miércoles, 2 de diciembre de 2009

Contar o no contar (reflexiones de Rafael Chirbes sobre la escritura diarística ).


Prosigo con mis lecturas recientes, que hasta ahora no he tenido tiempo de comentar en el blog. Uno de los últimos números de la Revista Eñe estaba dedicado a los músicos que escriben. Esa sección, sin embargo, no era no mucho menos la mejor del tomo. Los relatos de Nixon o Coppini, a los que admiro como cantantes, provocaban directamente vergüenza ajena, en el fondo y la forma. Nacho Canut se salvaba por poco y Víctor Coyote acertaba más, quizá también porque arriesgaba menos, al limitarse a rememorar la figura surrealista, divertida y trágica a un tiempo de Poch con un mínimo de madurez. Nada que objetar, por supuesto, a que los músicos escriban; por mucho que nos quieran convencer de lo contrario las capillitas culturales, aquí nadie expide "títulos de escritor" -y menos el abajo firmante-. Pero deberían encarar la tarea con un mínimo de exigencia y rigor, aunque se trate de textos de encargo, sencillos y sin pretensiones. Incluso eso requiere una concentración, como bien se pone de manifiesto con el texto de Rafal Chirbes que los antecede. Hago un inciso para recordar una entrevista reciente con Robe Iniesta, de Extremoduro, que acaba de publicar su primera novela. No la he leído, tal vez no me atrae porque no siento demasida afinidad hacia la música de su banda, y sin embargo tras leer sus declaraciones no puedo sino manifestarle respeto. Habla con humildad y amor hacia las palabras, refleja lo muy en serio que se tomó la escritura e incluso cuenta que se puso a estudiar ortografía y gramática en la UNED porque quería conocer las reglas, aunque fuese para romperlas. Algunos de los incluidos en ese número de Eñe ha tirado de lápiz u ordenador con desparpajo cercano en la ignorancia más temeraria.
No obstante, como ya he adelantado, el libro merece la pena por los fragmentos del diario de Rafael Chirbes que lo abren. Un autor de su talla, de probada calidad narrativa -aunque Crematorio no me haya terminado de convencer-, desnuda en esas páginas sus miedos, dudas y bloqueos de escritor. Leyéndolas tomamos conocimiento del rigor con que afronta su oficio, y de la real dificultad del mismo, aunque se desarrolle en soledad, carente de presiones externas -no es un autor sometido a plazos y cifras de ventas-. No hay duda de que ya basta con las propias.
Una de sus reflexiones alude al para qué de la escritura diarística. No es difícil aplicar tales interrogaciones a un blog como éste. Citando a Carmen Martín Gaite, Chirbes se queda con la respuesta que ella le dio un buen día: simplemente, para que conste. Estoy de acuerdo con ello. Podemos decir y reconocer que intervienen otros factores más cuestionables, unas dosis de ego, de afán de comunicación, de rastreo de afininidades, pero ninguna de ellas es clave. De hecho, cuando alguna destaca sobre las otras, el desajuste se nota a la legua, y se refleja en esas bitácoras absurdas en los que la gente juega a ser "especial", enigmática o supuestamente provocadora, tomándose siempre muy en serio, y que te causan el mismo efecto que la contemplación de los tristes frikis televisivos que se mueren por un minuto de pantalla. Pensando acerca de todo esto, a raíz de la lectura del diario de Chirbes, me doy cuenta de que en mi caso nunca existe una real voluntad de exhibición, aunque a veces asome el ámbito íntimo de mis pensamientos o preocupaciones. Escribo lo que me apetece sobre cualquier tema que me interese. A veces queda fino y gafapasta, otras vulgar y ligeramente cateto. Pero, curiosa y contradictoriamente, el efecto que te produce el comentario de alguien que te ha leído es precisamente el pudor.
Al final, Martín-Gaite lleva razón. Se hace simplemente para que conste. Que conste a otros, sí, pero en primer lugar a nosotros mismos. Para que sea nuestro punto de referencia, para no perder el norte de nuestros propósitos. Brújula y mapa al mismo tiempo. Compañía deseada y obligación autoimpuesta. Orgullo y vergüenza. Tarea de años que consignará, con la fidelidad que queramos darle en cada momento, nuestras pequeñas o grandes vidas.
Quizá me he planteado todo esto a raíz de una sección de entradas que voy a ir incluyendo en el blog y en las que nunca podré referirme, como hago casi siempre, al escurridizo/a y siempre amable lector/a, a quien debo mi agradecimiento. Se trata de una serie de apuntes en los que iré anotando mis peleas, pánicos, euforias y temblores con el libro que estoy escribiendo. A menudo incluirán siglas y claves, y su destinatario, mucho me temo, seré yo de manera seguramente exclusiva, por lo que de antemano pido disculpas a quien corresponda. La verdad es que siempre lo he hecho, no puedo salir sin mi cuaderno encima, soy un particular fetichista de los cuadernos y los bolígrafos sencillos pero bonitos, maniático con los colores y las formas hasta un extremo que mejor no sacar a la luz. En ellos han ido creciendo mis proyectos de escritura narrativa, en incluso las ideas para los blogs. También me gusta leer los de otros escritores, en especial los del maestro James, que se han reeditado este mes en Destino porque, al parecer, su anterior edición era inencontrable (¡ja! yo la tengo desde hace quince años). La diferencia es que, ahora, gracias a internet, lo que antes era estrictamente privado pasa de repente al ámbito público, quizá por el atractivo de que sea accesible desde cualquier parte, o la posibilidad de recibir cierta respuesta.
Pero la motivación última sigue siendo la misma.
¿Para qué empezar, pues, esos apuntes?
Para que conste.

2 comentarios:

  1. Brillantísima y con ideas muy despejadas en esta entrada. Sin desperdicio. Este parrafo es sublime: "De hecho, cuando alguna destaca sobre las otras, el desajuste se nota a la legua, y se refleja en esas bitácoras absurdas en los que la gente juega a ser "especial", enigmática o supuestamente provocadora, tomándose siempre muy en serio, y que te causan el mismo efecto que la contemplación de los tristes frikis televisivos que se mueren por un minuto de pantalla."
    El pudor es lo que a muchos nos impide escribir, el respeto y la vergüenza ajena que sentírían otros ante nuestra supuesta obra.
    Magnifica la entrada de hoy. Boquiabierta. besos.

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  2. Gracias por tu comentario, muy amable. Tus bitácoras son precisamente un ejemplo de lo contrario a lo que se describe en ese párrafo, ya se trate de algo cultural o personal, siempre transmiten verdad. Saludos.

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