domingo, 7 de marzo de 2010

Reflexiones en el día de la mujer.


Soy un hombre, y no estoy demasiado satisfecho de ello. Por tal debo entender el reflejo que me trasmiten mis congéneres, y en el que nunca me he visto identificado. Al mismo tiempo acumulo los suficientes calificativos correspondientes a la mayoría opresora como para volverme más y más extraño: heterosexual, casado, con una profesión seria (dejémoslo estar) y una apariencia física con traje y corbata más cercana a un gobernador civil del franquismo que al casi-cuarentón indie en el que a duras penas me transformo los fines de semana.
Soy un hombre feminista, aunque deberíamos matizar tanto ese adjetivo que a lo mejor resulto serlo en menor medida de la que pensaba: ¿feminista de la diferencia, de la igualdad, queer...? A estas alturas siento tanta fatiga hacia las etiquetas y los grupúsculos que se encargan de repartir carnets de una u otra que prefiero, como en todo, ir por libre.
Digamos que soy feminista de la igualdad porque creo que debemos luchar por la completa igualdad entre los sexos, que aún nos hallamos muy lejos de conseguir: violencia de género, desigualdad salarial, acoso sexual en el trabajo, diferencias de trato social inaceptables, roles esclavizantes aplicados a machamartillo, la presión de la imagen en las mujeres a través de los medios de comunicación, la invisibilidad de las lesbianas como sujeto político, el nuevo fundamentalismo de la familia y la maternidad... Y estoy convencido de que esta batalla sólo se ganará a través de la política y, por ende, la legislación. Ello requerirá la articulación de un discurso hábil y utilitarista del que ahora, por desgracia, se carece.
Digamos que soy feminista de la diferencia, con el peligro que ello conlleva (cómo les gusta a las conservadoras subrayar su condición de mujer-mujer, volvemos a la familia y la maternidad...), porque tengo muy claro que entre un puñado de personas hay muchas más posibilidades de encontrar gente decente, agradable, inteligente y divertida entre las mujeres. Siempre me he llevado mejor con ellas, y me he sentido más cómodo en su mundo. Confío en sus capacidades para mejorar las cosas en todos los ámbitos, el trabajo, el ocio, las relaciones interpersonales... Si esto me convierte en esencialista, bienvenido sea mi particular esencialismo.
Digamos que soy queer porque a mi manera aparentemente discreta pero, os lo aseguro, muy solitaria y dolorosa, siempre me he enfrentado a los roles supuestamente propios de mi género. Desprecio profundamente los tópicos masculinos: la violencia, la competitividad extrema, la obsesión por el fúmbo, la configuración del mundo laboral como un túnel a través del que escapar de la vida privada y desarrollar los peores instintos depredadores, el compadreo entre tíos y los sobreentendidos acerca de la vida, en general, y especialmente de las tías, como contrarias a nosotros. Al mismo tiempo no soy lo suficientemente subversivo para violentar mi género en el aspecto sexual, que parece ser el único que cuenta, por lo que nunca que me podido abrigar en el calorcito de la tribu y siempre he vivido en tierra hostil, y a la intemperie.
Soy un hombre feminista, ante todo, porque tengo la fortuna de vivir con una mujer feminista, asimismo inclasificable, que atesora todo aquello que admiro en un ser humano, cualquiera que sea su sexo.
En definitiva, y más allá de las etiquetas, quiero celebrar este día como propio y emplear con regocijo y orgullo el femenino: compañeras y amigas, felicitémonos todas, y sigamos luchando.

6 comentarios:

  1. Después de toda la semana dándole vueltas a escribir algo sobre el tema, y finalmente con medio párrafo escrito que no consigo terminar, me doy cuenta de que ya ha escrito usted todo lo que podría decir al respecto. Una reflexión con la que me puedo identificar plenamente (bueno, posiblemente con la parte del Gobernador Civil, no) y con una certera descripción de lo que usted califica como "queer" y que para mí no es más que como me he sentido toda la vida, fuera de lugar entre mis pares. Como diría Raimon: "nosaltres no som d'eixe món". Aunque no me atrevo a decir que no tenga rasgos machistas. Al fin y al cabo uno vive en este mundo y sin duda hace muchas cosas que ve como naturales sin darse cuenta. Me limitaré a decir que intento no serlo.

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  2. Pues en eso seguiremos, en tierra de nadie, sin excesivos juramentos ni militancias, pero sin dejar tampoco de llamar a las cosas por su nombre.
    Por otra parte, en el País de los Sueños no existen Gobernadurías Civiles, sino el más puro y salvaje anarquismo...

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  3. Pues con permiso del Rey Morfeo, al final he logrado completar lo que estaba escribiendo y he conseguido decir la mia. Feliz día a tod@s.

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  4. Muchas gracias. Necesitamos de tíos como vosotros, que cada vez sois más, creo que los de nuestra generación especialmente, no sé como narices nos educaron nuestros padres, que crecimos en familias numerosas de muchos chicos y chicas y todos teníamos unos deberes que cumplir en la casa como el resto ya que nos exigían las mismas calificaciones en los estudios. Fuimos educados de una manera muy natural especialmente aquellos que veíamos salir de casa en manada a los padres para sus trabajos y los hijos para sus colegios. Era mi caso.
    Siempre me has caído bien, siempre he tenido un feeling especial desde el principio contigo a pesar de no tener amistad, ahora confirmo y reitero lo bien que me caes y que ya sé por qué es, por lo buen tío que eres.

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  5. Nemo: acabo de leer tu entrada y es una maravilla.

    Wodehouse: las cosas van cambiando, pero también hay resistencias más rabiosas que nunca, y falta mucho por recorrer... Gracias por lo de "buen tío", se me ocurre responder lo del profesor de "Amanece que no es poco": "rural, simplemente rural..."

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  6. Ja,ja,ja...un peliculón de los míticos. me sé de memoria casi todas las escenas. "Padre, por qué mato a madre?". " pues..porque era muy mala."
    Luis Ciges y Resines en el sidecar.
    Que genial.

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