jueves, 4 de noviembre de 2010

“El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música”, de Alex Ross.

Tan sólo puedo hablar de este excelente ensayo para recomendarlo con entusiasmo y la humildad propia de quien es lego en el asunto sobre el que trata: la llamada “música culta”, clásica-contemporánea, cuyo variopinto e interesante recorrido a lo largo del pasado siglo analiza el autor con maestría, la cual se hace evidente en el modo en que combina apreciaciones técnicas de especialista con una capacidad comunicativa admirable. Ross es, ante todo, un excelente escritor, y las páginas del libro abundan en párrafos descriptivos de piezas musicales que producen en el lector un efecto cercano a la gula, la lujuria o cualquier otro pecado placentero e irresistible. Veamos un ejemplo, las “Tres Piezas para Orquesta” de Berg:


“El último movimiento es una Marcha fantasmagórica para toda la orquesta, llena de latigazos de la percusión y ásperas fanfarrias del metal. Las notas ennegrecen la página; los instrumentos se convierten en una turbamulta enfurecida, que se agolpa desde las aceras hacia las calles. Justo al final llega un fugaz espejismo de paz: las frases ascienden formando ondulaciones en la orquesta como volutas de sonido, y un violín solo toca una frase quejumbrosa. El arpa y la celesta no dejan de producir notas monótonas, que suenan como el tictac de una bomba. Éste explota en los últimos compases, con el sonido retumbante de trombones y tuba, un movimiento agitado del metal, que asciende forman espirales, y un mazazo percutido final en los bajos.”


Es de agradecer que no haya escrito uno de esos manuales divulgativos en los que se buscan nuevos públicos para algún arte tratándolos precisamente como incapaces de apreciarlo. Ross decide no bajar un peldaño el nivel de su reflexión intelectual sobre la música, y sin embargo nos abre una puerta y nos ofrece un camino tan complejo como atrayente.

Si algo nos queda claro al leerlo es que la historia musical del siglo veinte es fiel reflejo de sus convulsiones: la violencia, el nacionalismo, el racismo, la defensa irracional de la tradición… Y por otro lado, la libertad, expresada o no en términos de vanguardia artística, la confusión creativa de resultado brillante, la ruptura, el eclecticismo. Todo esto último normalmente encarnado en figuras individuales que como un brote de hierba imprevisto en un muro de ladrillo resistieron y se multiplicaron. El final del camino, parece decirnos Ross, hace necesariamente reconocibles cada uno de sus hitos, e incluso en la música popular contemporánea podemos rastrear ecos de aquellos creadores minoritarios e incomprendidos en otros tiempos, de forma que el autor apuesta por “una ‘gran fusión final’: los artistas pop más inteligentes y los compositores extravertidos hablando más o menos el mismo idioma”. Y así nos explica cómo determinados arreglos orquestales de las bandas sonoras cinematográficas, e incluso de las canciones pop, asumen de forma natural ciertas técnicas musicales procedentes, en teoría, de la orilla de la composición clásica, y son apreciadas por los oyentes sin dificultad. Ello nos enfrenta con el problema de fondo que a menudo traza las líneas diferenciadoras entre unas y otras manifestaciones artísticas: los prejuicios culturales. Mucha gente se siente “expulsada” de la sala de conciertos, el disco o la cadena de radio etiquetada con el marchamo de lo “culto”, mientras que puede disfrutar de esas mismas piezas cuando son incorporadas a la banda sonora de su película favorita (ahí está Debussy poniendo notas románticas a los amores vampíricos de los protagonistas de la saga Crepúsculo).

Libros como éste, que no responde en realidad a ningún propósito didáctico, nos ayudan a derribar barreras y contemplar el paisaje musical del siglo pasado, y de los venideros, como un lugar inabarcable y lleno de rincones interesantes que visitar. Los rigurosos y apasionados comentarios de Ross invitan a volver a sus páginas mientras escuchamos las piezas que recomienda. En este sentido, al final del volumen encontramos una guía de audición que se complementa con una página web donde podemos encontrar numerosa información y fragmentos musicales, aunque con Spotify se hace hoy día sencillo adentrarse en este mundo de ruido tan diverso como hermoso.

2 comentarios:

  1. Albricias, volvió la bestia a la jungla. Cuántos habrán comprado este libro atraídos por las referencias de Ross como crítico de Rolling Stone (un repelente para mí, oiga) y se habrán sentido decepcionados al encontrarse con que trata casi exclusivamente sobre música clásica.

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  2. Pues sí, no estaría de más que escribiese otro sobre la música popular (que no 'inculta').

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