lunes, 8 de febrero de 2010

La bondad y la burla.



(A D., que no existe)








Me pides que lea


tu libro de hojas negras.


Páginas de duelo y herrajes,


contornos que te muestran


y sin embargo te encubren.


Paseas con él bajo el brazo,


a la luz de todos,


y llenas tu silencio con su aleteo,


cuando al abrirlo se cierra el mundo,


y con dedo divino ordenas las cosas.


"Cógelo", dices,


mientras sacas de mi bolsillo


un puñado de monedas.


"¿Verdad que es fascinante?", dices,


con la boca llena de mi pan


y las piernas cruzadas sobre mi mesa.


Antes de irte recoges


tu libro de hojas negras.


Te oigo luego entrar


en la casa de al lado.


Tal vez ellos lo lean y, como yo,


descubran su transparencia.


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