
Desde aquel afortunado día en que las vi en directo, junto con Nosoträsh, Pauline en la Playa ocupan un lugar importante en ese cofre de tesoros que uno guarda escondido para cuando la vida aprieta. Los discos de Pauline tienen un valor añadido que en muy pocas ocasiones encontramos en la música popular: contienen una obra musical y un excelente poemario al precio de la primera, oiga. La imagen del cofre no es nada gratuita, porque cuando uno extrae el CD sabe que va a encontrarse melodías hermosas, voces delicadas y una letras amables o punzantes, siempre llenas de inteligencia y precisión, y es como si desde dentro te iluminase el rostro mientras lo haces.
"Física del equipaje" supone en cierto modo la consolidación de un estilo único. Menos melancólico u oscuro que "Silabario", y carente de una canción de enganche tan inmediata como "Rueda corazon" en "Tormenta de Ranas", supera a ambos, sin embargo, por la sencilla razón de que todos sus temas son excelentes. Requieren, como todo arte de verdadero valor, varias escuchas para apreciar sus capas y matices. La instrumentación aparece más desnuda y quizá por eso cuando los vientos, las cuerdas o una deliciosa gaita arropan las guitarras subrayan aún más la belleza del todo. El disco tiene, no obstante, un tema llamado a ser nuevo clásico paulino: "Quién lo iba a decir", emocionante en su canto a la felicidad cotidiana de la vida en pareja (idea subversiva, ya sabemos lo mucho que se aprecia el desgarro). Leed, amigos y amigas, esta letra encantadora que nos remite a los mejores momentos de nuestra vida:
Aún hay días que
lo pienso y me cuesta creerlo.
¡Quién lo iba a decir!
de mí y de ti,
de ti de mí.
Compartiendo la bañera
y doblando la colada,
aliñando la ensalada,
muertos de la risa en la cama
cada uno en su lado
con los pies entrelazados
y me siento tan feliz…
Y no hay más que vernos.
Y es que no hay más que vernos
Aún hay días que
lo pienso y me cuesta creerlo.
¡Quién lo iba a decir!
de mí y de ti,
de ti de mí.
Pasando la noche en vela
dando caza a los mosquitos,
haciendo el amor a gritos,
muertos de la risa en la cocina
despegando la tortilla
mientras me comes a besos
y me siento tan feliz…
Y no hay más que vernos.
Y es que no hay más que vernos
Claro que sin la voz de Alicia Alvarez, entre tierna y ácida, entre dulce y guasona, no es lo mismo. En este disco pienso que se desprende de algunas resonancias vainiqueras y se vuelve definitivamente única. En otra de mis favoritas, "Tendencias de sastre" -preciosa melodía- funciona como un instrumento más, mudando delicadamente el tono en cada nota (y cuando pronuncia "botón", cuidado, puede saltar el automático y dejarnos a oscuras).
Redibujo mi contorno en papel cebolla con rotulador
voy uniendo pieza a pieza de
la cabeza justo hasta los pies.
Y sigilosamente hilvano con mis manos
los pedazos del patrón.
Que me siente como un guante
porque si no yo tiendo a...
desprenderme como un alfiler
que nadie lo ve ni escucha caer.
Descoserme como aquel botón
que rodará bajo el sillón
Sin embargo voy y estrecho tanto el ancho
que me cuesta respirar
y me frunzo como acordeón
y hasta me recojo en dobladillo.
Cuando me da el punto bobo robo cremalleras con las que callarme,
las penas con las que vestirme,
las telas de las que...
desprenderme como un alfiler
que nadie lo ve ni escucha caer.
Descoserme como aquel botón
que rodará bajo el sillón.
¿Verdad que esta letra parece el comienzo de un cuento de Clarice Lispector? La de "Reparto de bienes", un poema de la Atwood. Y así podríamos seguir rastreando afinidades.
"Física del equipaje", un regalo de música y literatura en tiempos de carestía. Al igual que en la antigüedad los perseguidos se "acogían a sagrado" en las iglesias, nada mejor en las tormentas de vulgaridad y mediocridad que nos azotan que llamar a la puerta de las hermanas paulinas y quedarnos allí entre alfileres y botones, hermosos paisajes imposibles y agradables tarareos. Tarde o temprano, escampará.