sábado, 20 de marzo de 2010

'Michael Kohlhaas', De Heinrich von Kleist. La lucha por el derecho.


Novela de principios del siglo diecinueve, 'Michael Kohlhaas' narra la particular lucha por el derecho de un modesto mercader al que la arbitrariedad de un noble provoca una serie de perjuicios que, a la larga, se revelan insignificantes frente a la magnitud de su reacción ante la injusticia. Se trata de un ejemplo paradigmático del ciudadano empecinado en la defensa de sus derechos, al que la razón avala en un primer término y lo abandona posteriormente, cuando ha conseguido propagar su indignación en forma de revuelta popular. En una primera lectura, y llevados quizá por la identificación con quien ha sufrido el desagravio, tendemos a justificar sus acciones habida cuenta de los escasos medios que le proporciona el sistema para repararlo; sin embargo, cuando a lo largo de su camino vemos cómo pisotea los derechos de otros en pos de los suyos, y cómo manipula el discurso para convertir en colectiva una causa personal, dudamos ya si nos encontramos ante un justiciero o un pendenciero. Quizá en este juicio me dejo llevar por la severidad, pero es que la profesión me ha dado la oportunidad de conocer a suficientes empecinados, y a raíz de esa pequeña experiencia tengo claro que el calor de su idignación les impide ver con mucha frecuencia el camino más corto y justo para alcanzar sus propósitos.
Claro que no podríamos quedarnos en la reprobación de Kohlhaas y dejar de hacer mención a una época y un lugar, la Sajonia del siglo XVI, en que el ordenamiento jurídico apenas era un conglomerado irregular de normas procedentes de muy diversas fuentes -de a su vez muy distinto nivel- generadoras de más inseguridad que certeza, y puestas al servicio de los poderosos con grosera evidencia. Siendo así, poca duda cabe de que el uso de la fuerza para violentar tales mecanismos de dominación aparece como imprescindible, y prueba de ello es que en el momento en que el protagonista consigue que tanto las autoridades políticas como religiosas le presten atención y propicien la iniciación de un proceso en el que se dilucidaría su causa, el entramado procedimental al que se ve sometido -que antecede los relatos kafkianos- acaba por distorisionarla y conducirla hasta ese patético final propio de los sistemas inexpugnables: un falaz reparto de culpas en el que no se castiga tanto la arbitrariedad cuanto la rebelión frente a ella.
Kohlhaas no representa, a los ojos de un lector contemporáneo, un ejemplo de arrojo en la lucha por sus derechos, sino más bien de mentalidad nublada por el rencor e inteligencia más bien deficitaria. Habría sido de otro modo si el motivo de su reclamación hubiese tenido la entidad suficiente como para ser considerado uno de esos casos que tan bellamente refiere el autor en esta cita: "si todo lo ocurrido, tal como parecía, había sido simplemente un embuste, él, en la medida de sus fuerzas, había contraído con el mundo el deber de procurarse una reparación por la injuria sufrida, así como seguridad para sus futuros conciudadanos". Sobran ejemplos en el mundo contemporáneo en que la capacidad de rebelarse frente a la injusticia de una persona o grupo de personas logra abrir un boquete en el grueso muro de protección de quienes, aun más allá de nuestros representantes democráticos, nos gobiernan; el personaje principal de esta novela no tiene más en común con ellos, empero, que la firmeza de su voluntad.
Por otra parte, la prosa de Heinrich von Kleist se nos hace ardua en su simple afán de relatar pormenorizadamente los hechos con un decir antiguo y una focalización exclusiva en la fuerza de la historia. Nos recuerda a uno de esos textos pesados de lectura recomendada en la universidad o el instituto. Siempre es loable la tarea de Alba Editorial en su intención de incorporar al acervo del lector español obras clásicas escasamente difundidas. Ocurre que en este caso nos encontramos ante una simple curiosidad histórica que no nos revela demasiado acerca de la naturaleza de la justicia y, menos aún, de la literatura.

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