31 de diciembre de 2009
Fin de año.
22 de diciembre de 2009
'Los papeles de Aspern' y 'Cuadernos de notas', de Henry James. El maestro, lugar seguro.
Vuelve el maestro al mercado editorial español por Navidad. Siempre ha estado y estará ahí, con nuevas publicaciones y reediciones de clásicos, y siempre acudimos a él cuando se hace necesario tomar fuerzas literarias en lugar seguro. Seguro no quiere decir previsible, ni aburrido, bien al contrario su obra continúa marcando las cotas más altas en la historia de este noble arte, y siempre es un placer, además de una experiencia formativa y enriquecedora, acudir a sus páginas.
resistirme a hacerme con ésta, bastante más cuidada. El libro es uno de los mayores tesoros que un autor, quizá involuntariamente, puede legar a la posterioridad. Releerlos ahora me produce la misma excitación que experimenté de joven, cuando después de acabar cada una de sus obras mayores acudía a este volumen para rastrear de alguna forma la carpintería de tan brillantes creaciones. Aparece aquí el observador patológico, que atrapa las ideas como un cazador de mariposas, fascinado por su belleza e interrogado por sus posibilidades; vemos al autor reflexionar sobre la escritura, en lo concreto -las dificultades para encarar un proyecto- o en lo más abstracto; nos divierten las retahílas de nombres que se le ocurren para personajes, y el grado de elusión que alcanza para nombrar lo innombrable. Henry James deambulaba de cena en cena, de salón en salón, en pos de una idea. Parecía, en su comportamiento social, más interesado en el arte que en las personas; sin embargo son éstas, en toda su profunda humanidad, en sus más sutiles sentimientos y oscuras inteligencias, las que cimientan sus libros. La dicotomía siempre irresuelta entre arte y vida, testimoniada en estos extraordinarios cuadernos de notas, de lectura insoslayable para cualquier interesado/a en la creación artística.'Taking Woodstock', de Ang Lee.
En primer lugar, me gustaría que alguien pudiese explicarme por qué esta película ha pasado en apenas un suspiro por la cartelera española. Ang Lee es un director lo suficientemente prestigioso para que no hubiese ocurrido así, y sin embargo, misterios de la distribución, verla en las salas resultó más difícil que ser afortunado hoy con la lotería de los coj**** (sí, ésa que siempre te obliga alguien a comprar en el trabajo, alguien que siempre suspira y resopla diciendo "último año que me ocupo de esto"... hasta el año siguiente, cuando te aparece con doce papeletas distintas de cofradías diversas...). La intrahistoria de aquel hecho irrepetible se narra a través de otra bien distinta: la emancipación de un muchacho voluntarioso sometido a una trama familiar de mezquindades y codicias. Cada paso de los que da va en esa dirección, aunque en apariencia se trate de organizar el festival. En este sentido, es significativo que al final nunca llegue a ver una sola de las actuaciones, en una especie de guiño al agrimensor K que vagaba de un personaje a otro sin poder entrar nunca en el castillo.
21 de diciembre de 2009
'Poupée de cire, poupée de son.'
Esta canción, que de alguna forma ocupa un lugar importante en la novela corta "El hombre que espera", culpable de mis madrugones, me acompaña estos días. Suena, por así decirlo, al principio y al final del arco temporal que marca la vida de uno de sus personajes. Me gusta esta versión de Nosoträsh (vuelvo a incidir en el arte y la grandeza asturiana, qué ye, ho...).
"Diaro de un antimenfotista." Daniel Simón Plá nos saca los colores.
Llevo unos pocos años viviendo en Alicante, y acabo de descubrir que no la conocía. Si algo caracterizaba mi opinión sobre esta ciudad era que se trataba de un "yermo cultural" de primerísima magnitud, en especial si la comparaba con otras. Los escasos eventos a los que he asistido en estos años tenían, aunque sólo ahora me he dado cuenta, un aspecto en común: una cabeza llena de rizos que se paseaba de un lado a otro organizándolo todo. 'Minuto de silencio', un Siegfried Lenz menor.
