jueves, 15 de abril de 2010

'La extraña desaparición de Esme Lennox', de Maggie O'Farrell.

Curiosa traducción la de este libro para el original "The vanishing act of Esme Lennox". No hacía falta llamar la atención del lector, pensamos, con una "desaparición" de por medio. Semejante ardid editorial puede resultar a la larga contraproducente, pues quien se acerque a la novela esperando intrigas y búsquedas misteriosas, se sentirá defraudado. Por el contrario, el lector o lectora exigentes encontrarán en ella sobradas recompensas.



Esta es una obra de indudables propósitos literarios, ejecutada con esmero técnico y minuciosidad a la par que nos cuenta una emocionante y dolorosa historia. Algún parentesco presenta con "La lluvia antes de caer", excelente novela de Johnatan Coe aquí reseñada, por cuanto en ambos casos la memoria de una mujer en su ancianidad consituye el desencadenante de la narración. Claro que lo que era una sucesión ordenada de recuerdos en el caso de Coe -mediante el recurso de una serie de cintas grabadas que alguien va escuchando de capítulo en capítulo- aparece aquí, en cambio, como un estallido fragmentario de imágenes e impresiones que sólo en algunos párrafos se nos ofrece con continuidad, lo que no obsta a que podamos seguir el hilo fácilmente. Para ello utiliza la actora a dos focalizadores -las hermanas Lennox- y una falsa protagonista -la nieta de una de ellas-, quizá el personaje menos trabajado, la pata débil de la silla. No entendemos su presentación con una vaga historia personal en la que se enfrentan de forma bastante tópica una complicada relación medio incestuosa y otra de amor o sexo clandestino con un hombre casado, para que finalmente se convierta en un mero catalizador de la potente resolución de la novela. Habría merecido que su vida se hubiese visto afectada-implicada en o por la de esas dos mujeres procedentes de un mundo antiguo e inesperadamente siniestro.



La fragmentariedad de la memoria es abordada en la novela mediante diversos registros literarios: monólogos interiores, visiones de tiempos diferentes entremezcladas, etc., que conviven con la narración del presente, en el que las dos ancianas parecen ensimismadas en sus recuerdos, hasta que descubrimos que se aferraban a ellos tan sólo para ajustar cuentas. Y es que el tema del que nos habla O'Farrell tiene fuerza suficiente para que se le hubiese ido de las manos y se hubiese despeñado por el precipicio del melodrama, de ahí que el resultado final pueda entenderse como un triunfo de la técnica literaria, de la manera de contar, y una muestra más de que a estas alturas de la historia, en que todo se ha dicho ya mil veces y en muy diversos formatos, el cómo adquiere definitiva relevancia por encima del qué.


Aun así, la novela conmueve a los lectores/as, y lo hace precisamente gracias a la sabiduría con que la autora ha sabido administrar el material con el que trabajaba. En mitad de un largo párrafo a ratos indiscernible descubriremos una pista, un guiño o una luz que nos indicará el camino, y lo proseguiremos ansiosos de la mano de un guía -un lenguaje- sofisticado y sorprendente.



Permítaseme una reflexión personal relativa al aprecio que ha suscitado en mí este libro, y es que más allá de las herramientas literarias que emplea, con las que también pueden existir algunas afinidades, el argumento recuerda lejanamente al de "Los nuevos", de este poco humilde bloguero y escribidor. O'Farrell toca el tema de las ovejas negras o las piezas que no encajan en el rompecabezas y su brutal exclusión de un modo quizá más descarnado, pero indudablemente cercano a que lo que traté de explorar en mi novela, y que ella resume muy bien en las dos citas que preceden a la narración, especialmente en un poema de Emily Dickinson:





Mucha locura es divina cordura

para una mirada sagaz.

Mucha cordura, la más rematada locura.

En esto, como en todo,

prevalece la mayoría.

Asiente, y te considerarán cuerdo.

Disiente, y de inmediato serás peligroso

y atado con cadenas.



La disensión, en la obra de O'Farrell podría manifestarse simbólicamente en la imagen de una niña que se prueba el vestido de su madre delante del espejo. Un gesto inocente que en el momento y lugar inadecuados, y para ojos maliciosos y predispuestos, supone la confirmación de un diagnóstico en realidad predeterminado: el que condena a los diferentes, y consolida la voz común que dicta reglas y costumbres con las que ordenar el mundo.




(El lector o lectora que se acerque al libro convendrá conmigo en que la ilustración anglosajona de la portada supera con mucho a la española, en su intento de mostrar ese momento clave de la historia.)

3 comentarios:

  1. Puede que la portada anglosajona sea más representativa pero parece la de un libro de esos de amor, mucho mas elegante la española :p, tiene buena pinta, con lo que cuentas dan ganas de leerla.
    Me estoy leyendo justo ahora la lluvia antes de caer, me está gustando mucho.
    Besos.

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  2. Es cierto, por qué se cargan las portadas sistemáticamente los editores españoles, es que las destrozan! Que dejen al menos la original. Me pone de los nervios.
    Te di un premio. No recuerdo si lo has visto.

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  3. Viola: tienes razón, en realidad parece una portada de novela romántica, cuando uno viaja al mundo anglosajón llama la atención lo mucho que les gustan ese tipo de portadas incluso para las novelas "de prestigio". Habría sido mejor una fotografía en blanco y negro, quizá, con la misma escena. Qué bien que estés con "La lluvia...". En general me pareció mejor libro que éste.

    Wodehouse: gracias por el premio!! Como a todos nos pasa, a veces el trabajo me abduce una temporada y ni siquiera puedo asomarme a los blogs hermanos. Hoy intento ponerme al día.

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