lunes, 31 de enero de 2011

“Asterios Polyp”, de David Mazzucchelli. Teoría de la novela grafica.


Si “Rosalie Blum”, que he reseñado en un post anterior, nos contaba con habilidad y rigor una historia intimista, en lo que constituía un notable ejemplo del arte de narrar en la novela gráfica, “Asterios Polyp” va más allá y nos presenta un verdadero tratado sobre sus límites y posibilidades. Para un lector/a poco avezado, resulta deslumbrante. Y lo es, en primer lugar, porque el despliegue de alardes técnicos que nos ofrece no sólo no entorpece el argumento, sino que lo potencia de un modo característico de este arte, al que añade un valor añadido que le da consistencia y que lo define e independiza de sus parientes cercanos, la literatura, la pintura y el cine.

El autor nos presenta a un arquitecto que, en su madurez, sufre una especie de catarsis a raíz del incendio de su casa. El fuego aparece al principio y al final del libro en un sentido muy diferente: como tópica purificación en el desencadenamiento de la historia, y como alusión irónica en su conclusión, donde se nos dice que, a fin de cuentas, es el azar y no tanto la voluntad lo que guía nuestro destino. Hasta ese momento, el personaje protagonista recuerda, y lo hace con un sentido autocrítico al que la técnica de Mazzucchelli concede especial relevancia: es claro que los destacados de color, deconstrucción de las figuras, experimentación con la viñeta, etc., representan la propia conciencia de Asterios Polyp en su implacable enjuiciamiento de sí mismo. Un ejemplo memorable es esa conversación entre su pareja y él a propósito de algo que, en principio, constituye un logro artístico para ella –es escultora-: a medida que la charla avanza, en un puñado de viñetas, el autor desplaza un foco de luz desde la mujer al hombre, y es que la valoración crítica de él acaba por imponerse a la propia obra; una genial representación del ego, al igual que en otros dibujos se transparenta el interior de los personajes y nos contrapone la personalidad racional y la emotiva.

Se trata de un libro que pide relecturas, pausadas apreciaciones del uso de los colores y las formas, de los diálogos certeros y el trabajo con el tiempo. Una visión personal, manifestada en la ruptura de las convenciones, o en los numerosos juegos y simbolismos que –y esta es la clave- no constituyen un fin en sí mismos. “Asterios Polyp” no es una novela gráfica dirigida a los críticos, sino a todo aquel o aquella que se haya equivocado en sus decisiones, y que precise rastrear en su memoria el punto en que todo comenzó a torcerse, aunque sea ya complicado rectificar. Arte y vida ejemplarmente trabajados en un volumen convertido ya en clásico.


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