Siegfried Lenz es uno de los grandes narradores en lengua alemana, poco traducido sin embargo al castellano a pesar de haber escrito una de las novelas fundamentales del siglo pasado, "Lección de alemán", donde con un lenguaje denso e introspectivo reflexionaba sobre la autoridad, la infancia y el arte como cauce de libertad y contestación, todo ello alrededor de una anécdota mínima, concretamente una redacción escolar sobre "la alegría del deber" que debía realizar el personaje protagonista, y que ponía en marcha los mecanismos de su memoria. "Slow attack", de Brett Anderson. La madurez brillante de un inesperado artesano.
Suede aparecieron a finales de los ochenta como una alternativa glam, gamberra y queer a los extintos Smiths. Como todos los buenos grupos de pop, más allá de su imagen estaba la calidad de sus canciones: Animal Nitrate, The wild ones, She's in fashion, The beautiful ones... Himnos inolvidables cantados por la voz chillona de Brett Anderson, divinidad andrógina de los noventa que hizo del exceso y la boutade señales identitarias. Un cruce entre el Bowie de los primeros años y el Mozz de los gladiolos, con música más pegadiza y quizá menos arriesgada.
Pasó el tiempo, y ahora Brett Anderson ha superado los cuarenta, está casado y vive alejado un poco del ruido de la ciudad y la noche. Suele ocurrir. Como también suele ocurrir que esas
circunstancias, unidas a la experimentación de nuevas vías creativas, se identifiquen de inmediato con el aburguesamiento o la mediocridad. Qué le vamos a hacer, los blogs y revistas musicales están llenos de universitarios pajilleros a los que las alianzas de boda y las campiñas les suenan a aburrimiento marciano. En el fondo es un mero problema de base cultural -musical, literaria, artística, cinematográfica-. La historia nos ha ofrecido ya los suficientes ejemplos de creadores excelsos que no deambulaban precisamente por el lado salvaje de la vida (sostener que el arte está necesariamente ligado a eso es como decir que también lo está al consumo de tomates cherry), pero no merece la pena detenerse en ello, como tampoco en que cada edad, y cada situación, proyecta su reflejo en lo que se crea. La clave se encuentra en que ésto tenga la suficiente calidad, y cuando existe esa base a la que he hecho referencia, es raro que no la tenga.
Brett Anderson ya no hace pop-rock con el que dar saltos en los conciertos, aunque podría haber sido así -fijémonos en Mozz, más potente que nunca-. La línea que explora es aquella que se apuntaba precisamente en temas como "The wild ones", canciones tiernas, solemnes, sensibles, apoyadas en hermosas melodías de piano o guitarra, con arreglos de cuerda a veces, y una voz que recuerda tanto al icono que fue como lo supera el artista maduro en que se ha convertido.
Tras una breve andadura con "The tears" publicó su primer álbum -homónimo- en solitario, donde incluía una de las mejores canciones que ha escrito: "Love is dead". El segundo disco, "Wilderness" (2008) supuso un avance en la búsqueda de la melodía perfecta por la vía de la desnudez musical y emocional, temas minimalistas, de tan sólo voz y piano muchos de ellos, que recibieron todos los palos posibles de los eruditos musicales veinteañeros rebeldes con paga paterna (¡maduritos al poder...! ¿Se nota mucho que respiro por la herida?). Ahora parece "Slow attack", donde se consolida su nueva voz como artista, aunque arropado esta vez por mayor instrumentación, en un proceso que él mismo califica como de "desmantelamiento de su ego". "The hunted" es uno de sus mejores temas, aquí os lo dejo:
Me ha gustado leer en su web que, una vez acabado el disco, fue a escucharlo mientras paseaba sus perros por el parque, y habla de él con la sinceridad de un verdadero creador: no es la obra perfecta que siempre anda buscando, pero algunos de sus temas se encuentran entre lo más destacable de su carrera, y poco más puede pedir.
