domingo, 3 de enero de 2010

"Postales de Invierno" y "Retratos de Will", de Ann Beattie. Fotografías del pasado.


Sensación agridulce la que dejan en el lector estas dos novelas de una autora que mucho nos tememos debe parte de su prestigio al momento generacional en que debutó en la narrativa estadounidense. "Postales de Invierno", publicada en mil novecientos setenta y seis, tuvo una repercusión en la época que se nos antoja caducada. De Beattie, y en especial de esta obra, se destaca su escritura fresca y espontánea, de diálogos superficiales y profusos, que constituiría un reflejo cabal de los diversos desencantos de las sociedades occidentales contemporáneas. Y aquí se encuentra, quizá, la razón de fondo de su caducidad. El ir y venir inacabable de los jóvenes protagonistas de esta novela, sus diálogos banales, la ausencia de un horizonte concreto para la narración -argumental, estético, político-moral, incluso-, las abundantes referencias a canciones pop-rock de actualidad en el momento... todo ello podía resultar novedoso o al menos inusual cuando se editó por primera vez el libro, pero hoy día nos resulta manido y escaso. No hay el mínimo atisbo de lecturas ocultas, profundidad, sorpresa o gracia en las conversaciones que llenan numerosas páginas de la novela, los personajes responden a arquetipos extravagantes para su época y más bien cándidos para la nuestra, el resto de la prosa es igualmente simple y la historia, de pequeñas peripecias familiares y sentimentales, acaba por aburrirnos. Quizá en su tiempo mostró a los lectores un retrato de la juventud emergente que los iluminó en algún sentido, aquella juventud que hizo de sus comportamientos, valores, indumentarias y canciones inesperados himnos de rebeldía frente al capitalismo de destrucción masiva que se había alumbrado en las dos décadas precedentes. Tal vez ése sea el mayor encanto con que podemos leer esta novela en la distancia: el nostálgico atractivo de unas generaciones que trataron de vivir de otra manera. El propio sistema se ha encargado de convertirlas en una mera curiosidad novelesca.


La Ann Beattie que encontramos en este segundo título es bien diferente en un plano técnico, e idéntica en lo sustancial -quizá se trate de una de esas autoras marcadas por la experiencia vivida, que de alguna forma se transparenta en la elección de temas y personajes-. Ha pasado el tiempo y encontramos aquí a la escritora a principios de los noventa, cuando se publicó la primera edición de "Retratos de Will". La prosa se ha hecho más densa, reflexiva y ocasionalmente poética. Alterna los puntos de vista e intercala fragmentos de corte ensayístico que luego descubriremos se corresponden con las meditaciones de uno de los personajes. Vuelve, sin embargo, a estar atenta a los males emocionales de su tiempo: la familia desestructurada, los miedos de la edad adulta (el trabajo, la maternidad/paternidad, el compromiso...), las secuelas de la separación... Esa mirada sociológica adquiere, no obstante, mayor altura por obra de una escritura inteligente y reveladora: así ocurre cuando uno de los personajes nos habla de su trabajo fotográfico, y de lo que descubre más allá de sus rutinas, o en esos interludios en que una voz paternal se cuestiona su propio sentido en relación con el hijo. Persiste, aun así, la sensación de que la novela camina hacia ninguna parte, y que pocas cosas nos van a quedar de ella pasado el tiempo. Como si los jóvenes de "Postales de invierno" hubiesen crecido para encontrarse igual de perdidos, no tan habladores y superficiales, pero contagiasen ese desconcierto a un autora que debería habérnoslos mostrado con menor desdén por lo narrativo. Los hechos se suceden sin que ninguno de ellos suponga nada verdaderamente relevante para los personajes y, lo que es peor, para el lector/a. Concluir que se trata de una fotografía intencionada de la nada, de la alienación urbanita o las frustraciones burguesas es mucho decir. Tal vez ése fuese su propósito, pero la literatura está llena de ejemplos que lo han hecho mucho mejor. Y ahí radica la diferencia entre novelas de cierto impacto en su tiempo y clásicos perdurables. Estas dos obras de Beattie se encuentran, seguramente, en la primera categoría, pero no alcanzan la segunda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario