sábado, 10 de abril de 2010

"Aurora boreal", de Asa Larsson. Algo más que un buen rato.

"La otra" Larsson se ha visto sometida a algunas de las leyes más absurdas del mercado literario. Por un lado, se ve beneficiada por la similitud de su apellido de una forma no por reiterada menos incomprensible, como los yogures con bífidus (de los lectores que procedan de ese modo uno no responde ni quiere responder). Por otro, es inevitable comparar entre ambos larsones, toda vez que los dos se encuentran en la cresta de la ola del tsunami nórdico que nos invade, a veces para bien, y otras para mal. Ambas inercias resultan igualmente injustas en el caso de Asa Larsson, una escritora bastante más dotada para la narrativa de lo que las modas mercantiles podrían sugerirnos.
"Aurora boreal" arranca de acuerdo con ciertos mecanismos habituales en la novela de misterio, negra o como queramos calificarla. Hay un crímen, un cadáver. A partir de ahí todo puede desarrollarse de la manera más tópica, como un rompecabezas apto sólo para los aficionados a completarlos, o bien como una obra literaria que aúne entretenimiento con profundidad, cierto estilo y un trasfondo de elaborado pensamiento. Esta novela, por fortuna, ha seguido el segundo camino. Con una prosa efectiva, y a ratos sutil, nos presenta a un personaje vibrante: la abogada Rebecka Martinsson, que con motivo del suceso debe regresar a su localidad de origen y enfrentarse a no pocos fantasmas personales. La trama está ahí y se resuelve de una manera digna, pero más interesante resulta su análisis del fanatismo religioso, la manipulación patriarcal y el arduo destino de quienes se rebelan contra todo ello. Rebecka aparece como una mujer fuerte y muy valiente, sin los fascinadores rasgos de una Salander, más de andar por casa, pero gracias a ello bastante más cercana y creíble. En su pasado se enfrentó a decisiones que muchas otras mujeres han debido de afrontar, y el dolor la ha hecho respetarse a sí misma lo suficiente para enfrentarse a la vida con coraje. Puede que carezca del carisma de otros personajes literarios de género, pero ello nos habla más de la honestidad de la autora que de alguna clase de carencia. Asa Larsson ha escrito lo que le ha apetecido, sin otros artificios que los propios del arte de la novela.

Los flashbacks se insertan en la obra en letra cursiva (vaya, técnica que ha empleado este modesto escribano en su primera novela), y en alguno de ellos la prosa llega a adquirir algo más de vuelo del que en principio se espera en una obra de género, especialmente en la estremecedora escena en que la "congregación" decide qué hacer con la joven Rebecka.
Si cedemos a la tentación de comparar, el Larsson de la serie Millennium es más frenético, puntilloso y torrencial, periodístico, en suma. La "otra" Larsson es posiblemente más literaria. Ambos nos proporcionan buenos momentos de entretenimiento sofisticado, pero también nos hacen reflexionar sobre el mundo en el que vivimos. Cada vez aprecio más estos propósitos narrativos. No están las cosas para excesivos ensimismamientos artísticos, así lo entendieron muchos de los grandes, y por eso los seguimos leyendo.

2 comentarios:

  1. pues me ha generado curiosidad, pero no sé si soy capaz de superar mis prejuicios = S

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  2. Te entiendo, es cuestión de lo que te apetezca en un momento concreto. No es una de esas grandes obras que te dejan huella ni pasará a la historia, se trata de un entretenimiento digno. Lo que tienen de verdad los dos Larsson es un transfondo vital e ideológico del que carecen otras novelas comerciales. En el caso de Asa, ella también conoció el ambiente del fanatismo religioso y sus opresiones. Saludos

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