También a mí me gusta escucharlo cuando paseo a Betty, y cuando escribo por las mañanas tratando de alcanzar una meta artística a la que, como mucho, sólo llego a aproximarme. Este trabajo de Brett Anderson me ayuda a creer en ello, y me hace más feliz el camino. Gracias.
20 de diciembre de 2009
Lo mejor del año... o lo menos malo (Casoledo recae en la patológica confección de listas). Buenos propósitos para 2010.
1.- 'La lluvia antes de caer', de Jonathan Coe: excelente literatura intimista hecha a golpe de memoria rescatada por un puñado de fotografías. Cada una de ellas -cada capítulo- añade profundida y enigma a los personajes en una construcción impecable. El autor, un descubrimiento.
2.- 'Deseo de ser punk', de Belén Gopegui: la narradora más hábil e inteligente del triste panorama español, capaz de "colar" dentro del sistema artefactos tan peligrosos como este. Claro que el sistema ya no se preocupa de desactivar a los artefactos, habiendo desactivado a las personas que podrían acceder a ellos. En todo caso, alta literatura con voz adolescente y música ruidosa y retadora.
3.- 'Virginia o el interior del mundo', de Alvaro Pombo: la más jamesiana de sus novelas, lo que de por sí hace obvia cualquier consideración. Un esfuerzo creativo y lingüístico que quizá no se esperaba en un autor de su edad y trayectoria, máxime después de haber obtenido el premio (?) Planeta. Deberían aprender otros (lo digo por Paul Auster... Nuria es una fiel lectora suya y me dice que la última, Invisible, es inmpresentable).
Pelis (y series de televisión): tengo que incluir series de TV porque el cine da miedo de lo escasito que anda de calidad. Ya se va hartando uno de expectativas, críticas mercenarias y campañas de publicidad (incluida la publicidad cultureta) para que luego uno sienta que le han tomado el pelo.
1.- Lost (5ª temporada): el argumento ya a nadie le importa, son tantas las horas de diversión, emoción y sorpresa que da igual cómo acabe, sólo ha lugar al agradecimiento. Eso sí, un fogonazo de luz al final nos ha dejado sin aliento a la espera de la sexta y última temporada. De la quinta me quedo con el comienzo de aquel capítulo en que conocemos al personaje Jacob. Está conversando en la playa con otro, de repente el plano se abre... y aparece la estatua gigante. Me dio tal vértigo que quedé clavado en el asiento. Han sido tantos momentos... Que no se acabe nunca, por favor. Todos los frikis del mundo nos ofrecemos para seguir creando argumentos.
2.- Moon, de Duncan Jones: la sorpresa del año, cine de ciencia ficción que como todo buen cine nos habla más de nuestro mundo que de otros imaginarios. Una dirección comedida para una historia que bastaba por sí sola.
3.- Mad Men: aquí incumplo un poco las reglas de mi lista, porque acabo de descubrirla y estoy con la primera temporada, pero en poco tiempo me pondré al día, así que consideremos que ya estoy a la altura de la producción reciente. Estética fascinante, diálogos de una agudeza inédita en televisión, tramas sutiles, personajes complejos, machismo en estado puro, y una descripción tan cabal del capitalismo que nacía y se ha instalado entre nosotros por los siglos de los siglos (amén no... ¡¡revolución!!) que parece increíble que se trate de un programa de televisión. Pero vuelvo a lo de Gopegui: no hace falta desactivar el producto... se ha desactivado al receptor.
1.- Years of Refusal, de Morrissey: después del escepticismo que provocó Ringleader... y lo continuistas que sonaban en la gira los temas nuevos con respecto a los de aquel disco, nadie daba un duro por Refusal. Pero lo ha vuelto a hacer, y el nuevo puñado de canciones se puede colocar en lo alto de los tres últimos álbumes de estudio (Quarry tenía grandes logros, pero era demasiado irregular).
2.- God help the girl, de Stuart Murdoch: uno de esos discos que continuaré escuchando dentro de muchos años, no me canso de recomendarlo, es una maravilla. Ahora, por cierto, acaba de aparecer un EP, Stills, con unos cuantos temas que no habían entrado en el otro. Son igualmente soberbios, se pueden adquirir sólo en Itunes, pero merece la pena. La obra de un autor respetuoso con su arte y con el público al que lo destina. Un canto de amor a la música pop.
