domingo, 25 de julio de 2010

"Dorian Gray", la sorpresa. "The ghost writer", la artesanía.


El hecho de que el cine hubiese convertido recientemente a Sherlock Holmes en un vulgar karateka de rasgos genialoides -o más bien delirantes-, chulito e histrión nos hacía temer lo peor. "Dorian Gray" parecía responder a la misma estética "top of the pops" y se anunciaba mediante teasers que parecían reivindicar ese mercado del terror adolescente que en buena medida continúa tirando de las taquillas. Conocíamos, además, los antecedentes del director, Oliver Parker, en una malograda adaptación de "The importance of being Earnest" donde Colin Firth y Ruper Everett ejercían de figurillas de un belén pagano acartonado y sin gracia. Por eso este "Dorian Gray" constituye una sorpresa agradable, y nos demuestra una vez más que los prejucios son malos compañeros para disfrutar del mund cultural.

La película se sitúa, ciertamente, en los parámetros visuales del cine comercial contemporáneo: ritmo frenético, escenogrfía barrca, superficialidad y un manejo calculado del efectismo. Prescinde por ello de los extensos diálogos de la novela, repletos de epigramas, y de las descripciones esteticistas que abundan en la prosa wildeana -y que, no lo olvidemos, respondían a una revisión del libro con la finalidad de hacerlo más extenso-. Tan sólo en contadas -y por ello, destacables- ocasiones se permite poner en labios de Basil Hallward un puñado de esos agudos 'oscarismos' que nos suscitan la risa, y quizá esa decisión no sea del todo reprochable. Pensemos en que se trata de una obra radicalmente literaria capaz de convertir en imposible cualquier adaptación cinematográfica que partiese de un respeto al texto demasiado exigente. Sin embargo, los diálogos que han sustituido aquella brillantez asfixiante de Wilde se muestran tan respetuosos con el espectador "literario" como atractivos para quien, deconocedor quizá del orginal en que se basa, esperaba ver una película entretenida e interesante. Y es que, pese a todo, el espíritu del libro está ahí, hasta tal punto que algunos de sus aspectos quedan inteligentemente subrayados. En primer lugar, la hipocresía de Hallward, que constituye un símbolo o trasunto de la moral contemporánea -Wilde siempre moderno, por siglos que pasen-, con su atracción voyeur por la oscuridad -el porno en internet- y su pudibundez cuando la oscuridad se encarna y se acerca; excepcional interpretación del eficaz Colin Firth, que al lado de quien se convierte en su discípulo parece un hombre gris, demasiado "normal", y de eso se trataba. Por otro lado, el camino de perversidad de Dorian resulta más explícito sin caer en el vulgar reclamo, tanto la novela como adaptaciones cinematográficas precedentes apenas podían insinuarlo, y el directo da un paso más állá mediante imágenes sincopadas que nos transmiten al menos el punto al que Gray ha llegado en su puesta en práctica del ideario de su mentor. Ben Barnes, sobre el que muchos tuvimos dudas en cuanto vimos los primeros fotogramas, consigue matizar lo suficiente cada estadio de su huida hacia delante: lo vemos desprenderse, como una serpiente en plena muda, de las capas de piel de la moral burguesa, pero al mismo tiempo nos recuerda al joven inocente que un día fue, y que se dirige a su destino natural en el cuadro. El director decide contar con cierta fidelidad algunos episodios centrales del libro -el de Sybil Vane, el contraste de la enterna juventud de Dorian con su entorno envejecido-, y añade otros de cosecha propia del guionista que encajan inesperadamente bien, como el de la hija sufragista y el definitivo golpe de boomerang de Hallward.

Quizá, a fin de cuentas, estamos ante una obra literaria tan notable que resulta más difícil hacerlo mal que bien. El caso es que celebramos que el público contemporáneo, en especial el joven, haya podido acercarse a ella a través de esta adaptación. El gran arte está siempre ahí, esperando. Y no esta mal que nos lo recuerden de vez en cuando.


"The ghost writer", película de Polanski previa a su reciente combate con sus fantasmas privados, tiene bastante menos vuelo, aunque se ve con agrado y recuerda al buen cine político americano de los años setenta. Se trata de un thriller que fantasea con las ganas que nos han quedado de "empaquetar" al sonriente trío de las Azores, que con aquello de velar por nuestra seguridad y defendernos del terrorismo volvieron a pasearse por su finca -es decir, por nuestras vidas- con sombrero de cowboy y mano dispuesta a desenfundar a la mínima tos. El pretexto argumental lo constituye un libro que un autor de encargo debe completar, y que aparece lleno de enigmas que poco a poco se van desvelando, a ritmo de vuelta de tuerca argumental. La mano del director presenta el mérito de desaparecer: nos encontramos ante una narración correcta, en la que la estética da paso a la funcionalidad en aras del tema que se desarrolla. Tan sólo en la escena final, quizá un tanto forzada, se permite Polanski denunciar con un vuelo de hojas la futilidad de las verdades en ese mundo hiperinformado y manipulado.
Para que todo funcionase hacía falta un guión impecable en su administración de la intriga, y ciertamente lo es, además de un grupo de actores y actrices de empaque. El director apostó a lo seguro, y tanto MacGregor como Brosnan hacen lo que mejor saben: el primero, vencer su estupefacción; el segundo, ser perfecto e inextricable como un tótem. También aparece el estupendo Tom Wilkinson y una sorprendente Kim Catrall, que respira lejos de la sombra de "Samantha" con un personaje más rico, en su ambigüedad, de lo que en principio parece (¿cuál es su verdadero alcance en el desenlace?).
Una obra que no añade mucho pero tampoco quita a la trayectoria del director. El verdadero arte es tan casual y escaso que no podemos desdeñar estas cuidades expresiones de artesanía. Que siga la racha -si es que lo permiten los fantasmas privados...-.

2 comentarios:

  1. Vaya maravilla de análisis doble, Fran, de verdad. Con respecto a la primera, es el empujoncillo que necesitaba para ir a verla. 'El escritor' ('El negro', que sería lo suyo, ni se contempló) verifica que Polanski sigue en forma, pese a tanto. Respecto a 'Mamut', ahí difiero, a ver si con tiempo te lo argumento.

    Sigue tan cinéfilo :)

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  2. Gracias, Rafa, espero tus discrepancias con 'Mamut', como es una película en la que me gustó sobre todo su tratamiento de ciertos temas sociales, no dudo de que llevarás razón. Saludos.

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