jueves, 2 de diciembre de 2010

El camino irregular del pop contemporáneo: Hurts, Antony, OMD y los Belan.

Hace no mucho tiempo los músicos pop pensaban en “discos”, componían temas con la finalidad de ser reunidos en un álbum que presentaba una unidad de estilo, producción y a menudo temática. Eso fue antes de que buen parte del público decidiese que la cultura es libre, y que asaltasen la fortaleza con jolgorio de bárbaros y persistencia de zombies. Ahora se editan libros en los que se recopilan aquellas maravillosas carátulas de antaño, los vinilos regresan y los títulos emblemáticos de muchos artistas son revisados en formatos “deluxe” que, pese a su indudable propósito mercantil, nos recuerdan que el arte tuvo cierta importancia.

¿Y qué es lo que se está haciendo ahora? Escupir temas pop hasta completar una docena, y soltarlos apresuradamente a los medios de difusión habituales (Itunes, Spotify y –todavía- el CD) como una mera excusa para iniciar extenuantes giras de conciertos con las que financiar la posibilidad de, muy de vez en cuando, escribir una canción memorable.

Hurts surgió el año pasado a través de una calculada campaña de marketing viral que los presentaba como un retorno al pop elegante y sencillo de los new romantics ochenteros. Durante meses circuló un vídeo que los hizo famosos mucho antes de que tuviesen un disco propiamente dicho. En realidad habían comenzado a girar por toda Europa sin que se pudiese adquirir su música a través de ninguna vía. Pese a ello, son autores de uno de los mejores temas de los últimos tiempos, un clásico incuestionable que justifica de por sí los tejemanejes que se intuyen detrás de su lanzamiento. “Wonderful Life”, maravillosa en letra y música:



En alguna declaración bastante imprudente han reconocido que cuando se inició el fenómeno ‘Hurts’ ni siquiera tenían más temas escritos. Y eso es algo que se transparenta en el disco finalmente publicado. ‘Happiness’ es un puñado muy irregular de canciones que recuerda demasiado a los grupos de chicos más olvidables hace unas décadas. Apenas se salvan la poderosa ‘Silver Lining’ que abre el álbum, ‘Stay’ e ‘Iluminated’. Baladas empalagosas, singles inofensivos como ‘Better than love’, y una colaboración de Kylie que resta más que añade. Aun así, son lo suficientemente resultones, han escrito algún buen tema y manejan bien ese look de claroscuros a lo Anton Corbijn como para que les demos una segunda oportunidad.


Al que se le están acabando es a Antony, que en Swanlights perpetra un bodrio musical de cuidado. En algún momento de los anteriores discos pensábamos “ay, que va a pasar”, y ha pasado. La prisa por sacar material nuevo le lleva a olvidar las melodías y encomendarse a los florilegios de su voz extraordinaria. Cuesta destacar algo en este disco, aunque se deja oír, que no escuchar, como fondo de alguna cena picotera. Ocurre igual que en el caso anterior: confiamos en que vuelva.


Belle & Sebastian escriben sobre amor en su último disco, y nos regalan dos de las mejores canciones de su carrera: ‘I didn’t see it coming’ y ‘I want the World to stop’. Es raro que en sus álbumes alguno de los temas sobresalga excesivamente del resto, así que no sabemos lo que ha pasado en esta obra igualmente irregular: o los demás títulos son de veras mediocres o estos dos resultan tan perfectos que se tragan a los demás. El caso es que a medida que pasan los minutos el disco aburre, y parece un candidato claro a ocupar el puesto de el peor de suc carrera, especialmente si lo comparamos con “The life pursuit”, donde su pop perfecto no daba tregua. Bueno, pero los queremos de todos modos, ¿verdad? Y ojalá que Stuart retome algún día el proyecto ‘God help the girl’, que sigue siendo de lo mejor que el abajo firmante ha escuchado en su vida.





Finalmente, una resurrección más curiosa que relevante: Orquestal Manoeuvres in the Dark regresa con un disco conceptual, History of Modern. Nadie apostaba demasiado por este grupo, y sin embargo ofrecen un trabajo más que digno, en el que recuperan los estribillos electrónicos que los hicieron grandes en otros tiempos. Al igual que en los casos anteriores, se echa de menos la canción trabajada con tiempo y artesanía, demasiados rellenos. El tema que da título al álbum es muy pegadizo, pero resulta más curioso el vídeo de Sister Mary Says, un verdadero ejercicio de nostalgia narrativa.


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