- Completar "Zonas de sombra (tres novelas cortas)". Ahora trabajo en la revisión de "El hombre que espera", y espero hacer lo mismo en el primer trimestre con "Apuntes para juna biografía del profesor Faure". Los tendré una temporada individualmente en Bubok, no obstante.
- Completar "Junto al fuego", colección de relatos de no demasiada extensión (salvo el que lleva el mismo título, que será más bien una novela corta, pero que encajará en este libro) con una cierta unidad temática. Dependiendo del número de páginas -no quiero un tomo muy pesado- me plantearé reunirlo con el anterior en un solo libro. Espero que JAF esté acabado para finales de año. Luego vendrá mi novela "de mujeres" ('UMBH') (no "para mujeres", sino que todos los personajes son femeninos y tienen determinado sentido relacionado con lo que llamamos "género"), donde se menciona la Era del Caos en una de sus secciones. Y durante los próximos años de mi vida, si hay suerte, narraré en al menos cuatro novelas ese Caos. UMBH me llevará, imagino, 2011 y 2012 como poco, tiempo durante el que tendré abandonada la narrativa corta. Pero ya estoy yendo demasiado lejos...
- Reunir en un tomo los textos del blog de carácter estríctamente crítico, no personal. Me gustaría irlo haciendo así para conservar estos escritos más allá de la red. Requeriría un trabajo de edición que llevaría bastante tiempo, así que se irá haciendo como se pueda. El título sería probablemente "Diario de la bestia vol. 1", y la idea es irlos elaborando cada año o año y medio.
2.- Literarios (lecturas): los tomos de Proust en la traducción de Mauro Armiño tienen que caer este año sí o sí. Y ya puestos, los cuatro de "Una danza para la música del tiempo", de Anthony Powell. Es buena idea centrarse en ellos en vez de leer más novelas de menor tamaño. Además, es una apuesta segura, verdaderas cumbres de la literatura. el año pasado, con tanto viaje a Madrid, renuncié a ello por poco práctico. Pero ahora pienso que me atreveré. También me gustaría retomar la poesía (tengo algunas cosas buenas recientes) y el ensayo cultural (ahí está 'La distinción' de Bourdieu como una laguna inaplazable, muchos libros de gestión cultural pendientes...).
3.- Musicales (conciertos): 2007 y 2008 fueron los años de los conciertos. Morrissey, Los Planetas, Astrud, Jay-Jay Johanson, Rufus Wainwright, Pet Shop Boys, Nosoträsh, Pauline en la Playa, La Casa Azul... ¡hasta los Duranis! Echo de menos esa emoción, ni uno solo ha caído en 2009 (también es que se nos ha complicado la vida con los estudios y tal). 2010 empezará con la Cola Jet Set, y espero que sea una señal de buenos tiempos, aunque me temo que nuestros artistas favoritos no andarán de gira ese año.
4.- Musicales (discos): esto sí que pinta bastante mejor. Nuevos álbumes interesantes seguirá habiendo este año, como todos, así que no hay problema. Pero de mis favoritos se anuncian cuando menos el de La Casa Azul y Duran Duran, sólo con ellos ya me entra el nervio. Y el ámbito de las reediciones va a ser de locura: el resto de Saint Etienne (incluidos Good Humour y Turnpike, con lo buenos que han sido los libretos y los extras de los anteriores me espero lo mejor), algunos de los duranis, y sobre todo... la rareza un tanto friki del So red the rose, de Arcadia, una joya de mi juventud, la elegancia de los nuevos románticos llevada al paroxismo. Con temas extras, remixes y DVD. En febrero. Os daré mucho la lata con él, amables lectores/as.
5.- Cinematográficos y televisivos: la sexta de Lost, Mad Men y las buenas ediciones de clásicos de la FNAC. Poco más se puede esperar. Si hay algo, serán agradables y bien recibidas sorpresas.
