se retoman con el mismo tono pausado y ajeno a efectismos habitual en Munro. Al igual que Lessing, es una narradora que transmite eso tan impreciso y, sin embargo, tangible que podemos llamar humanidad. Quizá la clave existe en que hay escritores que profundizan en sus personajes y sus historias, sin que nada de ello sea incompatible con una técnica refinada, mientras que otros, como si cumplimentasen un impreso de solicitud de prestigio, se mueven mejor en la literatura referencial precisada de muletas, pesudoensayística y cobardona. Con los años cada vez más me atrae la narrativa enraizada en la vida, y menos la que se alimenta del propio arte.


El cine parece que va remontando el vuelo, y de un tiempo acá nos ha ofrecido alguna cosa interesante. Comienzo por las dos mejores:


-"El secreto de sus ojos", de Juan José Campanella. Irene nos comentó la semana pasada que merecía la pena, así que no tardamos mucho en verla, y tenía razón nuestra amiguilla azul y eléctrica. En verdad es excepcional, sin duda la mejor de los útimos tiempos. Alejándose un poco del ensimismamiento sentimental de su obra precedente, el director se acomoda a una estructura de thriller criminal y político sin renunciar a su personal visión de las relaciones personales y los conflictos íntimos de los personajes. Espléndido ejemplo de que se puede hacer cine de autor dentro del molde de un género. Los personajes saltan de la sartén con una reparto de actores impecables. Es cierto que Darín cansa, pero porque siempre lo hace todo bien, como los mejores De Niro y Pacino de sus comienzos. Los diálogos son brillantes, algunas escenas, poderosísimas (el marido que espera un azar en la estación, la aterradora situación que resuelve la película -genial por lo contenida, aunque pudiera habérsele ido la mano-, o la amenazante presencia del asesino en un ascensor, acompañando a los protagonistas e intimidándolos en silencio), y en general todo encaja bien, incluso la historia de amor a la que el director no podía renunciar. Bueno, y los espectadores, tampoco. Más allá de la historia que nos cuenta esta la fotografía de un país corrupto y militarizado, donde sólo la indiferencia es garantía de estabilidad.


-"Moon", de Duncan Jones, o sea, Zowie Bowie. Él mismo reconoce con gracia que deberá esperar hasta la cuarta o quinta película para que no le recuerden que es el hijo de David Bowie. Otro ejemplo de cine de autor dentro de un género. El argumento es muy sugerente, y tiene en común con la anterior que manteniéndonos intrigados y entretenidos dentro de la lógica narrativa de una odisea espacial nos habla de cuestiones mucho más profundas: la explotación laboral, nada menos, la pérdida de identidad de los trabajadores y su reducción a un número intercambiable en la jungla globalizada y multinacional. Brillante e irónico resulta que la empresa en cuestión se dedique a proporcionar "energía limpia", en cuantas ocasiones esas grandes sociedades mercantiles que nos venden una vida mejor lo hacen a costa de muchas "insignificantes" vidas. La película, en añadidura, nos presenta a un director sobrio y puntilloso que esperamos resista a la tentación de una carrera vulgar y millonaria. Al igual que hizo su padre, al que echamos de menos, dicho sea de paso. Gran película para iniciar una trayectoria artística. Nos recuerda a algo, claro... Control tierra a Mayor Tom...


Un escalón por debajo, aunque mereciendo la pena, se encuentran "Si la cosa funciona", la última de Woody Allen, que tiene algo de remake de su propio cine, y quizá por eso te hace reír y pasar un buen rato. Tras el desastre de Vicky Cristina Me Lo LLevo Calentito de Barcelona Woody ha vuelto a lo que sabe hacer bien, y aunque a estas alturas no podamos pedirle más, es suficiente lo que nos ofrece. "Un buen hombre", película española de Juan Martínez Moreno, parte de una fascinante idea argumental que luego explota con irregularidad. Me atrajo porque se aproximaba al mundo del derecho y su antiguo conflicto con la moral, en especial cuando se trata de moral religiosa. Asimismo explora los límites de la lealtad frente a la justicia, la absurda confraternización masculina frente a ellas y las intrigas académicas, un pelín pasadas de vueltas. El problema es que se le va un poco la mano en detalles mínimos de coherencia narrativa: algunas exageraciones (¿tanto crímen por una cátedra? Hubiese podido mantenerse en el tema de la amistad) y detalles inverosímiles (lo que rodea al arma del crímen, innecesario por cuanto podía haberse sustituido por una mera conversación entre los cómplices captada por un tercero). Aun así, no deja del todo mal sabor de boca, y apunta vías que deberían ser profundizadas por nuestro cine, con más rigor y menos complejos. "The visitor", película americana dirigida por Thomas McCarthy, es una amable reflexión sobre la inmigración, la diversidad, la experiencia de conocer a lo otros y compartir la vida con ellos. Un tanto tópica en el dibujo del personaje protagonista -un profesor universitario quemado y aburrido-, gana en interés a medida que avanza, quizá porque elude los giros argumentales efectistas. Tiene un pase, y nos hace pensar. No es poco.


Peores películas, ni fú ni fa, son "Radio encubierta" y "New York I love you". Esperaba más de la primera, porque soy fan de los guiones de Richard Curtis, capaz de contarnos historias de amor más grandes que la vida (de las que a mí me gustan, sí, qué pasa) con tono irónico y aire de permanente cachondeo. En esta ocasión hablaba de las emisoras piratas de rock de los años sesenta en Inglaterra, así que el tema me atraía doblemente. Al final, mucha broma adolescente sobre "las tías" y poca cosa más. Decepcionante, aunque algún momento nos divierta lo suficiente para seguir hasta el final. ¡Para cuándo una de esas maravillosas historias de amor!
"New York I love you" es demasiado irregular en comparación con su antecedente parisino, alguna de las historias merecen la pena y están bien rodadas (sobre todo ese episodio que transcurre en un blanco, lujoso y frío hotel donde la memoria, el amor y los fantasmas se encuentran), otras son insustuanciales aunque entretenidas. Lo dicho, ni frío ni calor.


Mención aparte para "El año pasado en Marienbad", que hemos visto en una edición excelente que ha aparecido hace poco. El cine como arte, estética y enigma a la sombra del nouveau roman, narrativa fragmentada, manejo aleatorio del tiempo... Hablar de ella requeriría una entrada completa, pero será otro día. Ahora, con vuestro permiso, niñas y niños, me voy de juicios...

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