martes, 11 de enero de 2011

11 de enero (diario de la bestia): elogio del sentido común.

En un artículo excelente, 'Diatriba del ilustrado', reseña Muñoz Molina el ensayo de Jesús Mosterín "A favor de los toros" (entiéndase el título como lo que literalmente expresa, esto es, el apoyo al animal, y no ha su masacre tradicional y cultural), de reciente aparición. El texto contiene algunas frases memorables:

En España los debates de la Ilustración no acaban nunca de pertenecer al pasado. En el siglo de Internet y de Google nos rejuvenece la necesidad de seguir vindicando principios que ya eran de sentido común en la época de las pelucas empolvadas.
(...) Que en España haya corridas de toros y alegres fiestas patronales en las que con subsidio y bendición oficial son martirizados animales indefensos es una anomalía tan escandalosa como que los centros educativos de la Iglesia católica sean sostenidos por el dinero público o como que en las solemnidades religiosas de dicha confesión participen con regularidad e incluso con fervor representantes políticos de un Estado legalmente aconfesional.
(...) Por eso es tan saludable, y tan educativo, el libro de Jesús Mosterín del que he sacado todos estos datos, A favor de los toros, una diatriba apasionada contra la crueldad inútil y el salvajismo de tantas tradiciones españolas, pero también un informe documentado y preciso sobre los términos verdaderos de la cuestión: desde la fisiología del sufrimiento, en la que todos los mamíferos superiores nos parecemos tanto, hasta los pormenores históricos de una anomalía cultural que nos avergüenza ante el mundo, y que tiene su origen en lo más negro de un pasado que se obstina en seguir infectando el presente.

Artículos como éste nos hacen recuperar la fe en la voz apenas audible de los intelectuales. No cabe duda de que, en la España actual, opiniones como la del autor le van a causar más odios viscerales que aplausos. Como tampoco cabe duda de que todo es cuestión de tiempo. Hay crisis, sí, nos gobiernan los mercados, nos azuzan los agoreros que subrayan las prioridades... Pero las generaciones se van renovando y caminamos hacia un mundo más plural, gozosamente mestizo, sensible con la naturaleza y los animales, y esperemos que igualitario. Claro que todo ello no es posible sin el arrojo de unos cuantos empecinados/as que nadan contracorriente en pleno tsunami de espumajeo verbal a cargo de los mantenedores del orden.

Jesús Mosterín es uno de ellos. Resultó admirable su intervención en los debates parlamentarios de la Generalitat Catalana acerca de las corridas de toros. Con una facilidad que debería causar vergüenza entre los defensores de la barbarie fue desmontando cada uno de sus tópicos argumentos: el "cultural", el fisiológico (sencillamente falso, aquello de que a los toros "no les duele"), el "tradicional", el de conservación de la especie, etc. Al final sólo les quedó el único motivo en el que llevaban verdadera razón: la medida se había instrumentalizado políticamente, como quedó claro con el posterior apoyo a esas salvajes fiestas populares en las que se tortura igualmente a los animales. En entradas anteriores he hablado sobre el animalismo, la cada vez más numerosa bibliografía existente al respecto, su interesante y compacta teorización de los derechos de los animales. Lo dicho: es cuestión de tiempo.

Y en este sentido leo en Público una entrevista con el presidente del Partido Animalista, otra de esas iniciativas que, como la pequeña piedra mágica de un cuento, tienen el potencial para cambiar el mundo. Sus declaraciones son directas y cabales, es muy consciente de su papel y de la influencia que pueden ejercer en los partidos políticos "tradicionales". Se trata mas bien de un movimiento social, es decir, de un semillero de ideas, que en este caso tienen un buen soporte teórico. Basta, por cierto, echar un vistazo a la sección de Público -edición digital- titulada "Mi vida como un perro" para ser dolorosamente consciente de todo lo que falta por hacer. Lo último, esos "espectáculos" estadounidenses en los que, con la excusa de entrenar perros de caza, se ata a un oso mutilado para que sea atacado por perros entrenados para matar. Y varias filas de "hombres" (cómo no) mirando, perfectos padres de familia quizá con una lata de cerveza en la mano.

Es aterrador, pero insisto: tienen la batalla perdida. Echemos un vistazo alrededor y veamos lo mucho que hemos evolucionado en el respeto a los derechos de los animales. De veras, el futuro es nuestro.






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