6.- Exposiciones, eventos y demás: ahora que me estoy volviendo antimenfotista (véase entrada posterior) intentaré ser coherente con ese propósito, implicarme más y disfrutar mejor de mi ciudad, y por supuesto de todas aquellas que visite. Madrid nunca decepciona en ese sentido, y seguro que 2010 será estupendo, aunque de momento no tengo nada preparado al respecto.
Ya está. Que bonito, qué hermoso.
Luego llegará el trabajo y lo mandará todo a la mierda.
"Las próximas cosechas", de Fran Gayo. Prados y niebla.

18 de diciembre de 2009
'Millennium', de Stieg Larsson... Y ahora qué hacemos sin Micke y Sally.
- En el lado bueno, decir que es una excelente obra de entretenimiento. Como el propio Larsson comentaba en su correspondencia, el tono y la atmósfera de cada uno de los tres libros es distinto, aun dentro del género detectivesco o de novela negra, como queramos llamarlo. Si la primera historia tenía algo de las retorcidas especulaciones de Agatha Christie en torno a un puñado de sospechosos, la segunda es un thriller de acción verdaderamente frenético. El tercer tomo, para mí el mejor, encajaría dentro de la novela política o incluso de suspense judicial. Por encima de los concretos argumentos, lo que resulta fascinante y hace adictivos los volúmenes es el carisma de sus personajes, especialmente los femeninos. No sólo Lisbeth, de la que ya he hablado en una entrada anterior, sino la editoria de Millennium, Erika Berger, con su tenacidad y carácter indomable, una verdadera mujer de dirección y gobierno, y por lo tanto discutida e incluso violentada en cuando comienza a ejercer, aun con buena mano, el poder; Mónica Figuerola, la encantadora policía vigoréxica que mata sus nervios sudando en el gimnasio (y sudando con Mikael); Susana Linder, segurata dura y sensible a un tiempo; Annika Giannini, la abogada de Lisbeth y hermana de Mikael, igualmente firme, inteligente y valiente. Todas ellas, en realidad, son las mujeres reales que vemos a diario, y por eso no deja de resultar extraño el atractivo que presentan en la ficción; tal vez se deba, a fin de cuentas, a que estamos tristemente acostumbrados a otras representaciones femeninas: la mujer fatal, el oscuro objeto del deseo, la víctima o la adoratriz... Luego resulta que las chicas con las que convivimos en cualesquiera ámbitos sociales se dedican a algo más que fumar misteriosamente, retorcerse como boas en nuestra presencia y rezumar perlillas de sudor por el amplio escote; aunque el mal cine y la mala literatura traten de perpetuar esa imagen lo cierto es que también trabajan, pelean, crean, deciden y se divierten. Qué triste conclusión, la de que Larsson parezca innovador contándonos semejante obviedad. De una manera u otra se nos hacen cercanas, y nos vemos envueltos en sus peripecias con curiosidad y afecto (más de una vez nos apetece entrar en el libro, ponernos de su lado y liarnos a bofetadas con los malos). En la cúspide de esta robusta y admirable pirámide femenina se encuentra, claro, Lisbeth, que a medida que avanza la narración -y ese es otro acierto de Larsson- se humaniza, deja de ser menos símbolo y adquiere hechuras de persona contradictoria, frágil, empecinada y doliente. En cualquier caso, de poco servirían los personajes bien construidos si la trama de unos libros como éstos no los sustentase: y aquí es donde se encuentra el verdadero virtuosismo del autor, en la obsesiva, casi enloquecida minuciosidad con que nos va relatando las investigaciones paralelas que giran en torno a un escaso puñado de hechos, hechos que arroja sobre las primera páginas de los volúmenes, para después elevarse sobre ellos como un dios que con afán experimentador se distrajese observando el deambular con frecuencia despistado de sus criaturas, e interviniendo en pocas ocasiones -ciertos azares imposibles o reacciones inverosímiles- para que todo llegue a buen término, esto es, al término que desde un principio había establecido. La verdad que transmiten estas novelas es la del amor del autor por su profesión, el periodismo, y su concepción honesta e idealizada de una tarea que estamos habituados a mirar con desconfianza. Larsson creó en la ficción la revista en la que le hubiera gustado trabajar en la realidad, con la ética como guía, ambiciosa en sus objetivos y alcances, capaz de hacer temblar los grandes estamentos de poder aun ha riesgo de verse destruida por ellos. Pocas veces se nos había explicado el trabajo del buen periodista con tanta precisión y, sobre todo, pasión, hasta el punto de que tan relevantes son los hechos que van sucediendo como su reflejo más o menos libre o condicionado en la revista Millennium. No menos puntilloso es en las investigaciones policiales, y todo ello constituye la mayor fuente de entretenimiento de las historias, pues hay que reconocer que la manera en que a veces se resuelven, con escenas de acción que parecen sacadas de viodeojuegos, dejan bastante que desear.
