lunes, 20 de diciembre de 2010

'Bona drag (remastered)', de Morrissey. El paso de Wilde a Elvis.


Bienvenidas sean las reediciones, único efecto secundario de la crisis que puede estimarse positivo. Nos recuerdan obras memorables, reivindican el formato álbum y permiten que las nuevas generaciones reparen en que todo está inventado. Incluso aunque sean tan sobrias como éste Bona Drag, que empalidece en las estanterías frente a desplantes del tipo Station to Station de Bowie, en una caja para cuya adquisición hay que pedir un crédito (y ya sabemos lo mal que está la cosa…).

Hace poco Mozz declaraba que los tres últimos álbumes eran el máximo logro de su carrera, y que en absoluto le interesaba el pasado. Bien, somos ya viejos amigos y conocemos que el arte de desdecirse y la amable contradicción son habituales en él, así que no debe extrañarnos que tanto el single Everyday is like Sunday como el propio disco se hayan publicado.. No descartemos que se trate asimismo de una maniobra antipiratería, puesto que circulaba por ahí una colección de temas inéditos, bajo el título Reverberation, donde podíamos encontrar algunos de los que aparecen ahora en Bona Drag (remastered).

Escucharlo no sólo abre las puertas a la nostalgia, sino que nos sitúa ante la evidencia de que la mayoría de los tiempos pasados fueron mejores que el presente (uno se ganaría con esto el odio eterno de Mozzy, pero qué se le va a hacer). Este disco se sitúa en la frontera del gran cambio que supuso en su carrera, recién terminado el Kill Uncle, encontrarse con una banda enérgica para tocar en directo. A partir de entonces el intérprete wildeano de peculiarísimo fraseo iría dejando paso al “Elvis gay”, como con gracia lo ha definido Rufus Wainwright: voz potente, marcado ritmo de guitarra y batería, y canciones perfectamente intercambiables en sus últimos álbumes. Sigue haciendo cosas muy buenas, sí, y siempre será carismático y brillante, pero Bona Drag nos devuelve a aquellos años de deslumbramiento en que devorábamos los catálogos de tiendas de importación para conseguir la cara-B de un single.

Los temas de este disco recogen muchos de esos momentos especiales escondidos en la sombra de otras canciones más resultonas. Aquí está “At amber” (titulada ‘The bed took fire’, aunque es prácticamente igual), “He knows I’d love to see him”, “Will never marry” o “Such a little thing makes such a big difference”. Todas ellas supusieron mucho para los seguidores de Mozz, junto con aquellas cuya publicación enriquecían, y que constituyen clásicos indudables: “Suedehead”, “Sunday”, “November”, “Playboys”… Incluso temas más discutibles en su momento ahora nos emocionan: ese encanto irónico de “Ouija board”, el macarreo de “Picadilly Palare”... Por otra parte, las canciones inéditas no añaden demasiado, aunque inciden en esa sensación de que el porcentaje de aciertos, incluso en lo pequeño, era tan abrumador entonces como sorpresivo ahora. “Happy lovers at last united” y “Lifeguard on duty” son dignísimas caras B, y la version propia de “Please, help the cause against loneliness”, que en su día aparecía en el “Hello, angel” de Sandie Shaw, es adorable.


Morrissey fue un regalo que nos entregó el dios del arte, aunque por alguna razón no supo mantenerse encapsulado en la gracia de entonces (como seguramente tiene capacidad de hacer Stuart Murdoch). Lo echamos de menos, pero seguiremos atentos a todo lo que haga porque a veces, quizá inesperadamente, vuelve. Entretanto, aquí está Bona Drag para ir haciendo tiempo en espera de 2011, donde de acuerdo con el testimonio de su amiguete Russell Brand (anda que…) se esperan “very exciting news”. Allí estaremos.




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