jueves, 6 de enero de 2011

6 de enero (diario de la bestia): Never let me go.

Será sin duda una de las películas de este año. Era realmente complicado adaptar la extraordinaria novela de Kazuo Ishiguro, un clásico contemporáneo que lleva el mismo título, y en este sentido el guión debería estudiarse en las escuelas de cine como un ejemplo de fidelidad bien entendida a la obra original, procurando subrayar lo esencial sin desnudar el fondo ni traicionar su espíritu.

Las escenas fundamentales de la novela aparecen en el film, y lo que aquélla tenía de indagación psicológica a la manera del autor -con las barreras de una sumisión kafkiana de los personajes ante lo que les sucede, por terrible que sea, y el lenguaje impostado, deliciosamente british, en que se expresan- se traslada a la pantalla a través de una voz en off respetuosa con los hechos y la interpretación plausible de los tres protagonistas. Carey Mulligan si acaso se muestra un tanto reiterativa en sus ademanes compasivos, Keira Knighley aparece más oscura y ambigua de lo que estamos habituados, y Andrew Garfield merece destacarse como la gran sorpresa de la película: el suyo era un papel complicado, y la solvencia con que lo resuelve augura un futuro prometedor para un intérprete tan joven.

Su personaje, Tommy, es quizá el que sentimos más cerca, aquel que, aun en modesta medida, revela unos sentimientos con los que fácilmente podemos identificarnos: la rebeldía frente al destino marcado, la ingenuidad de nuestras pretensiones de cambiarlo, la impotencia al conocer que no es posible.

Para los amables lectores/as que no hayan leído la novela, decir que su argumento es de ésos que puede dar pie a una obra maestra de la literatura psicológica o intimista, como es el caso, o a una película de serie B. De hecho, al mismo tiempo que salía al mercado, hace unos años, se estrenaba un film espantoso de argumento vagamente similar: 'La isla', una historia de ciencia ficción con persecuciones y disparos protagonizada por Ewan McGregor y Scarlett Johanson. 'Never let me go' se plantea un mundo, en realidad el nuestro alrededor de la década de los sesenta, en que la ciencia hubiese situado nuestra esperanza de vida más allá de los cien años gracias a los trasplantes de órganos que habrían sido creados y desarrollados en el cuerpo de clones. Lo que en 'La isla' deriva en un argumento burdo, carente de cualquier sentido pese al potencial de la idea, en manos de Ishiguro se convierte en una poética reflexión acerca de la vida y la muerte, la voluntad arbitraria del poder, la cobardía que nos vuelve esclavos, la amistad, el amor y las pruebas a que ambos sentimientos nos someten. Ishiguro no se preocupa de justificar desde el punto de vista técnico o histórico las circunstancias que rodean a los personajes, como parece necesitar la ficción más simple. Elude cualquier aspecto que distraiga la atención sobre la capacidad de querer, aprender, conocer y decidir de esas criaturas creadas como meros portadores de órganos, destinadas a morir en su juventud, tras la segunda o la tercera donación.

'Never let me go' respeta la visión del autor y traduce en elegantes y puntillosas imágenes ese mundo enfermo. La película resulta impecable en las formas y atroz en el fondo. No precisa recurrir a los efectismos de un Haneke para ponerlos el vello de punta: basta con que el chico, Tommy, se quite la camiseta y veamos alrededor de sus costillas una cicatriz enorme perteneciente a su primer transplante; basta con la frialdad espantosa de los médicos, cuando una de las clones fallece en la mesa del quirófano y ni siquiera se plantean tratar de evitarlo mientras retiran el órgano extraído y se lo llevan a cumplir su destino; y basta con la mirada de los protagonistas cuando comprenden todo, hasta sus últimos extremos. La capacidad del guión de destacar los aspectos más abstractos de la novela los dota de mayor fuerza, hasta el punto de que descubrimos en ella una inquietante metáfora del mundo en que vivimos.

Y es que la pregunta que nos hacemos al observar la vida de esos seres desgraciados -¿por qué no se rebelan, por qué no tratan de huir?- podríamos dirigirla hacia nosotros mismos en demasiadas ocasiones. Y en nuestra propia incapacidad encontramos la respuesta. Tal vez obras de arte como Never let me go, novela y película, nos ayuden a buscar el valor para tomar las decisiones adecuadas.



4 comentarios:

  1. El libro lo abandoné tras haber leído unas 15 o 20 páginas que me dejaron fría. Ayer vi la película, y la verdad es que aún estoy un poco confusa respecto a lo que me ha parecido. Me cansé de llorar (cosa que me han provocado muy pocas películas), y todavía no sé si es porque la historia está muy bien contada, o porque busca la lágrima fácil. Carey Mulligan está muy bien, aunque el gran descubrimiento ha sido Andrew Garfield, cuya actuación pone los pelos de punta. La falta de respuestas, y el que no aclare ciertas cosas no me molesta, y creo que es coherente con una película que no pretende ser de ciencia- ficción, sino lo más humana posible. Es a la vez increíblemente bella y horrible.Y me ha dejado noqueada, lo cual es buena señal. Quizás ahora retome el libro.

    Un saludo.

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  2. Creo que, como dices, es buena señal que te haya impresionado, y pienso que se debe a que está bien contada. Te recomiendo que vuelvas al libro, seguramente retomarlo ahora, después de verla, te dará otra perspectiva. Saludos.

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  3. No sé, me está apeteciendo verla pero me da cosa porque yo lloro hasta con los anuncios de Dodotis y eso me da palo!. Porque me han dicho que es de llorar mucho. Y a mi me mandan callar en los cines pporque hago hipidos y todo tipo de mooocks y fusshhh y ayyyys...

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  4. Tranquila, Wode, que no la vas a liar parda. Está tan bien contada que el llano, a lu sumo, será de esos silenciosos. Merece la pena, de verdad. Saludos.

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