- En el lado malo, algo que ya he tratado en otras entradas y que esta clase de libros de reafirma. De veras que lo he pasado muy bien con ellos, pero lo cierto es que desde su mismo incio, desde su construcción y la elección de sus herramientas, renuncian a esa expresión artística ya antigua que denominamos literatura. No existe trabajo con el lenguaje, ni con el punto de vista, carece de un "narrador" en el sentido técnico del término. Se trata, a fin de cuentas, de contar un cuento, una historia de buenos y malos que nos entretiene, que nos trasmite información -sobre la sociedad sueca y sus oscuros mecanismos, similares en lo peor a los de todas las occidentales-, y que trata de reflejar un sistema de valores propio del autor -en este caso con apariencia de sinceridad, frente a otros artefactos novelísticos "buenistas" que utilizan lo políticamente correcto como estrategia de marketing-. Pero nada más. Uno de los aspectos en que queda reflejada la verdadera altura artística de la propuesta es precisamente aquel que sorprendentemente más se destaca, y que incluso la ha hecho merecedora de un premio: su supuesta denuncia de la violencia de género. Ciertamente que en toda su biografía se transparenta que Larsson era un firme defensor de la igualdad, la justicia social y los derechos de las mujeres. Pero desde luego que estos tres libros no nos dicen nada serio acerca del problema. Para escoger a sus maltratadores acude a ejemplos extremos cercanos a las figuras mitológicas del vampiro, monstruos perfectos, asesinos en serie que no sienten dolor, psicópatas sexuales, pedófilos, sádicos, traficantes de mujeres. Quizá por ello, al igual que en los cómics de superhéroes, tenemos en el lado opuesto a los buenos sin tacha, capaces igualmente de las mayores proezas, que nunca llevan a cabo, no obstante, con facilidad. El mal contra el bien, en abstracto de puro radicales que son sus hacedores. Tan sólo atisbamos ejemplos de la desigualdad y la violencia real que sufre la mitad de los seres humanos en los episodios laborales de Erika Berger (que nos desvelaré por si chafo a alguien la lectura), o en Hans Faste, ese policía empeñado en etiquetar a Lisbeth como "peligrosa asesina lesbiana satánica adicta al BDSM". Causa estupor que en muchas reseñas se diga que estos libros nos revelan a la Suecia real. ¿Está Suecia llena de psicópatas sexuales y el resto de especímenes que he ennumerado en líneas precedentes? Nadie puede hacerse una idea de la situación en ese país en lo que a la violencia de género se refiere con estos ejemplos de malvados de cuento de hadas. En realidad los personajes que más nos enseñan sobre nosotros mismos son aquellos que se encuentran en la zona gris de la escala de bondad-maldad, los que en un momento dado deben hacer frente a sus prejuicios, dudar entre varios caminos, intuir por donde puede andar la verdad; o lo que la descubren, pero se dan cuenta de lo sencillo que sería para ellos dejarla pasar, hacer como que no han visto nada y dejar de complicarse su carrera profesional o sus afectos personales. Ahí sí que nos hemos encontrado todos alguna vez, sentimos su incetidumbre como propia y nos regocijamos cuando toman, finalmente, la salida correcta.
