lunes, 31 de mayo de 2010

“Tiempo de vida”, de Marcos Giralt Torrente. No hay respuesta.

Hay dos libros en este libro: el de un autor enfrentado a la muerte de su padre, con el que mantuvo una compleja y cambiante relación; y el de un autor enfrentado a la escritura con la que llevar a cabo el primero. En ambos casos, por su razonable imbricación, se trata de una labor ardua, dolorosa, manifestada en una prosa sincopada y muy diversa a lo largo de las páginas. Parece claro que no habiendo querido trabajar el estilo a la manera cuidadosa, de lenta exploración psicológica, que caracterizaba sus anteriores novelas, lo cierto es que ha acabado por resultar su obra más notable desde el punto de vista formal.




Todo lo que nos cuenta y se cuenta, duele. Y las palabras empleadas para ello no podían sino ser extraídas con dolor. Frases cortas como fogonazos de la memoria, enumeraciones frenéticas usualmente cargadas de reproches, ocasionales remansos de párrafos densos y más propiamente narrativos cuando se trata de relatar un pasado en el que no existía el autor (y que por tanto duele menos)... Nadie mejor que él para definir el libro: "una sensación nueva que aturde: no poder inventar". El lector lo acompaña en ese camino indagatorio y comprende sus zozobras: no estamos ante una obra fácil de componer, y de ahí que tampoco resulte fácil de leer. Pero más allá de la innegable universalidad de su contenido, el verdadero logro de Giralt Torrente no se encuentra en la honesta exposición de hechos y sentimientos, sino en la de la dificultad de escribir sobre ellos. Decenas de confesiones personales más o menos efectistas podemos encontrar cada mes en las librerías: historias de posguerra, de adicciones, de violencia, de comunes desamores elevados artificiosamente a la categoría de tragedia... Nada de esto busca el escritor en "Tiempo de vida", aunque algún propósito cercano pudiera encontrarse en sus inicios (esas primeras páginas de otro proyecto abandonado, tanteos sobre el mismo tema). Se trata de un libro valiente que nos habla de un autor expulsado por las circunstancias del cobijo de la ficción, páginas escritas a la intemperie, donde los personajes, includo él mismo, apenas se benefician de la distancia técnica de la literatura.



"Mi padre no está, mi padre es una presencia intermitente. Mi padre crea cápsulas de tiempo fuera de la cotidianidad." Cada uno de los viajes del hijo al interior de esas cápsulas suscita aceradas impresiones acerca de todos los intervinientes en esta vida, similar en lo mejor y lo peor a cualquier otra: el progenitor voluble, egocéntrico e infantilizado, inconsciente de las consecuencias que cada uno de sus gestos provoca; la madre silenciosa, oscurecida por la presencia del otro; el hijo que sólo aprende a madurar en el declive del quien había, con sus ausencias y absurdos reencuentros, condicionado su existencia; la amiga de Brasil, quizá la persona-personaje menos trabada, vulgar en su previsibilidad.



"¿Atascado? Qué tontería. Escribe sobre un padre muy malo y un hijo que sufre mucho", le dice el padre con cruel ironía en algún momento. Se equivocaba, quizá a sabiendas. No era tan fácil. Aquí está "Tiempo de vida" para corroborarlo. Una pelea titánica contra la memoria y el daño más hondo de la que Giralt Torrente ha salido victorioso, aunque el éxito conlleve amargura.




Al final del libro concluye una vida y comienza otra: "pienso, entonces, en mi hijo aún no nacido, que llevará su nombre, y me pregunto en qué lo condicionaré, en qué le fallaré, que deberé yo perdonarle y qué deberá él perdonarme, si no lo hace antes, cuando como mi padre me diluya en la nada". Será interesante ver el modo en que la escritura de Giralt Torrente concluye y comienza después de este libro, en qué medida lo habrá afectado, si sera también una cápsula fuera de su trayectoria tras la que retomar el camino iniciado, o una ruptura ya permanente. Siempre fue obligado seguirlo, y ahora más que nunca.



"Tiempo de vida", un libro extraordinario en lo literario, e irrepetible en lo personal, lleno de preguntas para las que no puede haber respuesta.

2 comentarios:

  1. Todos tenemos sentimientos encontrados con los padres, ya fallecidos...pero es tan valiente el ejwercicio de escribir sobre ello y exponerlo. Nuna me atreveré a escribir sobre algo así, imagino a mi familia disgustada y enfrentada. Es muy valiente al además ser honesto y sincero para que el libro sea realmente algo que te transmita todo lo que se trasluce. Este tipo de cosas o se hace así o no se hace...

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  2. Hace poco tú también tenías un post excelente sobre tu padre, aunque imagino que en tu caso no existirían esos desencuentros que relata el autor.

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