miércoles, 20 de enero de 2010

Joe Crepúsculo en el Aula Camon de Alicante. Va en serio.

Aclaro que la fotografía de la izquierda no se corresponde con el concierto del pasado sábado en Alicante, únicamente la incluyo a efectos ilustrativos.

Llevaba una temporada escuchando a Joe Crepúsculo y no había acabado de decidir si me estaba tomando el pelo o no, si todo respondía a una más de las burdas campañas con que el mercado pretende colarnos lo viejo como novedoso, y lo artificioso como auténtico, o quizá a un juego todavía más perverso, un plan maquiavélico para dinamitar el indie desde dentro, dirigido seguramente por un lobby de oscuras conexiones entre las principales escuelas de negocios de este país, ciertos medios de comunicación, la Conferencia Episcopal y Nueva Rumasa.

Pues no. Resulta que es un tío que hace canciones. Desaliñadas, cutrecillas en cuanto a su producción -algo menos en el último disco, 'Chill out'-, como esbozos de temas pop que un compositor, apremiado quizá por los plazos, presentase a alguna banda de éxito necesitada de buenos temas. Luego está su actitud, esa huida permanente de la trascendencia, esa línea de reflexión funambulista, a punto siempre de despeñarse en el descerebramiento o de elevarse a la genialidad. Pero nada de esto tiene ya importancia, una vez que lo has visto en directo.


A las nueve de la noche salió al escenario acompañado de otro músico. Dos tipos en camiseta, con aspecto de recién levantados y timidez disfrazada de indiferencia. Un par de teclados, una especie de caja mágica de ritmos, y aquello se puso en marcha. Los temas sonaron excelentes, con mucha más fuerza que en los discos, ideales para bailar. A medida que se iban sucediendo ocurría algo tan sencillo como que te lo estabas pasando bien. Las letras aparecen subrayadas por una segunda voz, más aguda, que convierte la zarrapastrosa de Crepúsculo en delicado sonido de contraste . Y todo va bien, y uno tiene la sensanción de que, a lo tonto, acabará convirtiéndose en algo grande. Porque por encima del enigma de su figura -mejor no excederse en el afán de agitarlo como bandera de nada- está el hecho incontestable de que escribe muy buenas canciones pop, ni más ni menos. En tan poco tiempo ya está consolidando algunos clásicos que esperamos que toque, y tiene que acabar, claro, con "Suena brillante". Que por cierto es una especie de parodia cruel de Fangoria, o quizá es simplemente lo que ellos tenían y perdieron por el camino.
El concierto supo a poco, apenas una hora, pero quizá debíamos entenderlo más como un evento de la programación de Camon que como parte de una gira. El salón de actos es poco adecuado, y aunque el público en seguida se puso de pie había bastante incomodidad para el desmadre que sugiere el tecno sobreacelerado de Crepúsculo en directo. Claro que no debemos sino agradecer que al menos exista la posibilidad de que alguien así pase por Alicante, gracias a Camon y Dani Simón. Encima, a dos euros la entrada.
Para quien no lo conozca y quiera probar, "el todo Crepúsculo" está disponible en su web, que ya de por sí te produce el mismo efecto que su persona: ¿va en serio?
Pues no, claro que no, y por eso, precisamente, sí.

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