En fin, casi mil quinientas páginas después me quedó un sentimiento de extraña tristeza, qué iba a hacer yo sin Micke y Sally, como si hubiese dejado atrás a unos amigos y supiese que por alguna razón ya no volvería a verlos. Anduve deambulando por internet para compartir con otros esa pérdida, leí testimonios de algunos lectores/as y visité entrañables páginas dedicadas a seguir los pasos de los personajes por el Estocolmo real. En especial tuve la necesidad de encontrar las famosas Billy's Ban Pizzas congeladas que constituían la base de la dieta de Lisbeth.

Pero he de ser sincero: ha pasado una semana y mi sentimiento ya no es exactamente el mismo. Tengo el vago recuerdo de argumentos y percances, y de mi disfrute mientras devoraba páginas. También me acuerdo de Lisbeth, me la imagino enfurruñada delante de su ordenador, metiéndose en más jaleos, y deseo que le vayan las cosas bien.
Sin embargo no puedo olvidar, pese a que hayan pasado meses desde su lectura, la imagen de ese perro que echa a correr en un paraje helado, escena central de "La lluvia antes de caer", de Jonathan Coe, o la rebeldía musical, divertida y aun tiempo lastimosa, de la adolescente de Gopegui en "Deseo de ser punk".
Algo debería poder explicarlo, llamémoslo diferencia entre "literature" o "popular fiction". O simplemente, el inexplicable poder del arte. Todos estos libros, a su manera, lo tienen. Pero unos más que otros.
14 de diciembre de 2009
De los cuadernos de notas de Henry James:
2 de diciembre de 2009
Contar o no contar (reflexiones de Rafael Chirbes sobre la escritura diarística ).

'Segundo matrimonio', de Phillip Lopate (Libros del Asteroide). Relatar la nada.
La editorial Libros del Asteroide es una de esas iniciativas independientes que reciben toda clase de parabienes acerca de su labor. Consiste ésta en realizar excelentes ediciones de libros que en otros países han tenido buena acogida o clásicos más o menos deconocidos en este país. Desde el punto de vista estético los volúmenes son una maravilla, sencillos y manejables pero realmente bonitos. Lo que ocurre es que tales elogios deberían atemperarse de acuerdo con la calidad de su catálogo, a fin de cuentas los riesgos que asumen son mínimos, pues ya apenas quedan editores que se ocupen de lo que ha sido su trabajo connatural a lo largo de la historia: descubrir talentos, ofrecer al público los clásicos del futuro. En España, sin embargo, cada vez hay más empresas que se encargan de vender clásicos del pasado con un envoltorio bonito, y la clave, insisto, es que tanto los libros como los autores realmente lo sean.1 de diciembre de 2009
Ángeles caídos. Jacko y Wilde en sus encrucijadas.
