jueves, 2 de diciembre de 2010

‘Mi vida social’, de Justo Navarro. Drama!

Comienza este último libro de Justo Navarro con una cita del grupo pop Erasure y una aclaración novelesca acerca del tiempo y el carácter ficcional de lo relatado en los poemas –sea real o no, se nos dice-, lo que desde el purismo se puede contemplar como una extravagancia, y que sin embargo marca el tono irónico de buena parte de ellos.

La poesía cáustica, a veces enunciativa, y otras narrativa, del autor resulta especialmente apropiada para hundir las manos, como hace, en el cenagal de la vida cotidiana, la “vida social” que enuncia el título y que tiene que ver con la familia, el trabajo, las amistades, el amor y sus aledaños… Los grandes temas, en definitiva, que parecen destinados para la gran poesía, y que sin embargo la hacen incurrir en el riesgo de lo sensiblero o melodramático. No ocurre tal cosa en este libro, porque la maestría del autor hace que nos sorprendamos en cada poema, a veces para sonreír, y otras para sentir cómo nos toca en algo muy hondo que parece haber desvelado para nosotros.

A menudo los títulos juguetean con referencias populares, o hacen guiños semánticos que completan el sentido de los versos y los vuelven definitivamente memorables. Los pequeños y sórdidos invernaderos de la vida laboral, familiar y amorosa son recorridos por Justo Navarro con palabras tan escuetas como precisas. Veamos algunos ejemplos:


BATMAN

Me hablaba el jefe, y no

era de mí de quien hablaba, pero

al hablarme, y hablarme de sí mismo

tan fervorosamente, hablaba

de mí, de cómo me juzgaba digno

de sus palabras un momento, o así lo pensé. Y

él creía que yo sólo escuchaba

(o así yo lo creía),

recordé la existencia de animales

que pueden orientarse por el eco

de sus propios sonidos, los murciélagos.


LA FORTALEZA

Levantaron la voz en la comida

y después de comer volvieron a insultarse

sin frases excesivas, sólo hablando

de sus manía más perseverantes

(dejar un vaso

vacío y sucio en el lavabo,

por ejemplo), y entonces

uno de los dos sintió ganas

de toser, y no tosió, pues esa

señal que podía

emitir sonidos humanos quizá fuera

entendida como un mensaje

de capitulación o tregua. Y no bebió

agua: un movimiento ahora supondría

un síntoma de debilidad.


CURRICULUM VITAE

Acabé los estudios con facilidad y honor.

Empecé a trabajar sin la mediación de mi padre.

Fui a Londres y volví. Encontré a mi padre

Más callado que nunca, más

enmudecido y más mutante,

avergonzado

de envejecer, de haber envejecido.

Esperaba en la puerta

del Hotel Alhambra: le había

caído encima una sombra, igual que cambia

la luz de un día espléndido por un

movimiento invisible de una nube

casi invisible, aunque la nube

desaparece y vuelve el esplendor, y la sombra

de encima de mi padre no se iba.

-No queda en ti nada de ti –me dijo.


CUENTO DE HADAS

La señora me dijo: “Sigue así

y un día

vendrá el lobo a llevarte.”

Así seguí sin darme cuenta

Años y años. No noté

que en mí mismo era otro.

No sonaban

los pasos de la luz que iba y venía.

Han llamado a la puerta.


ANGEL DE LA GUARDA

Diría que he tenido siempre

Cerca de mí (dentro de mí, sería más exacto)

un individuo vigilante,

que en los momentos más impropios

tomaba la palabra

en mi contra, o tiraba

un vaso al suelo, o derribaba

al anfitrión o una pared, o se callaba

y era peor. Sería

mejor que se durmiera

alguna vez el yo en el yo.


Aunque en todos ellos encontramos algunos rasgos característicos como el humor o la sequedad del lenguaje, son variados los registros que emplea el autor, desde los poemas-cuento que se acercan a lo fantástico a los poemas-monólogo de carácter introspectivo. Merece siempre la pena la escritura de Justo Navarro, que en toda su obra explora con inteligencia el drama! (volviendo a Erasure) y la broma en que consiste la vida, cualquier vida.

Acabamos con esa canción a que alude la cita del libro: ‘Love to hate you’ (I like to read a murder mystery, I like to know the killer isn’t me’)… No podemos decir lo mismo, quizá, al acabar de leer este libro: los asesinos también somos nosotros.


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