e unos hermanos que con los años van asomando la patita y se convierten en recaudadores de las migajas de Michael, como bien se demuestra ahora. Hago un inciso para referirme a la chapuza intolerable que ha supuesto el polémico lanzamiento del tema "This is it". Con motivo del documental se confeccionó a toda prisa un álbum que tan sólo incluía, una vez más, viejos éxitos del cantante; pero había que incorporar un tema nuevo, de esos supuestamente cientos que están por ahí escondidos, para satisfacer al público deseoso de conocerlos. El caso es que, lejos de rescatar alguna de las grabaciones que había hecho en los últimos años, y que nos darían fe del estado en que se encontraba, recurren a un viejísimo tema coescrito con Paul Anka y cedido en los años ochenta a una cantante medio desconocida, al que añaden unos suntuosos arreglos orquestales que podrían pasar por marca de la casa. Pero el escarnio no podía quedar ahí, y previendo el pelotazo, los entrañables hermanos estraperlistas deciden grabar unos coros y meterlos con calzador. El resultado se deja oír -imposible que nada de Jacko sea realmente malo-, aunque el ridículo fue mayúsculo cuando, justo al salir a la luz, los propios fans encontraron la vieja grabación de la cantante desconocida y descubrieron el pastel. Anécdotas como ésta, a pocos meses de fallecimiento de Michael, nos dan fe de la calaña del personal que lo rodeaba. Y este libro interesante, profundo, pero infinitamente triste, nos explica cómo el artista pudo dar rienda suelta a su megalomanía, su infatilismo, su ignorancia y su absoluta falta de cálculo a pesar de tener en nómina, a lo largo de los años, a decenas y decenas de managers, asesores, abogados -ay madre-, y ayudantes de diversa índole. La tesis del autor es que en algún momento después de Thriller, pongamos a finales de los ochenta, se le fue definitivamente la cabeza. Operaciones de cirugía estética, extravagancias, inseguridades con respecto a su carrera -¿alguien se puede imaginar la presión que supondría grabar Bad?- y, finalmente, el gran problema de las denuncias de abuso a menores. En este aspecto el escritor se muestra prudente -lo que, según confiesa, motivó el rechazo del biografiado y todo su entorno-, a fin de cuentas, nos dice, él no estaba allí dentro para poder afirmar a ciencia cierta lo que pasó. No obstante, tampoco elude incidir en lo que muchos, aun a distancia, hemos defendido durante todos estos años: la insultante incoherencia de los casos que llevaron a Jacko al banquillo. Afortunadamente el autor se explaya en pequeños detalles de los comportamientos de los demandantes, sus historias personales de relación con Michael, las declaraciones testificales... En el segundo juicio, hace pocos años, la inconsistencia de la demanda llegaba a ser de traca. Pero paralelamente refleja el deterioro mental y físico que todo aquel sufrimiento provocó en el artista. Uno de los episodios que para mí resultan más estremecedores del libro, aunque en apariencia no lo sea, ocurre en el momento en que, tras escuchar la sentencia absolutoria del segundo juicio -que Jacko recibió aturdido, seguramente drogado con los mismos tranquilizantes que lo mataron, hasta el punto de que ni siquera llegó a entender que quedaba libre-, un espectador anónimo de la sala de vistas se acerca al autor y le dice: "¿y si de verdad era inocente?". Eso es precisamente lo que nadie se paró a pensar durante aquel decenio de humillación, rechifla y linchamiento públicos. Cada vez que un humorista soltaba en la tele un chiste sobre Jacko y los niños, o que un periodista insinuaba que habría adoptado a tres criaturas para dar rienda suelta a su lascivia, nadie se hacía esa pregunta. ¿Y si de verdad era inocente? Qué le habríamos estado haciendo entonces...
escrita por Richard Ellman o a "Vida y confesiones de Oscar Wilde", de Richard Harris. La primera tiene el mérito académico de la investigación detallada y diríase que completa. La segunda, el valor del testimonio personal, que transmite una cercanía y veracidad con respecto a los hechos que hacen su lectura apasionante. No ocurre así con este "Oscar Wilde en París", tal vez dirigido en exclusiva al lector curioso relacionado con la ciudad. Los episodios de la descarnada caída de Wilde al infierno de la soledad, la enfermedad, la pobreza y el desprecio público son suficientemente conocidos, y dado que Lottman se apoya en fuentes ajenas, ninguna novedad representan. Si acaso puede servir como un primer acercamiento al personaje para un lector contemporáneo, y para el más avezado, la curiosidad de conocer cómo se iba percibiendo todo desde el continente. En este último sentido sí que merece la pena su lectura: a pesar de que Francia representaba una suerte de paraíso liberal frente al justiciero puritanismo anglosajón, lo cierto es que muchos intelectuales y artistas de la época dieron la espalda al caído con tanta o mayor crueldad que sus conciudadanos, pues a fin de cuentas escaso riesgo corrían en París al ofrecerle su apoyo. Junto a miserables historias de infamia encontramos también ejemplos decorosos de compromiso social: desde manifiestos publicados en la prensa a un saludo afectuoso, una invitación en la terraza de un café o el reconocimiento público de su talento manifestado en la reposición de alguna de sus obras teatrales.